normas de ayuno en la cuaresma de la religion catolica

CADA AÑO LOS CATÓLICOS (y varios cristianos) recuerdan la Cuaresma, un tiempo particular de preparación para la gloriosa celebración de la Pascua. Aquí presentamos ciertas cosas básicas sobre nuestro caminar de Cuaresma hacia la Pascua.

Según con las reglas establecidas por el Concilio de Nicea en el año 325 dC, de año en año la Pascua se festeja el primer domingo tras la primera luna llena de la Primavera. Este año la Pascua cae el 4 de abril. Si contamos atrás 46 días, llegamos al Miércoles de Ceniza, 17 de febrero.

Ayuno

La ley del ayuno necesita que el católico, desde los 18 hasta los 59 años, reduzca la proporción de comida usual. La Iglesia define esta práctica como una comida primordial mucho más 2 comidas pequeñas que sumadas no excedan la primera en cantidad. Este ayuno es obligación el Miércoles de Ceniza y el Viernes Beato. El ayuno se rompe si se come entre comidas o se toma algún líquido considerado como comida (por servirnos de un ejemplo revueltos; pero está tolerada la leche). Las bebidas alcohólicas no rompen el ayuno; no obstante, se las considera contrarias al espíritu de llevar a cabo penitencia.

Aparte de los que están excluidos por su edad, asimismo se excluyen los que tienen inconvenientes mentales, los enfermos, quienes están en estado de debilidad, mujeres embarazadas o en la etapa de lactancia según con la nutrición que precisan para dar de comer a sus hijos, obreros según su exigencia física, convidados a comer que no tienen la posibilidad de excusarse sin ofender dificultosamente o sin ocasionar enemistad, u otras ocasiones morales o físicas que imposibiliten sostener el ayuno .

¿Por qué razón se ayuna?

El ayuno no es mucho más que la privación facultativa de alimentos —comer menos o no comer nada—, práctica diferente de la abstinencia, que supone la privación de ciertos géneros de alimentos, pero sin la necesidad de achicar siempre su cantidad. Por servirnos de un ejemplo, alguien puede abstenerse de carne, pero no ayunar. No obstante, las dos cosas son maneras de mortificación.

Santurrón Tomás de Aquino1 enseña que, a fin de que el ayuno sea un acto de virtud, debe practicarse con vistas a un fin sobrehumano; ayunar por vanidad no posee mérito frente Dios… En el momento en que el hombre ayuna por un fin espiritual, lo desplaza más que nada la compenetración que está en una tierra de exilio y cuya verídica patria es el Cielo. No obstante, para llegar es requisito tener los ojos puestos en la vida futura, agregando poca cuenta a los recursos terrenos.

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