la figura de la mujer en las distinast religiones

Hay un inconsciente individual, formado por nuestra biografía, y un inconsciente colectivo, formado por la historia. Y es a través del segundo en el que se fué sedimentando nuestra concepción de las cosas. De ahí que nacemos viejos (tan viejos como la historia) y solo somos capaces de rejuvenecer si acertamos a desmantelar las patrañas del pasado.

Es en este inconsciente colectivo donde continúa la visión de la maldad intrínseca de la mujer, instituida por las narraciones habituales y los prejuicios inherentes a estas.

Feminismo y espiritualidad

La visión feminista fué entre los pensamientos y posicionamientos políticos que ha cuestionado el orden popular y de género en su grupo. La religión no escapa a esa visión y suspicacia. El feminismo impulsó no solo ver con sospecha los dogmas y planteamientos religiosos, sino ha puesto desde sus principios la crítica hacia el orden patriarcal de las prácticas y opiniones religiosas y el sitio que llenan a las mujeres en las considerables religiones ahora su organización interna. No obstante, es requisito admitir que las mujeres hallan en la práctica espiritual un espacio de consuelo, cobijo y asimismo de autorrealización. Históricamente, el espacio de las mujeres se encontraba en la vida monástica, donde hallaban vías propias de contacto con Dios. En las sociedades contemporáneas, este modo de contacto con lo divino es tan diversa como la oferta religiosa. Las religiones tienen dentro suyo organizaciones femeninas que sirven de acompañamiento y que forman parte de las formas sociales que forman las propias iglesias; pero este no es el único modelo.

El pensamiento feminista, al cuestionar la lógica patriarcal y el sexismo de las religiones, habilitó por lo menos tres movimientos: el primero fue el rechazo hacia las considerables religiones y el abandono de las prácticas y opiniones religiosas bajo el razonamiento de que está entre las bases ideológicas de opresión fundamentadas en el sexismo y el racismo. El segundo fue repensar las religiones desde adentro, cuestión que impulsó, entre otras muchas cosas, el surgimiento de una teología feminista que reinterpretaba los contenidos escritos sagrados poniendo a las mujeres en un espacio tanto personaje principal como de igualdad. Y el tercero fue un giro hacia las espiritualidades elecciones y fuera de las iglesias impulsado por el surgimiento de matrices new age1 (De la Torre, 2013: 33), que coincidió con el movimiento feminista de los setenta y ochenta y que comportó un cambio popular, cultural, político y, en un caso así, espiritual y espiritual.

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