ofertas de la felicidad que presentan las distintas religiones

En el momento en que las religiones nos privan de la alegría. Este es el subtítulo de un atrayente libro de Vitaly Malkin, un empresario ruso, humanista, pensador, físico, banquero, “de origen judío que tiene conocimiento práctico de las tres religiones monoteístas primordiales y que busca que la multitud evite caer en las ilusiones creadas por estas” (Ilusiones peligrosas. Rastros, Barcelona, ​​2018). Y con él, con el subtítulo llega el mensaje que el creador quiere trasmitir. El contenido disfruta de una claridad expositiva caracteristica de su capacitación profesional, si bien sus premisas no disfrutarán de aceptación general, ni, como es natural, partiendo de ellas, las conclusiones a las que llega. Lo reconoce nuestro creador: “Ofrezco al lector mi opinión clara y definida, lo invito a discutir conmigo hasta el desenlace y con gratitud admitiré cualquier opinión suya, sea esta de admiración u odio. Aun sería desapacible para mí la sepa de esa crítica”. No afirma, eso sí, si admitiría el sarcasmo que él emplea con cierta frecuencia, si bien su propósito no sea ridiculizar y eliminar, sino más bien purificar y hacer. Al fin y al cabo, este libro “es un género de manual de normas sobre de qué manera liberarse de los errores y eludir las tentaciones de pecar. Siguiendo sus consejos, van a poder distinguir entre la vida espiritual elevada y la vida material pecadora. Asimismo les va a ayudar a entender todas y cada una de las virtudes del ascetismo, que es el rechazo voluntario de todos y cada uno de los deseos naturales y bienestares, más que nada el onanismo y el sexo y conseguir el sendero mucho más corto hacia la santidad”. Dicho todo lo mencionado, como es lógico, en un sentido irónico. Para Malkin, las ilusiones peligrosas que aborda son quimeras y, con esta denominación, tiene relación comunmente a las que abomina. Comprende por quimeras “todas y cada una de las ideologías, tradiciones y prácticas que no surgen de nuestra conciencia, experiencia individual o necesidad de subsistir en sociedad; sino son todas y cada una aquellas ilusiones peligrosas que obstruyen nuestra naturaleza, nuestra cabeza, independencia y felicidad”. Y son peligrosas por el hecho de que rechazan la evolución natural del hombre y la sociedad, silencian o corrigen el pasado, renuncian al presente como algo que no se ajusta a lo idóneo; contraponen lo vil corporal a lo supremo espiritual. Inculcan al hombre la iniciativa de que no es con la capacidad de subsistir sin el control de un ser supremo. Es obvio que charla de las religiones; y no va a ser esta su única aportación, en tanto que advierte que esta obra es solo la primera de tres. Razón y quimeras   El primer blog del libro lo dedica a combatir razón y quimeras. Y una parte de una propuesta afirmada con rotundidad: la razón es la única forma de entender el planeta; afirmación que precisa, indudablemente, de matizaciones que probablemente serían exigibles. Asimismo decreta que lo que se enfrenta a la razón es la fe, en el momento en que es famosa otra posición que enseña que esta, la fe, no se enfrenta, sino es diferente. Asegura que la fe es un estado mental caracterizado por la predisposición a sentir una proposición como genuina sin tener pruebas específicas, con base en la seguridad, y que da por verdadero lo que es imposible revisar. Esto, dicho de esta forma, sin dejar en el caso de que sea verdadero para no pocos pensadores, no es completamente tan apodíctico. Es bien interesante el paseo histórico que el creador hace sobre el papel de la razón durante los siglos, hasta el momento en que, en un instante particular, hace aparición el homo religiosus, que se impone al homo sapiens; un homo religiosus que hace aparición con el nacimiento del judaísmo y que cobró fuerza con el avance del cristianismo y del islam. Y, con la solidez que caracteriza su pensamiento, concluye que en la actualidad nada cambió en la cuestión de razón vs fe, en el momento en que una lectura de la abundante bibliografía sobre el especial exhibe las transformaciones que hubo, forzadas, exactamente, por este empuje asombroso de la razón en todo el tiempo, singularmente tras la Ilustración. Y llega a un punto vital, el de la ética, en el momento en que asigna