europa en cuanto a su religión queda dividida catolicos protestantes

WASHINGTON, D.C. (29 oct. 2018) – Quizás la Cortina de Hierro que un día dividió Europa haya desaparecido hace un tiempo, pero el conjunto de naciones, en la actualidad, está dividido por marcadas diferencias en las reacciones de la población hacia la religión, las minorías y inconvenientes sociales como el matrimonio entre personas del mismo sexo y el aborto legal. En comparación con los de europa occidentales, realmente pocas personas de Europa Central y del Este acogerían con gusto a musulmanes o judíos a sus familias o distritos, ampliarían el derecho al matrimonio a parejas gais o lesbianas o modificarían la definición de identidad nacional por integrar a personas nacidas fuera de su país.

Estas diferencias brotan de una secuencia de investigaciones efectuadas por Pew Research Center entre 2015 y 2017 entre cerca de 56.000 mayores (mayores de 18 años) en 34 países de Europa Occidental, Central y de l ‘Este. El conjunto de naciones prosigue dividido mucho más de una década una vez que la Unión Europea empezara a expandir las raíces para integrar países de Europa Central como Polonia, Hungría y los estados bálticos de Estonia, Letonia y Lituania, entre otros muchos.

Religión y eficacia, mito y situación

La raíz hay que procurarla en una obra que hace aparición citada de manera frecuente en estos análisis: La ética protestante y el espíritu del capitalismo, de Max Weber, redactada en 1905 desde la observación de que los protestantes –particularmente, los calvinistas– de la región alemana de Baden ganaban mucho más que los católicos y, en contraste a estos, estaban mucho más presentes en las academias técnicas que en las artísticas. La hipótesis de Weber era que el acento en el trabajo, la austeridad y la iniciativa de predestinación contribuyeron al avance inicial del capitalismo moderno al hacer más simple la acumulación de capital. Ciertas oraciones de Lutero –“El hombre está hecho para trabajar como el pájaro para volar”; “Dios no desea ociosos, sino hay que trabajar con fe y esfuerzo”– o Calvino –“Nuestro trabajo es un servicio a Dios y sagrado, la ociosidad y el libertinaje corrompen a los hombres: esfuérzate en la tuya trabajo y vive con modestia”– avalarían esta proposición.

Este tradicional de la sociología es la piedra angular sobre la que ciertos autores edifican sus proposición, sin arreglar en los daños que, indudablemente, el correr del tiempo ha provocado. Ahora en 1934 el economista polaco Henryk Grossman escribió una crítica a La transición de la imagen de todo el mundo del feudalismo al capitalismo, un libro del historiador y sociólogo Franz Borkenau que partía de las proposición de Weber. Como apuntaba Grossman, “corrientes concretas al catolicismo se ajustaban de entrada mejor que el protestantismo para transformarse en un instrumento” del avance capitalista. Luis de Molina, por poner un ejemplo, escribió un Tratado sobre los préstamos y la usura en el que consideraba lícito sentir un interés bajo ciertas situaciones, como otros integrantes de la Escuela de Salamanca a la que pertenecía y que asimismo realizó ​​una teoría sobre la propiedad privada.

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