interpretaciones de la religion es el opio del pueblo

Si para Marx la religión llegó a ser, en su célebre cita, el opio de las masas; para Nietzsche esta forma mucho más que una sustancia, una patología. Friedrich Nietzsche puede ser considerado entre los pensadores mucho más fieros en el momento en que de religión se habla. Este no solo se encargó de marcar los orígenes de las pretensiones metafísicas y religiosas, sino en su crítica visceral embarcó en la labor de probar los efectos que la religión tenía sobre la apreciación humana de la vida en sí.

Nietzsche acusa a los creadores de la religión de ser no solo los mayores farsantes entre los hombres, sino más bien más esencial aún, de engañarse a sí mismos. En la producción filosófica de Nietzsche, Humano, bastante humano, y particularmente el capítulo tercero, aparece como el locus de su crítica a la religión y la vida religiosa. El pensador cree que la religión (tal como la metafísica y el arte) entumece los sentidos. Nietzsche averigua sobre las patologías humanas y las probables formas en que las encaramos. Prima facie, podemos consultar la patología como una metáfora nietzscheana que nos refiere a las condiciones de oportunidad de la “no-verdad”. No obstante, una observación mucho más atenta al artículo prueba que la interpretación sintomática que hace Nietzsche de nuestras pretensiones metafísicas no se mantiene como metáfora sino más bien como una preocupación directa sobre la condición humana. La religión en este sentido, esto es, como síntoma, “se esmera por cambiar el sentimiento” con la meta de distraer nuestra atención del peso de nuestra patología hacia los efectos de esta. El inconveniente no reside en que nuestros sentidos están distorsionados o corrompidos en razón de sus habilidades mientras sentidos, sino pasa una transformación en la manera en que interpretamos las percepciones sensibles. De esta manera, el cambio en nuestras sensibilidades a través de la reinterpretación de los efectos de nuestra patología nos evita prestar atención a su causa. Esta reinterpretación de los efectos comporta una sensación de alivio de la patología por la “narcotización momentánea” de los efectos. La tarea de los curas y el propósito divino de su compañía fué exactamente la “narcotización de males humanos”. Para Nietzsche, el sacerdote es fundamentalmente personaje soporífero. Este se ejercita como narcotraficante y gestor de su producto. Pero más esencial y autodeceptivamente, el sacerdote es un dependiente en sí.

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