el pais de jesus me aburre la clase de religion

Fernanda García Lao, a lo largo de su acto en la Feria del Libro de Sevilla 2022. / Fotografía: Candela Clauss — FLS

Fernanda García Lao (Mendoza, 1966) redacta teatro, novela, cuento y poesía, pero de qué forma se afirme lo que hace le importa mucho más bien poco. Saludada hace ahora un decenio en la Feria En todo el mundo del Libro de Guadalajara como entre los «los misterios mejor almacenados de la literatura sudamericana», su obra solamente ha trascendido a su país de adopción, el nuestro: hija del legendario periodista argentino Ambrosio García Lao, su exilio la llevó a vivir a La capital de españa de los diez a los 23 años y en este momento radica en Barcelona, ​​si bien asimismo prevé próximamente llevarlo a cabo en Praga, localidad literaria donde los haya. Esta entrevista asimismo es pura literatura en sus respuestas y, pese a haberlas armado oralmente sobre la marcha —aquí se muestran sin solamente edición— en el contexto de su visita a la pasada Feria del Libro de Sevilla, cierran la sabiduría y la aptitud reflexiva de su experiencia enseñando a leer bien y redactar bien. Solo tenemos la posibilidad de escucharla con atención, interrumpirla lo menos viable y sorprendernos de hacia dónde conducen sus locuaces derivas.

Vicio… y pecado

P.

cristianismo

– Sostienes que, desde hace tiempo, en buena medida animada por la Iglesia, la animadversión dada esta emoción hizo que se considere el aburrimiento como «un vicio» e inclusive un pecado, puesto que puede conducir a «la distracción frente a la Palabra de Dios». Por qué razón el día de hoy la Iglesia no semeja prestar mucha atención a este fenómeno, silenciado de toda reflexión teológica u homilía dominical, en el momento en que semeja visible que el aburrimiento puede derivar en la “acdia”, que equiparas a sentimientos como “la sequedad de la ‘alma, una tristeza inexplicable o una parálisis completa de la intención”?

R.– El aburrimiento fue considerado como un desvío de la virtud a la Vieja Grecia y, después, como manifestación del fracaso de las metas imperiales de Roma. Con la fundación del cristianismo, la acedia pasó a ser entre los ocho errores capitales; no uno alguno, sino más bien el peor de todos, el mucho más alarmante, el único para el que no había perdón, hasta el momento en que san Gregorio le suprimió de la lista como exhibe del dominio de la fe en oposición al demonio. No obstante, esa supresión no lo logró ocultar en ningún caso. Quedó supeditado a la tristeza y, transcurrido el tiempo, se fundió con la melancolía renacentista.

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