el emperador teodosio y el cristianismo la religión oficial impero

Los emperadores Licini y Constantino en asambleas festejadas en Milán en el mes de febrero del 313 establecen que “a todos y cada uno de los súbditos, incluidos de manera expresa los cristianos, se les autoriza a proseguir libremente la religión que mejor les pareciese”. Se superaba el decreto con el que Galeri unos años antes aceptaba a los cristianos.

Este año festejamos el décimo séptimo aniversario del decreto por el que los cristianos lograron vivir, sin parar de ser cristianos. Los emperadores Licini y Constantino daban este “Edicto de Milán”, uno para Oriente y otro para Occidente, y con él, los cristianos irían ascendiendo la escalera de los cargos en el Imperio. En verdad, uno de exactamente los mismos emperadores que concedieron el decreto al que hablamos, terminó siendo católico y concediendo a la Iglesia tantas donaciones que serían los cimientos del poder temporal que pasados ​​los años tendría la Iglesia. Su madre que figura entre los beatos, santa Elena, sería una de la gente que ejercerían su influjo a fin de que pasados ​​unos años, la religión que fue perseguida en un intento de ahogarla en sangre, acabara siendo la única opción religiosa que daban a sus súbditos los propios emperadores: nos nos encontramos refiriendo al decreto Cunctos Populos con el que el emperador Teodosio declaraba a la Iglesia Católica la única religión que podía seguirse en los dominios del imperio. En tres siglos se había pasado de ser una religión condenada, a ser la única apoyada desde nuestro poder civil, hasta el punto de quedar prohibidas el resto.

El legado político.

El general Teodosis I ingresa al trono tras la desaparición del Emperador Intrépido en la guerra de Adrianópolis, en las llanuras al nordoeste de la región romana de la presente Edirne (Turquía europea ) contra los Godos el 9 de agosto de 379 dC.

Como se ha descrito de antemano, su marcada política religiosa, del lado de un pujante cristianismo que había ganado prácticamente la guerra cultural y popular del orbe de roma, pertence a los 2 pilares sobre los que se asienta el paso a la inmortalidad de este Emperador. El otro, no menos fuerte, es ser el último de los mandatarios que ejercitó su poder sobre ámbas enormes mitades en las que se había transformado el planeta de roma: el Imperio de Oriente con capital en Constantinopla, y el d ‘Occidente con capitales en Roma y Ravena.

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