el simbolo de la religion romana de cuando los emperadores

La mayor parte de los estadounidenses están familiarizados con el símbolo del águila. La observamos en el reverso de los billetes de dólar y de las monedas de 25 centavos, montada en el podio a lo largo de los alegatos de presidentes, e inclusive representando equipos de deportes. ¿De dónde procede esta imagen tan popularizada? Los Progenitores de la Patria escogieron el ave para representar a este país en 1782, pero la imagen del águila se remonta bastante antes.

Los aspectos que generalmente asociamos con el águila, como la fuerza, la astucia y el liderazgo, brotaron en el viejo Egipto hace mucho más de 4.000 años. Los romanos se apropiaron de la imagen del águila en el momento en que conquistaron Egipto en el año 300 a. Posiblemente confundieran las representaciones de Horus, la deidad patrona de Egipto, que tenía forma de halcón, con un águila. Al nacer, se pensaba que Horus había volado al cielo y devuelto la luz a un reino lleno de obscuridad, una hazaña que le transformó en el símbolo de un gobernante ideal. Los romanos incorporaron ese concepto simbólico a nuestra cultura; en 107 aC, el general de roma Cayo Mario designó el águila como emblema del ejército de roma, presentando Roma como el gobernante ideal en todo el mundo.

HERELLIA EN PALAU

Vimos que el indicio de emperadores del siglo IV son eminentemente cristianos, pero hubo uno que llegó al trono deseando mudar la civilización y el foco de las religiones en el Imperio, y que revela bien la visión cristianopagana del poder ahora mismo: Julián (década del 360), llamado por los cristianos como «el Apóstata». Su gobierno fue corto y sus condiciones bien difíciles (por si acaso quiere arrimarse a su figura de una forma mucho más rápida, Gore Vidal escribió una novela sobre su persona, espesa pero llena de matices). Esencialmente Juliano, si bien dictamina otro edicto en pos de la independencia de cultos, acaba con un magno emprendimiento de restauración al paganismo -bastante fallido, por otro lado-. Efectúa precisamente exactamente las mismas medidas que habían tomado sus precursores en el campo ideológico: privar de base institucional y económica la fe contra la que luchaban (Mitchell, 2015: 189).

Experiencias aparte, y si bien en el final del producto volveremos a mentarlo, resaltaremos tan solo un hecho que nos revela, de nuevo, que la civilización es bidireccional y que siempre y en todo momento hay “transfusiones culturales” aun en los enfrentamientos. Juliano fue un personaje criado en Oriente, conocía bien las filosofías que luchaban contra el cristianismo y le enfadaba el abandono de las viejas prácticas. De ahí que, logró unos enormes sacrificios -en balde- para regresar al paganismo institucional, pero, ¿de qué manera?

La cruz, la revelación de la victoria

Antes de la figura suprema y déspota del emperador, Roma era gestionada por una tetrarquía; en el que todos y cada uno de los temas del Imperio eran controlados por 4 gestores provinciales.

Así, la iniciativa de lo que podía representar una “repartición equitativa” de responsabilidades y permisos; se vio aniquilada por la ambición desaforada de Constantino I.

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