guerra de dioses religión y política en américa latina

En América Latina y el Caribe, en el campo de la ética popular, asistimos de nuevo a una Guerra de Dioses. Los teólogos eticistas, si bien lo deseen, no van a poder sostenerse ajeno de este nuevo ámbito. Las terceras situaciones no hay. Siempre y en todo momento está a entre los 2 lados. La condición de tibios no es evangélica. “Quien no confiesa a Cristo confiesa al demonio”, ha dicho Francisco. Por consiguiente, los teólogos eticistas sociales: o van a estar del lado del 90% de los pobres trabajadores rechazados, o van a estar del lado del diez% de los rentistas dueños del 90% del capital-financiero y natural. Van a estar del lado del Dios verdadero que se encarnó, vivió entre los pobres y murió por ellos, o del lado del dios dinero que les colgó de una madera y prosigue crucificando. Como ha dicho Francisco, «la política es la manera mucho más alta de caridad».

religión

Si o sea de esta forma, no solo la política cae en el campo de la ética y de las virtudes, sino más bien asimismo llevar a cabo política nos hace virtuosos. Pero política para la administración de los recursos recurrentes es pelea por derechos y no por verdades, lo opuesto es metafísica. Quizás hay que rememorar que la pelea por verdades trascendentes es teología, pero la pelea por verdades inmanentes es idolatría. En oposición a lo que se piensa recientemente, no nos encontramos en la temporada de la pues verdad sino más bien en el final del secularismo, esto es, en la vuelta a la pelea por verdades. De la teología política al totalitarismo solo hay un paso.

El comienzo de la modernidad, con su modelo de Estado Nación, se caracterizó por ser una pelea política con objetivos particulares económicos, pero enmascarada en pelea por verdades religiosas. El ámbito popular se encontraba atomizado entre los distintos ámbitos de la burguesía organizados según los diferentes gremios, introduciendo tanto patrones dueños de los medios de producción como trabajadores y practicantes, tratando llegar a la administración del Estado para asegurar los sus intereses sectoriales. No obstante, la pelea que se libraba por intereses particulares, siempre y en todo momento se encontraba esconde tras verdades religiosas. Dicho de otra manera, públicamente no charlaban de intereses sino más bien de principios, de ahí que el razonamiento con el que movilizaban la acción era espiritual y no político, y los pobres no eran mucho más que un ejército al servicio de ídolos.

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