el peso de la religión en las diferentes generaciones

Según distintas mediciones, los mayores jóvenes por lo general son menos religiosos que sus mayores. Lo opuesto se da en escasas oportunidades.

En USA, los movimientos religiosos vienen avejentando ya hace décadas, y los mayores jóvenes en este momento son bastante menos propensos que los mayores a identificarse con una religión o formar parte en distintas prácticas religiosas. Pero este no es un fenómeno de forma exclusiva americano. Según el análisis de investigaciones que el Pew Research Center salió adelante en mucho más de cien países durante la última década, la menor observancia religiosa entre los mayores jóvenes es común en el mundo entero.

Las mujeres del desarrollo de independencia en la República

En las últimas décadas del siglo XVIII, se causó una exclusiva visión de género favorecida por la Ilustración y, más tarde, por el liberalismo del siglo XIX. Las mujeres estaban orientadas al marido ahora los hijos, debían cumplir a su aptitud su papel natural que era la maternidad y desplegarlo en el campo familiar, al tiempo que para los hombres se encontraba guardado el espacio público, donde la política, la guerra y la economía eran sus campos de acción por ser seres racionales. El peso de la Iglesia y la religión católica, las relaciones sociales coloniales, los valores de viejo régimen y la esclavitud estaban latentes y le prosiguieron tras la independencia. Por su parte, este desarrollo histórico abrió un espacio esencial de reconfiguración de los permisos de género y proporcionó a las mujeres un extenso margen de acción; no obstante, acabaron en un papel secundario o subordinado tras concluida la guerra.

A lo largo del desarrollo de independencia, participaron mujeres de diversa procedencia popular, económica, étnica y regional, y de distintas edades y posiciones políticas. Fueron mujeres indígenas, mestizas y de castas, criollas y peninsulares, tal como esclavas, liberas, plebeyas y aristócratas. La participación femenina en la independencia fue extensa, diferente y adoptó distintas facetas. Entre las revolucionarias resalta la figura de Micaela Bastidas en Cusco en 1780, adjuntado con muchas otras mujeres indígenas y mestizas que formaron parte de el alzamiento como Tomasa Tito Condemayta, Gregoria Apaza, Cecilia Túpac Amaru, Bartolina Sisa, etcétera. Entre aquéllas que se inmolaron por la patria, disponemos el emblemático caso de María Parado de Bellido en Ayacucho en 1822, y hubo las que participaron de manera directa en las acciones militares como las hermanas María y también Higinia Toledo y su madre Cleofé Ramos en el valle del Mantaro en 1821 o, por esa temporada, Matiaza Rimachi en Chachapoyas y María Valdizán en Cerro de Pasco. Como conspiradoras y espías hay una extendida lista donde resalta Brígida Silva de Ochoa en Lima y quienes mandaron aclaraciones al general San Martín para elaborar la Expedición Libertadora. Asimismo estaban aquellas como Micaela Muñoz y Ostolaza que, adjuntado con Josefa Lacomba, elaboraron la primera bandera que se alzaron en la localidad de Trujillo, que proclamó su independencia en el mes de diciembre de 1820. Asimismo estuvieron las damas tanto de aristocracia como de la plebe, que hacían contribuciones económicas a la causa patriota, organizaban asambleas para debatir de política o manejaban la economía familiar en sepa de sus maridos. Estas acciones particulares o colectivas van a ser efectuadas por las mujeres en otros contextos bélicos, particularmente a lo largo de la Guerra del Pacífico de 1879.

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