persona que cree en dios pero no sigue ninguna religion

Dra. Maria Cristina Martínez Arrona • Jefe de Facultad a Distancia

“Ten en cuenta que en lo que crees va a depender bastante de lo que eres” (Noah Porter)

La noción en la gramática

Para los deistas, no hay los milagros ni la Muy santa Trinidad. La manifestación de Dios se genera mediante las leyes naturales, que tienen la posibilidad de analizarse desde la ciencia. En la mayoría de los casos, el deísmo admite de forma racional que es imposible demostrar que Dios existe puesto que el acto de opinar, en último término, es una cuestión de fe.

El movimiento deista, por consiguiente, se aproxima a Dios por medio de la reflexión. No apoya la religión estructurada y también institucionalizada, ni tampoco las doctrinas y preceptos manados de libros en teoría sagrados.

¿Qué es el ateísmo?

Tiene por nombre ateísmo, dicho de forma muy sencilla, a la no creencia en ningún género de dioses o deidades. Hablamos de la negación de las religiones, los actos sobrenaturales y la vida ultraterrenal, con lo que comúnmente se le contrapone al teísmo. Quienes suscriben esta sepa de creencia son llamados ateos.

El ateísmo es bien difícil de determinar y clasificar en términos absolutos, en tanto que no hay ningún consenso en relación a cuándo se comienza a opinar y cuándo no, o qué requisitos se precisan para adscribir al ateísmo. De ahí que, es usual que lo considere similar al agnosticismo, si bien no sean precisamente lo mismo.

Ser ético sin dios

En todo caso, lo mucho más importante es que no existe nada que deje asegurar o negar de manera contundente que, si la gente niegan en ningún dios, y que profesar una u otra fe lleva a la gente a accionar siempre basado en cierto código ético. La mayor parte de las religiones salvan esta contrariedad bajo el “razonamiento del libre albedrío”, el que de todos modos no pasa de ser una pura justificación de la persistencia del mal en la tierra, pese a la iniciativa de que Dios existe y actúa en la historia.

Todas y cada una la gente somos capaces de actos de amabilidad y de maldad (si el bien y el mal hay como semejantes); y en un planeta que encara severas crisis de alcance planetario, quizás valdría la pena comenzar a educar alén de la fe, enseñando que lo que nos hace totalmente humanos es nuestra aptitud de convivir y pervivir, sin precisar la sanción espiritual o del tráfico de recursos de salvación.

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