pelicula de religion 1r eso como se creo dios

Todos y cada uno de los humanos pasamos por la etapa de la niñez donde no poseemos la necesidad de estar preocupados por lo que pasa a lo que nos rodea. Somos inocentes y no poseemos experiencia, con lo que nuestros inconvenientes son atribuidos a los familiares, ascendentes a los que llamamos familia. Los familiares, aparte de ocuparse de arreglar los inconvenientes de los pequeños, asimismo tienen la labor de educar y de comunicar los valores que comunmente se han habituado a instruir por generaciones en su estirpe, en tanto que es un práctica que les permitió vivir en sociedad. Varios de estos valores probablemente se delegen de las enseñanzas de una religión, un sistema cultural que deja al hombre producir seguridad y calma al meditar que un ente superior lo protege desde un plan espiritual.

En nuestra situación, una gran parte de la raza humana cree en estas entidades con poderes sobrenaturales que son inviábles de ver desde el chato terrestre. No obstante, para poder ver seres poderosos que nos logren someter, no debemos procurarlos en la Biblia o el Corán. ¿La razón? Hemos vivido con ellos desde el instante en que disponemos memoria: ellos son nuestros familiares, mucho más particularmente nuestros progenitores. Son los que nos brindaron a luz, nos nutrieron y enseñaron sus doctrinas (probablemente derivadas de alguna religión). Dependemos. Son como dioses para nosotros en el momento en que somos pequeños. Como los seres religiosos, nos ofrecen seguridad y calma con su religión. Pero conforme medramos, nos ofrecemos cuenta de que el poder que tienen sobre nosotros por el momento no es bastante, puesto que semeja que no tienen la posibilidad de agradar totalmente nuestras pretensiones o quizás nos hemos proporcionado cuenta de que ciertas de sus enseñanzas no eran buenas en lo más mínimo. Estos dioses nos fallaron. Quizás requerimos algo nuevo en el que opinar. Otros dioses, o explicado de otra forma, otros progenitores.

La silla de plata

La silla de plata, anunciado el 7 de septiembre de 1953, nos comenta la historia del Príncipe Rilian, hijo del Rey Caspian, que ha caído preso de una maldición de la Hechicera Esmeralda. Estuvo en cautiverio por diez años en una silla encantada. Jill, Eustace y Puddleglum, que es parte hombre y parte rana, son mandados por Aslan para buscar al príncipe y traerlo de vuelta a Narnia. Aslan da a Jill 4 «Señales» que tienen que rememorar y obedecer. No obstante, las señales se olvidan próximamente y, como resultado, los pequeños se ven acosados ​​por muchas situaciones desfavorables.

Esto se asocia íntimamente con la Biblia, la que es que se requiere para continuar la realidad y también ir por el sendero acertado; es como una guía de normas que Dios nos ofrece. Asimismo se nos charla de no continuar las patrañas, que de manera frecuente semejan algunas. Aslan afirma a Jill en el segundo capítulo: “No prestes atención a las apariencias. Recuerde las señales y cree las señales. Solo importa”.

Deja un comentario