juan de sahagun lucas caracter dinámico de la religión

La Iglesia ha culpado reiteradamente los fallos del Panteísmo. Entre las proposiciones censuradas en la Syllabus de Pío IX está la que afirma: “No es necesario ser supremo, todo-sabio y el todo-providente Ser Divino diferente del cosmos; Dios es uno con la naturaleza y por consiguiente sujeto a cambio; Él se hace Dios al hombre y al planeta; todas y cada una de las cosas son Dios y tienen su substancia; Dios es idéntico con el planeta, espíritu con materia, necesidad con independencia, verdad con falsedad, bien con mal, justicia con injusticia” (Denzinger-Bannwart, “Ench.”, 1701). Y el Concilio Vaticano anatematiza a quienes aseguran que la substancia o la esencia de Dios y de todas y cada una de las cosas es una y exactamente la misma, o que todas y cada una de las cosas se desarrollan de la esencia de Dios (ibid., 1803 sqq.).

En nuestra percepción el planeta muestra una multiplicidad de seres todos los que tiene ocupaciones, características y vida propia, cada uno de ellos es algo individual. Diferencias radicales distinguen las cosas vivientes de aquellas que son sin vida; el pensamiento humano siendo consciente del inconsciente y la intención de las ocupaciones de los animales mucho más bajos.

cristianismo

Y entre humanos cada personalidad hace aparición como un individuo, que no puede por ningún esfuerzo hacerse completamente uno con otra gente. Por otro lado, cualquier explicación correcta de todo el mundo, que no sea el materialismo absoluto, incluye el término de algún Ser original lo que, así sea que se llame Primera Causa, o Absoluto, o Dios, es en su naturaleza y vida verdaderamente diferente de todo el mundo. Solo ese ser puede agradar las solicitudes del pensamiento humano, así sea como la fuente del orden ética o como el objeto de la adoración religiosa. Si, entonces, el Panteísmo combina no solo las existencias separadas de todo el mundo en una vida, sino más bien asimismo identifica esta con Ser Divino, alguna convincente razón o fundamento habrá de ser aducida en justificación de semejante trámite. De verdad los panteístas ofrecen múltiples razonamientos en defensa de sus distintas situaciones, y en réplica a la crítica apuntada a los datos del sistema; pero lo que subyace en su razonamiento y qué ha inducido la construcción de todas y cada una de las teorías panteístas, viejas y novedosas, es el ansia de unidad. La cabeza, insisten, no puede admitir dualismo o pluralismo como explicación final de la verdad. Por una inclinación irreprimible, procura substituir la multiplicidad y la variedad evidentes de las cosas por una base o fuente unitaria, y, en el momento en que se determine esta, argumentar todas y cada una de las cosas de alguna manera derivada si bien no verdaderamente separada.

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