importancia de la religion en el imperio del felipe ii

Hace dos semanas el períodico Okdiario sacaba a la luz unas grabaciones donde Corinna zu Sayn-Wittgenstein explicaba que el rey retirado, Juan Carlos I, tenía cuentas en Suiza a nombre de su primo Álvaro de Orleans de Borbón. Si la novedad fuera alguna, no sería nada nuevo, pues desde hace tiempo los amos de Estado han empleado dinero público para beneficio propio, un caso de muestra lo podemos encontrar en Felipe II, y la construcción de El Escorial.

Monasterio de El Escorial visto desde el Monte Abantos

Expansión comercial y de fe

Y sucede que, siendo totalmente honestos, a las puertas del Hallazgo de América, en el momento en que Portugal ahora llenaba sus arcas merced al archipiélago indonesio, el agente clave que actuó como motor de esas expediciones al impresionante Cathay fue comprender que allí, en tan extrañas tierras, se podría comerciar con extenso margen de lucro para los factores de una Europa protocapitalista; con una burguesía bullente tal como con unas cortes en competición. Rivalidad, vamos. No obstante, y dicho lo que, ¿fue esta la motivación unívoca de semejante excitación viajante hacia Oriente chino? No.

El otro enorme estímulo fue la religión. La fe como dinamizador sincero o tramoya demostrativa del peso que el culto podía desplazar a la política. Roma y la incesante búsqueda de leales en un contexto de cismas removidos en su seno (pero eso no era nada nuevo), tejió un acicate idóneo para financiar periplos en los que, para los que cubrían las costas del viaje, los dinero y algún otro valor o producto de trueque (nombrarse sal, nombrarse especies, nombrarse oro) no era solo la intención única.

El mito de la Reconquista

El desacierto de emplear un término como Reconquista para argumentar el objetivo del islam peninsular procede de una causa mucho más profunda, relacionada con las adversidades insuperables que muestra cualquier intento de distinguir entre opiniones propias y foráneas, a menos que se realice desde la mucho más completa arbitrariedad. Si el islam se considera como una fe llegada de fuera es por una razón que asimismo forzaría a estimar al cristianismo como extranjero: ninguna de ámbas religiones tuvo su origen en la península. Por consiguiente, si una se cree como propia y otra como extraña es, simplemente, por el hecho de que en algún instante se escoge que esto sea de esta manera, anteponiendo las ventajas que se estima obtener de esta problemática operación a las incongruencias en las que se incurre y también, aun, a las exorbitantes secuelas que se provocan. Las ventajas eran manifiestos, y de ahí que la preocupación de los Reyes Católicos por rodearse de una legión de notarios y cronistas que pusiesen sus hazañas en el contexto que convenía a su interés político: al enseñar la presa de Granada como culminación de ‘una Reconquista inmemorial, Isabel y Fernando mencionaban a una recóndita conquista anterior, lo que dejaba enseñar como protectora una guerra que, de la misma tantas de la temporada, ha podido ser de agresión. Además de esto, la insistencia en que sus acciones militares culminaban una pelea iniciada siglos atrás concedía una dimensión milenaria a sus ambiciones, admitiendo reclamar una cuenta particular, un privilegio, en frente de otros monarcas de la cristiandad, dentro y fuera de la península .

Pero, al lado de las ventajas, las incongruencias. Si el mito del apóstol Jaime sostuvo su vigencia durante los siglos fue por el hecho de que, de alguna manera, sirvió para solucionar lo que Claudio Sánchez Albornoz definió ilustrativamente como un misterio, en el momento en que tenía que ver con una contradicción, producto de tomar por hechos contrastados que ofrecía la publicidad al servicio del emprendimiento político de los Reyes Católicos. ¿Por qué razón España podía reclamar el cristianismo como una parte de su esencia si, de la misma el islam, proclamado religión conquistadora y, consecuentemente, foránea, había surgido asimismo en el exterior de las fronteras? El mito tenía por función deshacer la contradicción, sostener la congruencia de una narración construida desde una arbitrariedad interesada: el apóstol Jaime extendiendo la fe en la península y, por último, sepultado en Galicia, se erigió en nexo argumental indispensable entre la narración de España y la del cristianismo, con el ineludible corolario de transformar el enclave en el que la historia de historia legendaria situó la tumba en una segunda Tierra Santa. Merced a Jaime ahora la historia de historia legendaria construida a su alrededor, se podía solucionar en parte la incongruencia de declarar nativa una religión que, como el cristianismo, no era menos foránea que el islam o el judaísmo si se atendía en el sitio en el que brotó y no a aquel en el que se profesaba.

¿Qué nombre brindaron los musulmanes al territorio conquistado en la Península Ibérica desde el año 711? Explique resumidamente las causas de la invasión musulmana y su rápida expansión por la península.

Al-Ándalus.

La rápida expansión de los musulmanes por el norte de África coincidió con la crisis interna de la monarquía visigoda. Esta fue adecuada a la atomización y debilitamiento del poder político, adecuada la primera a la prefeudalización y la segunda a los enfrentamientos nobiliarios por la sucesión al trono en una monarquía que era electiva. De esta forma, en el instante de la invasión se estaban confrontando el recién escogido monarca, Rodrigo, con los hijos de su precursor, Witiza, siendo estos últimos los que facilitaron la entrada en la península de los musulmanes como tropas mesnaderas. A consecuencia de todo lo mencionado, la conquista musulmana fue rapidísima, ocupando ahora en 715 toda la península salvo la franja norte.

Deja un comentario