el triunfo de la secta es convertirse en religion

Por: Mariella Villasante Cervello, estudiosa socia a Idehpucp

Los desenlaces de la decisión del 26 de enero fueron expepcionales y espectaculares. Múltiples investigadores propusieron que los votos fueron muy desperdigados y que el Congreso está fraccionado. Por mi parte, pienso que no se han remarcado bien tres hechos centrales: primero, los “partidos” de derecha y de centroderecha obtuvieron un triunfo bastante esencial, Perú se asegura como un país conservador; segundo, el conjunto fujimorista Fuerza Habitual se ha desmoronado y de 73 miembros del congreso que tenía logró preservar solo 15 escaños; tercero, han aparecido tres nuevos «partidos» exagerados completamente marginales o inexistentes anteriormente reciente. Hablamos de Tenemos la posibilidad de Perú, cuyo primordial líder es un ex- general del ejército acusado de asesinato del periodista Hugo Bustíos; después Unión por Perú, entre cuyos líderes de la sombra está Antauro Humala, que limpieza una lástima de prisión por su participación en el alzamiento llamado “Andahuaylazo”, que dejó seis fallecidos; y en resumen, el conjunto ultra espiritual FREPAP fundado por un labrador quechua de Arequipa, Ezequiel Ataucusi, constructor de una secta adventista que piensa que el objetivo de todo el mundo está cerca, que obtuvo mucho más de 8% de votos y 15 escaños en el nuevo y efímero Congreso de 2020-2021.

Nacer nuevamente: el aggiornamento

La asoladora desigualdad popular y económica consecuencia de la Revolución Industrial logró que de a poco la Compañía de Jesús cuestionara su forma de tener relaciones con el planeta. Los intelectuales jesuitas abordaron la cuestión obrera y desarrollaron el término de «justicia popular», sentando las bases para la futura doctrina popular de la Iglesia. En el contexto de las graves conmociones políticas a inicios del siglo XX y ámbas guerras mundiales, los jesuitas sostuvieron una relación bivalente con los fascismos de europa. Poco a poco más próximos al pueblo y críticos con el poder, la Compañía decidió un lado de la resistencia contra los nazis. En España, tras ser readmitidos por Franco -ya que habían sido de nuevo expulsados ​​por el Gobierno zurdo de la Segunda República-, los jesuitas se unieron al movimiento obrero y sindical, dando la espalda a la Iglesia católica, que cooperaba con el régimen franquista, y abriendo una brecha con la Santa Sede.

A fines de los años sesenta se patentizó la crisis interna que se vivía en la Iglesia católica. Con la meta de renovarla y abrirse al planeta, el papa Juan XXIII convocó en 1962 al Concilio Vaticano II, que reunió a los obispos para discutir y tomar resoluciones que diesen contestación al deseo de aggiornamento (actualización) , en italiano) de las bases cristianas. La polarización política de los obispos complicó los pactos, si bien en último término triunfó el bando progresista: se decretó un decreto sobre el derecho de la gente a la independencia religiosa, se abandonó el latín como lengua oficial de culto, aproximando la liturgia a la gente, y se declaró la opción preferencial por los pobres y la defensa de los marginados. El Concilio Vaticano II marcó un punto de cambio en el catolicismo. Y fruto de estos debates brotó en América Latina una exclusiva corriente cristiana marxista: la Teología de la Liberación, que se posicionó contra las dictaduras militares y a favor de los movimientos políticos populares de liberación de los años sesenta, setenta y ochenta.

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