porque la ciencia y la religión no son compatibles

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Jerry Coyne forma parte a un conjunto creciente de autores que se declaran ateos componentes. La mayor parte son biólogos, entregados, como no puede ser de otra forma hoy en día, en el estudio de la evolución de los organismos vivos. Escriben con distinción y son bastante mordaces. Entre los mucho más populares cabe nombrar a Richard Dawkins y Sam Harris. Intensamente persuadidos de que las religiones unen falsedad y riesgo para el confort de la raza humana, desarrollan razonamientos contra la racionalidad de las opiniones en lo sobrehumano. Sus causas no tienen ninguna novedad, pero no se debe reprocharles esta reiteración. En descargo cabe decir que forman parte –formamos parte– de la sociedad de consumo, donde todos y cada uno de los recursos, incluyendo los de índole espiritual, llevan fecha de obsolescencia y la buena marcha del mercado pide su rápida substitución, si bien sea por otros muy afines.

¿Un óptimo científico ha de ser ateo? ¿Por qué razón la mayor parte de la sociedad piensa que hay un enfrentamiento entre ciencia y fe y que la ciencia es la que tiene la razón?

Enrique Solano, astrofísico, estudioso científico en el Centro de Astrobiología (INTA-CSIC) de La capital de españa, dio una charla a las pupilas de 4º de ESO en la Semana de la Ciencia, donde abordó problemas fundamentales como la relación entre ciencia y fe.

Por medio de estas cuestiones y otras cuestiones, Solano retó a meditar a las pupilas durante la charla. Para llegar a la conclusión final: no existe ese enfrentamiento. En el momento en que tienes fe no tienes que tener temor a la ciencia. La ciencia no es el enemigo.

El origen del cosmos, la vida y el hombre

El hombre sintió siempre y en todo momento la necesidad de entender la naturaleza y el origen de las cosas que le cubren, y de esta forma llegar a llevarlo a cabo asimismo del grupo de todas y cada una, o sea, del cosmos y de modo particular de la vida y de sí. En todo el tiempo estas concepciones del cosmos o cosmologías fueron mudando hasta llegar a la que disponemos el día de hoy, que indudablemente cambiará asimismo en los siglos futuros. Al lado de la visión de la naturaleza del cosmos, asimismo se expone la de su origen y de qué manera llegó a ser de qué manera lo observamos el día de hoy.

Al confrontar con el cosmos, y intentar ofrecer una contestación a las cuestiones que se le sugieren sobre su naturaleza y origen, el hombre adopta múltiples puntos de vista, que el día de hoy tenemos la posibilidad de dividir como científico, filosófico y teológico. El día de hoy esos puntos de vista están aproximadamente separados, pero a lo largo de un buen tiempo estuvieron mezclados. Aún el día de hoy, pese a no ser reconocido muchas veces, estos puntos de vista se confunden en cuestiones que creen inadvertidamente las fronteras que hemos predeterminado. En lo que se refiere a estos temas, se prosiguen proponiendo cuestiones que cruzan la frontera en la filosofía y todavía en la teología y pertenecen a los campos mucho más esenciales de la relación entre ciencia y religión.

Iglesia: Promotora de la ciencia

Para finalizar, podemos destacar que si la religión fuera contraria a la ciencia, siempre y en todo momento la resistiría. No obstante, la Iglesia católica fué una enorme promotora de la ciencia por medio de los siglos. De esta manera lo prueban los hechos históricos. Por servirnos de un ejemplo, es bien conocido que las universidades tienen su origen en la Iglesia católica. Las primeras universidades medievales nacieron desde las academias palaciegas, monásticas y episcopales que ya están desde la Edad Media. Se formaban expertos en la investigación científica y la enseñanza del pensamiento crítico con la meta de progresar la sociedad.

En verdad, las universidades de investigación de europa se remontan a la fundación de la Facultad de Bolonia en 1088 y la de París, cerca de 1160. En el momento en que las universidades de europa se concentraron en la ciencia y la investigación en siglos XIX y XX, lo hicieron sobre los argumentos de la educación católica que las antecedía, cuyos principios y filosofía dieron forma a la facultad actualizada de nuestros días.

La religión, hospitalaria con la ciencia

Basándose en su epistemología, el pensador calvinista transporta su argumentación, como es frecuente en él, un paso mucho más allí para sacar una conclusión asombroso: no solo no existe antítesis entre ciencia y religión, sino el genuino enfrentamiento y la auténtica incompatibilidad es la que hay entre la ciencia y el naturalismo.

Si, según la teoría del conocimiento naturalista, no se admiten mucho más patentizas que las conseguidas a nivel científico, no hay forma de entender si ese presupuesto básico es verdadero. No obstante, «si es imposible admitir el naturalismo y la evolución, el pilar de la ciencia de hoy, entonces hay un enfrentamiento serio entre el naturalismo y la ciencia», concluye.

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