la religión y la ciencia pueden ir de la mano

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Las considerables transformaciones culturales, como la aparición de nuevos idóneas morales o el surgimiento de originales concepciones de todo el mundo, no tienen fecha de nacimiento, en tanto que se forman por la acumulación gradual de una multitud de mínimos elementos que se apartan inapreciablemente de la tradición vigente. En cierta forma, prosiguen la ley del gradualismo, tan fundamental para la teoría de la selección natural; quedan descartados los cataclismos que cambian de repente el panorama cultural o biológico. No obstante, la necesidad académica de precisión fuerza a inscribirlas en el calendario de una manera aproximadamente arbitraria. En el momento en que el comprender séculaire, la filosofía, empezó a marchar separada de la teología e inclusive por caminos distintos e inclusive opuestos? Sería irrealizable declararlo sin discusión. No obstante, en el desarrollo inquisitorial abierto en Galileo, la historiografía encontró un jalón de bastante relevancia para proponerlo como comienzo del divorcio del entender y la fe. En el convento de Santa María sopra Minerva, entre cuyos muros se festejó el proceso en el ilustre físico, se certificó la separación de la coalición entre la ciencia y la religión que, con avatares, es había preservado a lo largo de mil quinientos años desde el instante en que se expandió el cristianismo por la cuenca mediterránea. Y las expresiones usadas por el cardenal Baroni, quizá con la intención de ser un capote lanzado en asistencia del astrónomo pisano, según las que la física no debe enseñarnos de qué forma ir al cielo, sino más bien sencillamente de qué manera va el cielo, paradójicamente manifiestan con una rotundidad no buscada la confrontación que entonces se comenzaba. En lugar de pacificadora, la oración de Baroni ponía el dedo exactamente en la llaga mucho más purulenta. Para los viejos, desde Platón a Cicerón, y asimismo para bastantes de los medievales, existían 2 primordiales argumentos racionales de la creencia en los dioses o en Dios: los vaticinios y el orden perceptible en el cielo. cuyo papel en la sociedad, cuando menos hasta la Ilustración, es realmente difícil de exagerar, la imperturbabilidad y regularidad de los astros charlaban al hombre premoderno de manera elocuente de lo divino. Para los sabios viejos, la naturaleza era un libro, con un mensaje encriptado que no resultaba bien difícil de conocer, un artículo que remitía de manera continua a lo trascendente, a Dios, a su constructor. La novedosa ciencia invierte la situación. La Tierra consigue la condición de un cuerpo celeste mucho más y de este modo la corruptibilidad que observamos sobre la área se traslada al resto de astros. Con el heliocentrismo, lejos de transformarse el mundo Tierra en una estrella, son los sobrantes cuerpos celestes los que se asimilan a nuestro mundo imperfecto. Para el fan de la novedosa ciencia, por el momento no hay nada en el cielo que, a través de su perfección, proclame la inmutabilidad de Dios. El telescopio rudimentario de Galileo probaba que la área de Venus no tenía la finura que se suponía que debería verse como esfera impecable. Además de esto, la naturaleza por el momento no era un artículo, un símbolo de otra cosa, no podía leerse un mensaje sagrado. El adagio galileano que recomienda que la naturaleza es un libro escrito con letras y números matemáticos, nos induce a fallo. Bien mirado, el libro es la física y no el cosmos; la física matemática, que nace con la modernidad, y que nos deja entender el planeta natural que, por sí, se regresa mudo, sin mensaje.

Tres enfoques: epistemológico, histórico y sociológico

Las relaciones entre ciencia y religión tienen la posibilidad de enfocarse desde múltiples puntos de vista. Este estudio se enfoca en tres, histórico, epistemológico y sociológico. Tanto la religión como la ciencia son fenómenos culturales que estuvieron presentes durante la historia desde la mucho más recóndita antigüedad. En ocasiones se corre el riesgo de sospechar que la ciencia empieza con la ciencia actualizada del Renacimiento, olvidando todos y cada uno de los desarrollos precedentes. O sea un grave fallo, ya que el nacimiento de exactamente la misma ciencia actualizada no puede comprenderse sin los desarrollos científicos precedentes. Remontándonos a los tiempos de la ciencia en la antigüedad logramos hallar ahora relaciones con la religión.

Un interés particular tiene la relación entre el cristianismo y la ciencia, en tanto que la ciencia actualizada nace exactamente en el occidente católico. Esta relación empieza con los primeros autores cristianos del siglo III y prosigue en todo el tiempo hasta nuestros días. En ocasiones se facilitan y se muestran conclusiones equivocadas sobre esta relación al no tenerse presente de qué forma ocurrió durante la historia. El enfoque histórico es, ya que, indispensable para llegar a una adecuada visión del inconveniente.

¿Quién te ordena a hacerte este planteo?

La religión puede ser útil habitualmente a tu vida, y la ciencia en otros, ¿por qué razón no estimar elementos de una y otra? No es necesario proseguir suponiendo en la división… hay que juntar.

¿Por qué razón ponerse un límite a solo una visión si somos seres multidimensionales?

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