guia para educar la religion de 6 a 9 años

Hete aquí una oración que oí el pasado día un individuo muy divertido y también capaz, y que cientos y cientos de ocasiones he oído cientos y cientos de personas. Una muchacha madre me ha dicho: «No deseo instruir ninguna religión a mi hijo. No deseo influir; deseo que lo escoja por sí solo en el momento en que sea mayor.» Este es un caso de muestra muy habitual de un razonamiento corriente, que de forma frecuente se reitera, y que, no obstante, jamás se aplica realmente. Como es natural que la madre siempre y en todo momento va a estar influyendo sobre su hijo. De esta manera, la madre podría haber dicho: «Quisiera que elegirá a sus amigos en el momento en que se expanda; de ahí que no deseo presentarle ni a primas ni a primos.» Pero la persona adulta en ningún caso puede huír a la compromiso de influir sobre el niño; no en el momento en que se impone la gran compromiso de no llevarlo a cabo. La madre puede educar al hijo sin elegirle una religión; pero no sin escoger un medioambiente. Si ella opta por ignorar la religión, está eligiendo ahora el medioambiente; y además de esto, un medioambiente funesto y contranatural. La madre, a fin de que su hijo no padezca la predominación de supercherías y tradiciones sociales, va a deber aislar a su hijo en una isla desierta y educarle. Pero la madre está eligiendo la isla, el lago y la soledad; y, es tan responsable por obrar tal como si hubiese elegido la secta de los mennonitas o la teología de los mormones. Es visible, dicen, para quien piense a lo largo de 2 minutos, que la compromiso de encauzar la niñez forma parte al adulto, por la relación que existe entre este y el niño, totalmente además de las relaciones de religión y también irreligión. Pero la multitud que reitera esa fraseología no la piensa 2 minutos. No procuran juntar las expresiones con una razón, con una filosofía. Han oído este razonamiento aplicado a la religión, y jamás opínan en aplicarlo a otra cosa fuera de la religión. Jamás opínan en obtener estas diez o 12 expresiones de su contexto usual y también procurar aplicarlas a algún otro contexto. Han oído decir que hay personas que se resisten a educar a los hijos aun en su religión. Del mismo modo podría haber personas que se resistieran a educar a los hijos en su civilización. Si el niño en el momento en que sea mayor, puede elegir otro credo, es del mismo modo cierto que puede elegir otra cultura. Puede incomodarse por no ser educado como un óptimo sueco burgués; puede lamentar intensamente no ser educado como Sandzmanian. De esta manera, puede lamentar ser educado como un caballero inglés y no como un árabe salvaje del desierto. Puede (con el apoyo de una aceptable educación geográfica), mientras que examina el planeta desde China a Perú, sentirse envidioso por la dignidad del código de Confucio o plañir sobre las ruinas de la enorme civilización incaica. Pero, naturalmente, alguien ha debido instruirlo para llegar a ese estado de lamentar algo de este modo; y la compromiso mucho más grave de todas y cada una es quizás la de no asesorar al niño hacia fin.

Hablas, II, Sobre las novedosas ideas (Proyectos terminadas I, Ed. Plaza Janés, p. 1099-1100). Tomado de www.arvo.net

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