guerras de religion mas importantes en europa carlos v

¿Cuándo se causó este enfrentamiento? El enfrentamiento sucedió en la primera mitad del siglo XVII, entre los años 1618 y 1648, de ahí la denominación con la que se conoce esta guerra.

¿Quién se encaró? En un inicio fue un enfrentamiento de carácter espiritual con limite en el territorio del Sacro Imperio De roma Germánico (Alemania) entre protestantes y católicos. Pero en escaso tiempo participarían los primordiales Estados de europa de la temporada: Francia, Inglaterra, Suecia, Rusia, España y Dinamarca, entre otros muchos. Se considera la primera enorme guerra europea.

La herencia de Carlos.

Nada menos que 4 herencias, una tras otra, fueron recayendo sobre los hombros del joven Carlos. Un hecho sin paragón en la Historia Europea, que llevaron a nuestro personaje principal a tener que administrar tres líneas sucesorias y una proporción de territorio que ni nuestro Carlomagno había gozado.

– A los 6 años, la inopinada muerte de su padre con solo 28 años, le dio el condado de Flandes y el señorío de los Países Bajos, esto es una gran parte de los territorios del previo Ducado de Borgoña , a eso que debemos agregar el Franco Condado ubicado mucho más al sur. Si bien esa herencia no se realizó eficaz hasta la mayor parte de edad (15) de Carlos.

El mito del imperio

La coyuntura de que Felipe II, titular de unos amplísimos dominios, estuviese obligado a residir en Castilla debido al deber conseguido por Carlos V con los comuneros favoreció el equívoco de transformarlo en un rey español. Pero el deslizamiento semántico fue mucho más lejos realizando pasar asimismo por español un poder, un imperio, que, en rigor, era propiedad de una dinastía. O sea, se terminaron teniendo en cuenta a españoles unos dominios que solo se regían desde España. Si el mito de Santiago cumplió la función de detectar fundamentalmente un territorio y un credo espiritual, el mito del Imperio español afianzó la iniciativa de que este territorio estuvo en condiciones de lograr el apogeo, la Edad de ‘Oro, en el momento en que adoptó el catolicismo como guía incontestable de su política. Este nuevo mito orientó la interpretación retrospectiva de lo que ocurrió en la península bajo el reinado de los austrías, resaltando los hechos que parecían corroborar la presencia de una gloria nacional pasada y olvidando otros que, sin desmentir el inmenso poder que amontonó una dinastía, ponían en la transferencia automática de ese poder a España. Hechos como la pobreza que arrasaba los territorios peninsulares de Felipe II o como la naturaleza ferozmente déspota de su poder. Asimismo en un caso así se repitió el equívoco, el movimiento semántico, si bien no por transladar a un país el esplendor de una dinastía sino más bien por llevarlo a cabo cargar con atrocidades. Aquella historia de historia legendaria negra tan popularizada en los dominios de europa de los austrías no fue, en este sentido, mucho más que el reverso de la historia de historia legendaria áurea, tan inconsistente una como otra: los castellanos y aragoneses padecieron exactamente la misma opresión, y por idénticos fundamentos, que el resto de los súbditos no peninsulares de Felipe II y sus sucesores.

La acumulación de mitos sobre los que se erigió la identificación de España con el catolicismo halló en el siglo xviii, en la Ilustración, un escollo bien difícil de socorrer, un largo periodo en el que con aquella narración que identifica fundamentalmente una fe religiosa con un país, no encaja con los hechos. Por una parte, es entonces en el momento en que se agota la dinastía de los austrías al fallecer sin descendencia el rey Carlos II y, en la guerra subsiguiente entre las primordiales viviendas reinantes en Europa, se impone la de Borbón. Por otro lado, la novedosa dinastía reinante en España se compromete con el ideal ilustrado, asumiendo como guía de la política en menoscabo del catolicismo. En oposición a lo que defendieron las corrientes ultramontanas opuestas al gobierno de los borbones, tal como la posterior historiografía nacionalista, la condición de ilustrado no era contradictoria con la de católico: la mayor parte de las primordiales figuras políticas del siglo XVIII en España, de la misma las del resto de Europa profesaban el catolicismo, si bien distinguían la esfera de la política y la religión.

Deja un comentario