a las religiones privar a los fieles del derecho y la oportunidad de tomar resoluciones morales, en tanto que, siendo una criatura de Dios, no es libre, con lo que no es capaz hacer valores para sí y para el resto. La razón en las religiones   Desgranar el papel de la razón en las religiones monoteístas es un fin que se marca el creador, en un esquema que va a repetir en otras partes de su obra. Comienza con el judaísmo, de la que afirma que «es la primera religión monoteísta que comenzó a perseguir la razón simultáneamente en la práctica de venerar a un dios único». Esto no piensa que los judíos rechacen de lleno la razón, sino la usan para el comentario y la exégesis de la Revelación y no para el saber de todo el mundo real; hablamos de un medio de saber a Dios, si bien indudablemente deficiente. Y también ilustra su planteo refiriéndose a los primordiales pensadores como Saadia Gaon, Maimónides, Levi Ben Gershon, Yehudah Jalevi y otros distintos mediante la historia. No obstante, no cree que sea el judaísmo la religión que peor trata la razón; este papel le asigna al cristianismo: “la pelea del cristianismo contra la razón fué la mucho más intensa que haya entregado una religión abrahámica, ya que el de el no es un monoteísmo ‘puro’, sino está anclado entre el politeísmo pagano y el monoteísmo ”. Asegura que esta religión repudia la razón por tres fundamentos: 1) por su incapacidad para sentir el bien ética; 2) pues las pasiones humanas le afectan, realizando cometer fallos; y 3) por el hecho de que no asistencia al sujeto a lograr la salvación, en tanto que solo la fe le salva. Una curiosa trilogía para la que no contribuye base bastante, pero sí apoya en la interpretación de autores como Tertuliano, San Agustín, San Juan Crisóstomo, Bernat de Claravall y otros, llegando, aun a Ignacio de Loyola o Richard Dawkins . Y concluye: «el cristianismo de hoy no deja de agredir a la razón». Con lo que hace referencia al Islam, asegura que, en esta religión, la razón “es una noción de forma exclusiva religiosa. Dios se la dio al humano y, por consiguiente, sus actos se rigen por preceptos divinos. Si Dios creó al humano, asimismo creó su razón”. Basándose en autores como Al Farabi, Avicena, Ibn Arabi o Al Gazali, asegura que el saber genuino es únicamente el de la Revelación. Y tampoco otorga espacio a una viable transformación en el pensamiento islámico, ya que concluye que «hasta la actualidad, la mayor parte de los musulmanes prosigue pensando lo mismo»; por lo menos deja abierta una vía de escape con esa expresión «la mayor parte». Vitaly Malkin ofrece que el objeto de estas religiones es ver la cara de Dios, un concepto tan vieja como el planeta y cuya realización está vetada a los seguidores de las abrahámicas en esta vida; y, en un paso mucho más, otorga mucho más rigor al judaísmo y al islam, que se oponen a cualquier representación de Dios y al advenimiento de un hombre-dios. Enseña de qué forma para lograr esta visión beata es requisito limitar por fuerza la sexualidad y también, aun, negar de forma voluntaria todos y cada uno de los bienestares humanos, puntos que no demandaban las religiones paganas; eso sí, no semeja rememorar, por poner un ejemplo, la virginidad demandada a las vestales romanas, sometidas a castigos muy atroces si la rompían, a eso que va a hacer referencia mucho más adelante, calificándolo de inusual. Las quimeras nos envenenan la vida, pues imponen a la gente reglas morales y morales y un modo de vida que no se corresponden con el los pies en el suelo ni con la naturaleza humana; y asegura que «el sujeto es de manera permanente infeliz, puesto que, por una parte, no puede agradar las pretensiones mucho más básicas y, por otro, no está según los idóneas quiméricos». Esto no deja en el caso de que sea verdadero si su idea básica lo fuera, algo que, naturalmente, no todos admiten. Como se debe a un intelectual como es debido, Malkin admite que se le puede replicar que las religiones monoteístas recientes no son iguales; reconoce su derecho a existir e inclusive apoya la independencia de religión, si bien apoye mucho más la independencia de no opinar; en el fondo, su propósito es detallar la pelea eterna entre la razón y la quimera y saber nuestro lugar.

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