quien dijo que la religion era el opio del pueblo

Esta semana (del 6 al 11 de junio, 2010) el planeta vive el ocaso del acontecimiento mucho más aguardado de 2010: el mundial de fútbol profesional varonil. Karl Marx ha dicho en 1844 (en alemán) Die Religion … Sie ist das Opium des Volkes, en castellano: la religión es el opio del (de los) pueblo (s). Quizás varios de ustedes, afables leyentes, aprueben esta cita, quizás otros no. En mi caso estoy entre en concordancia y no con la oración.

Primero enseñamos el contexto de la cita del pensador alemán. La oración hace aparición en un escrito de Marx, Contribución a la Crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, en un períodico alemán que él mismo pensador publicaba. En el artículo se lee textualmente:

¿La democracia debe tolerar a esos que desean destruirla? (Raymond Aron, Introducción a la filosofía política)

«La cuestión que se expone, en la manera mucho más fácil, es la próxima: es verdad que la democracia, por principio, debe tolerar a esos que desean destruirlos la ? Hete aquí mi contestación: en un plan rigurosamente teorético, ningún régimen se define por visto que no se defienda. De esta manera, la democracia no se define para asegurar que quien no desee el régimen de competición pacífica puede realizar cualquier cosa para destruirlo. El principio es, por adelantado, ordenar una competición pacífica para el ejercicio del poder. Por definición, esta competición pacífica se crea para todos los que admiten las reglas. Desde el instante en que los individuos o conjuntos sugieren que están contra el sistema, que son hostiles y desean destruirlo, los que admiten el sistema tienen todo el derecho de defenderse. Esto no es opuesto al comienzo democrático.

»La contrariedad radica en otro sitio: si no dejamos ser libres a los hombres desde el instante en que se oponen al sistema, si solo se da independencia a quien lo quiere, vamos a caer en la fórmula: «Ninguna independencia para los contrincantes de la independencia», fórmula que ofrece el despotismo integral representando a nuestra independencia. Teóricamente no hay contrariedad a fin de que los incondicionales del sistema democrático se defiendan. En la práctica resulta bien difícil, por el hecho de que no se conoce de manera precisa dónde situar el límite desde el como la oposición es ilícita, o sea, el punto desde el como no se está en su derecho a formar parte en la competición.

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