en que reside la discusion entre ciencia religion y filosofia

Siempre y en todo momento he planeado que la física es la carrera que mejor amuebla una cabeza para llevar a cabo ciencia y filosofía de la ciencia. Matemáticas, contacto con el planeta físico, enormes dosis de abstracción y especulación. No obstante, en ocasiones los teóricos de forma involuntaria extienden bastante. Jamás leí ningún artículo sobre creacionismo, puesto que conocía bien sus razonamientos y me parecía la peor forma de perder el tiempo. No obstante, en el momento en que brotó la “Teoría del Diseño Capaz”, inmediatamente recordé las varias oportunidades, en las que leyendo libros de divulgación de conocidos físicos teóricos, me encontraba con el llamado “Principio Antrópico”, en sus ediciones enclenque y fuerte. Y es ahí donde comenzó a aparecer el inconveniente. Estos desbarras brindaron aliento al «enemigo» y de este modo brotó la «Teoría del Diseño Capaz», establecida sobre una interpretación maniquea de las comentadas elucubraciones de los cosmólogos. No obstante, al final de cuenta, las fuentes sobre las que edificaron su edificio emplean comentarios y situaciones discutidas en el planeta de la ciencia. Flaco favor, pensé, hicieron en esta ocasión nuestros colegas a los biólogos, y al final de cuenta a la ciencia generalmente, tal como a la docencia de los jóvenes estadounidenses. No obstante, el pasado día, desde la bitácora “A Bord del Otto Neurath”, Jesús Zamora Bonilla nos comunicaba de los desbarros especulativos de entre los pensadores mucho más conocidos de la biología. Quiero decir que los que Michael Ruse derrama en su último libro “¿Puede un Darvinista Ser Católico?” ¿Por qué razón entonces los científicos se rasgan el ropaje sobre este modo de neocreacionismo?, en el momento en que ciertos semejan ser sus primordiales ideólogos, deseen reconocerlo o no. Vamos, que los Republicanos del Senado de EEUU que defienden integrar en la enseñanza la “teoría” del diseño capaz, adjuntado con el darvinismo, deberían imponerles una medalla.

Fragmento de Los inconvenientes de la filosofía

Habiendo llegado en el final de nuestro corto resumen de los inconvenientes de la filosofía, bien va a ser estimar, para terminar, cuál es el valor de la filosofía y por qué razón ha de ser estudiada. Es mucho más preciso estimar esta cuestión, frente dado que varios, bajo la predominación de la ciencia o de los negocios prácticos, se inclinan a dudar de que la filosofía sea algo mucho más que un empleo inocente, pero frívola y también inútil, con distinciones que se rompen de puro sutiles y polémicas sobre materias cuyo conocimiento es realmente difícil.

Semeja que esta opinión sobre la filosofía resulta, en parte, de una falsa concepción de los objetivos de la vida, y en una parte de una falsa concepción de la clase de recursos que la filosofía se esmera en conseguir. Las ciencias físicas, a través de sus invenciones, son útiles a incontables personas que las ignoran completamente: de esta manera, el estudio de las ciencias físicas no es solo o primordialmente aconsejable por su efecto sobre quien las estudia, sino por su efecto sobre los hombres por norma general.

2.1 Fe

En el planeta tradicional viejo, la fe se consideró como un valor de primera relevancia para la vida. La seguridad en la palabra del otro, expresada por el término heleno BÆFJ4H y por el latín fides, se personificó y fue una divinidad tanto en Atenas como en Roma, con sendos santuarios y culto propio. Se consideraba además de esto la fe como el fundamento de las relaciones comerciales, sociales y políticas. Los romanos se sentían orgullosos del fides populi romero y no concebían el Estado sin exactamente la misma. La fe, como seguridad en el resto y aptitud para merecerla, se tenía como condición primordial para una vida realmente humana. Es reveladora la observación que sobre esto hace Jenofonte sobre la pobreza del tirano: «El hombre, que no disfruta de fe, ¿de qué forma no va a ser un pobre en el mucho más apreciado de los recursos? ¿Qué relación interesante puede existir sin la seguridad recíproca? ¿Y qué trato alegría probablemente halla entre hombre y mujer sin la fe?». La descripción del tirano, que traza a Platón en el libro IX de la República, como la de un ciervo presa del temor, pues es imposible confiar de absolutamente nadie, coincide con lo que se dijo por Jenofonte. Atrae en este artículo la contraposición entre fe y pobreza, entendiendo que la mayor pobreza es la privación del mayor bien, que es la fe. De ahí que para Gorgias «una vida privada de la fe no es verídica vida». Esquilo nos pone en pista de la composición del acto de fe en el momento en que redacta: «No son los juramentos los que garantizan su fe, sino más bien los hombres los garantes de los juramentos».

Aparte de esta fe en el sentido tradicional, contamos la fe bíblica. La fe bíblica es frente todo seguridad, seguridad establecida en la lealtad de quien me charla. Supone la interpretación a través de la palabra y enlaza con la concepción hebrea seriamente. Verdad (‘emite, ‘âman, ‘emûnâh) es la calidad de lo que es seguro, de lo que tenemos la posibilidad de apoyarnos. Esto debe comprenderse en el contexto de la palabra y de la coalición. La fe es la contestación a esta palabra y la aceptación de la coalición. La fe bíblica es prioritariamente fe religiosa, teologal. Pero en la Biblia asimismo se pide la fe entre los hombres. De este modo, por poner un ejemplo, “realizar la amabilidad y la realidad” (Gen. 47,29; Jos. 2,11) es tanto como obrar con lealtad y lealtad hacia el resto. Hay en la Biblia coaliciones entre los hombres, que requieren fe recíproca.

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