padre no deja que salva asu hijo por su religion

Por: Diego López, LC

(ZENIT Novedades / Localidad del Vaticano, 26.01.2022).- La catequesis del Papa en la audiencia de este miércoles 26 de enero se centró en los sueños de san José que están referidos al Evangelio. Tomando pie, hizo 2 medites: la primera sobre el papel de la oración en nuestra vida, y la segunda se transformó en consejos prácticos para los progenitores sobre de qué forma enfrentar los inconvenientes con los hijos. Garantizamos el artículo de la catequesis con encabezados agregados por ZENIT.

El testimonio de ser salvado por Dios

La fórmula bíblica del bautismo es la fórmula trinitaria del Padre, el Hijo y el Espíritu Beato. Algo se comunica precisamente a todos y cada uno de los presentes en el momento en que el nuevo fiel se sumerge bajo el agua al nombre de la Trinidad. La salvación de cada pecador se completa con las tres personas de la Trinidad. Por consiguiente, es muy correspondiente que el pecador dé loas al Dios trino al agua como profesión de fe en el único Dios vivo y verdadero. En el momento en que Jesús instruye a sus acólitos a fin de que vayan y hagan acólitos de todas y cada una de las naciones y los bauticen en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Beato, merece la pena indicar que el substantivo (ὄνομα) traducido “nombre” es singular a Mateo 28:19. Por consiguiente, las tres personas distintas coiguales y coeternas de la Trinidad no son tres deidades diferentes, sino más bien tres personas distintas que constituyen el único Dios verdadero que salva a los pecadores.

B. B. Warfield ha dicho una vez lo siguiente: “Esta es la característica propia de los cristianos; y o sea tanto como decir que la doctrina de la Trinidad es, según nuestra entendimiento de nuestro Señor, la marca propia de la religión que Él creó.”1B. B. Warfield, “Biblique Doctrine of the Trinity,” The Works of Benjamin B.

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Warfield, II (148) II: 143. Es de escencial relevancia instruir a los nuevos fieles que en el momento en que entren en el agua van a ser bautizados en el nombre del Padre que los escogió antes de la fundación de todo el mundo (Efesios. 1:2), del Hijo que murió por ellos en la cruz (Juan diez:11, 15), y del Espíritu de Dios que les persuadió del pecado y los llevó a un lugar de arrepentimiento y sumisión a Dios por medio de la Palabra de Dios (1 P. 1:2). Los nuevos cristianos no tienen que confundirse con la fórmula trinitaria mientras que están parado en el agua a lo largo de su bautismo.

Una obsesión: Cristo

Del mismo modo redundante puede semejarles la próxima afirmación, pero el Obispo de Roma tuvo a lo largo de toda su historia una obsesión: Cristo. La tuvo que se encuentra en la Alemania nazi, en su episcopado y la llevó al radical desde el balcón la Plaza de Sant Pere. Cristo articuló su historia sacerdotal y en sus proyectos hay un poso de amor trinitario, una hermosa obsesión por el Hijo que nos salva. Ver a Cristo y Caminos de Jesucristo son, entre otras, 2 proyectos que preceden, en clave de divulgación teológica, a su ópera magna: Jesús de Nazaret, trilogía que publicó entre 2007 y 2012 y donde aborda, ustedes lo van a poder intuir , la vida de Jesucristo. De este modo, el Beato Padre Benedicto XVI nos dejó en novecientas noventa y 2 páginas un compendio teológico de la vida de quien, en sus expresiones, «da sentido a nuestra fe».

Y déjeme una última recomendación. En el 2010, en el momento en que llevaba cinco años en el Pontificado, Benedicto XVI concedió a Peter Seewald una extendida entrevista, que quedó publicada con apariencia de libro. En Luz del mudo (Herder, 2010), ya que, el Santurrón Padre aborda la transformación que padece la sociedad de la cual formamos parte y repasa, con la franqueza del hombre libre, todos y cada uno de los temas controvertidos de la Iglesia. Y las últimas expresiones del libro el día de hoy se vuelven intensamente reveladoras: «Cristo vino a fin de que conozcamos la Verdad. A fin de que tengamos la posibilidad tocar a Dios. A fin de que la puerta nos esté abierta. Pues podemos encontrar la vida, la vida real, la que no está doblegada a la desaparición».

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