es importante el patrimonio artistico que han creado las religiones

Pese a los sacrificios completados desde finales del siglo XIX para la protección de los recursos culturales por medio de la Charla de Bruselas de 1874 o las Charlas de La Haya de 1899 y 1907, el apogeo de los totalitarismos a lo largo del siglo XX tuvo entre sus primordiales víctimas cualquier manifestación de sensibilidad ética y estética. Paradójicamente, en el nombre del pueblo se sentaron las bases para la destrucción del alma de otras comunidades. 2 guerras mundiales y multitud de batallas regionales y nacionales después, el legado de destrucción artístico del siglo XX todavía continúa intensamente grabado en la memoria colectiva moderna.

Más allá de que en los últimos tiempos el fenómeno pasó a ser mucho más obra de actores no estatales que de los propios Estados, el siglo XXI no fué una salvedad a las activas de destrucción de bien común. Los ejemplos, desgraciadamente, asimismo sobran en nuestra era. En 2001, los talibanes horrorizaron al planeta tras eliminar con tanques y misiles antiaéreos los milenarios Budas de Bamiyan, localizados en la región central de Afganistán desde cerca del siglo V. Su propósito no era otro que remover todo indicio de cultura no islámica del país. En 2012, en Mali, la red social en todo el mundo volvió a contemplar con espanto los estragos ocasionados ​​en la histórica Localidad de los 333 Santurrones —mucho más famosa como Tombuctú— por la filial magrebí de Al Qaeda y el conjunto rebelde Ansar al Dine a lo largo de la Revolución tuareg. Cientos y cientos de inmuebles religiosos, mausoleos, reliquias arquitectónicas, bibliotecas y estatuas fueron dificultosamente dañadas o demolidas. La situación sentó antecedente puesto que, apoyándose en el Estatuto de Roma, el Tribunal Penal En todo el mundo impulsó un proceso por crímenes de guerra contra uno de sus primordiales autores, el líder de Ansar al Dine, Ahmad al Faqi al-Mahdi. Previamente, solo el militar serbio Miodrag Jokić había sido culpado por los daños ocasionados ​​en el casco viejo de la región croata Dubrovnik en 1991, a lo largo de la guerra en Yugoslavia. No obstante, la condena, emitida por el Tribunal Penal En todo el mundo para la vieja Yugoslavia en el 2004, no consideró el delito de guerra.

– La Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico.

     La Junta del Tesoro Artístico (construída el 23 de julio de 1936 y nombrada desde el 2 de agosto Junta de Incautación y Protección del Tesoro Artístico) fue el órgano más esencial en el momento de salvaguardar el bien común español. Según el producto 3º, «La Junta procederá a la incautación o conservación, en nombre del Estado, de todas y cada una de las proyectos, muebles o inmuebles, de interés artístico, histórico o bibliográfico, que con motivo de las situaciones anómalos presentes brinden , a su juicio , riesgo de ruina, pérdida o deterioro». «Los permanentes ataques y despojos que se están realizando contra elementos Tesoras contra el Tesoro Nacional» llevaron a la prohibición de la compraventa de elementos que tengan la posibilidad de tener valor a nivel artístico, arqueológico, paleontológico o histórico. Se puede destacar que la intención y propósito de la Junta del Tesoro Artístico era resguardar, no solo el patrimonio público, el preservado en las instituciones; sino más bien asimismo las proyectos correspondientes a coleccionistas particulares, ahora fuesen enormes o pequeños.

     La Junta del Tesoro Artístico se instaló en el monasterio de las Descalzas en La capital española y se organizó en Juntas Encargadas formadas por siete vocales, todos integrantes de la Coalición de Intelectuales Antifascistas: Ricardo Gutiérrez Abascal, Manuel Quintanilla, Arturo Serrano Playa, Carlos Montilla, Emiliano Barral y José Bergamín. Al comienzo, la iniciativa era llevar las proyectos al monasterio de Les Descalces para seguir a su catalogación, pero después se solicitó la basílica de San Francisco el Grande como depósito.

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