en la religion se pide la sumision de la mujer

El art. 16.3CE78 afirma: “Ninguna confesión va a tener carácter estatal”. Ninguno significa ninguna (art. 3.1 CC). Esta separación de la iglesia del Estado la ha propuesto Cristo hace siglos: “dad al César lo que es del César ahora Dios lo que es de Dios” (Lc., 20,25) y absolutamente nadie le logró caso.

Nada
de naturaleza religiosa es rivalidad del Estado; su rivalidad es civil contingente y perecedero. Se articula por especialidades:
mercantil, administrativa, popular, penal, militar, etcétera.; no existe la religiosa.

¿Va a ser que se puede estar en pos de los derechos de las mujeres y someterse al marido al unísono?

Si leemos terminado el capítulo donde se charla de los deberes conyugales (1 Pedro 3:1-6 para quien ocupe) charla de la sumisión y la obediencia como una actitud sincera y respetuosa; sosegada y amable; poniendo la seguridad en Dios; sin temor a nada. Si le quito la palabra sumisión y dejo solo las especificaciones puedo indudablemente, anhelar ser esa mujer. Piensen: ser sosegada, amable, respetuosa, sincera, sin temor a nada. Este es el tipo exacto de mujer que muchas procuramos ser. No tenemos ganas tener que estar chillando para proteger nuestros derechos, no tenemos ganas ser llamadas histéricas, no tenemos ganas estar enfadadas en todo momento.

Someterte a tu marido en la Biblia quiere decir que no te enfadas con él por el hecho de que no hace las cosas precisamente como te agradan o que controlas de qué manera se viste, con quien charla o de qué forma se comporta. Obedecer a tu marido quiere decir que le muestras respeto sin tener temor a nada. Una mujer respetuosa y valiente. Esto sí que me representa.

La sumisión en contexto

Hay muchas advertencias contextuales en los versos nombrados previamente. Observamos unos cuantos oraciones clave y charlamos lo que comprometen para su sumisión como mujer:

«Como al Señor»: el tema de la sumisión al marido no guarda relación con exactamente el mismo marido. Todo debe ver con Dios. Él dió el mandamiento y es a Él a quien obedecemos. No nos sometemos a fin de que nuestros esposos lo merezcan, sino pues Dios lo merece. Sómate a tu marido a fin de que amas a Dios y confías en Él. Sara se sometió a Abraham un par de veces en el momento en que parecía necio llevarlo a cabo. ¡Y en los dos tiempos, Dios entra y resguarda a Sara! (Gn diez:1-7; 12:diez-20). Dios es nuestro asegurador y nuestro defensor y someterte a tu marido te pone bajo su amoroso precaución.

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