desde cuando se da clases de religion en belgica

Para lograr charlar de los 2 pontificados con relación al conjunto de naciones, es bueno rememorar un tanto la historia moderna del catolicismo latinoamericano. Antes del Concilio Vaticano II hubo un principio de renovación interna del catolicismo, con la predominación muy concreta de la acción católica y mucho más especialmente de la JOC (Juventud Obrera Cristiana). Múltiples curas que habían popular la JUEGO en Europa, la comenzaron en prácticamente todos los países de América Latina y del Caribe. Hubo, por poner un ejemplo, un congreso de la JOC de América Central y del Caribe en La Habana en 1953. Estos núcleos fueron al origen de muchas otras renovaciones, en el campo del pensamiento y de la acción popular, en la liturgia y en la pastoral generalmente. En múltiples países, la acción de la JOC fue acompañada por una acción en el medio estudiante, con la JUC (Juventud Universitaria Católica). En el momento en que se creó el Consejo Espíscopal Latinoamericano (CELAM), en 1955, en Río de Janeiro, la mayor parte del episcopado latinoamericano no se interesó bastante en este nuevo órgano que apareció como una superestructura impuesta por Roma. Una manifestación atrayente de esta percepción fue visto que la mayor parte de los obispos plantearon entablar su sede en Roma y que fue el Papa Pio XII quien escogió la segunda iniciativa de los obispos, la localidad de Bogotá. Por exactamente la misma razón, los obispos en la mayoría de los casos escogieron como representantes al CELAM, los obispos que tenían contactos de todo el mundo. El resultado fue que el CELAM fue al comienzo constituido por los obispos mucho más libres del conjunto de naciones. En ese sentido, no representaba verdaderamente la forma de pensar general de las Iglesias locales del conjunto de naciones. No obstante, esto dejó al CELAM desarrollar un dinamismo bastante grande y fomentar una reflexión sobre diferentes puntos de la Iglesia sudamericana. el contexto demográfico, popular y cultural de América Latina; fue publicada en 43 volúmenes. En lo personal, he tenido el privilegio de coordinar este trabajo. Estuvo listo precisamente en el instante que Juan XXIII anunció el Concilio Vaticano II. Dom Helder Cámara que era vicepresidente del CELAM en ese instante, adjuntado con Mgr Larrain, obispo chileno, solicitó realizar un comprendio de este estudio para repartirlo en múltiples lenguas a todos y cada uno de los obispos, a lo largo de la apertura del Concilio Vaticano II. La iniciativa era anunciar la problemática del catolicismo latinoamericano en el episcopado mundial. A lo largo del Concilio, el CELAM jugó un papel fundamental. La mayor parte de los obispos de europa creían que el episcopado latinoamericano proseguiría la inclinación bastante conservadora de los obispos españoles o portugueses. Este no fue la situacion, por el hecho de que el CELAM tomó el papel de liderazgo de un episcopado parcialmente conservador. En verdad, la mayor parte se alinearon con los obispos mucho más progresistas de Europa, singularmente de Francia, Bélgica, Holanda y Alemania. Esto tuvo un encontronazo colosal sobre la orientación del Concilio Vaticano II, que merced a la aportación bastante masiva de los obispos latinos, fue un Concilio de profundo carácter reformador.Tras el Concilio, a lo largo de 4 años, el CELAM impulsó un elevado número de asambleas en el conjunto de naciones, sobre los distintos puntos de la renovación interna del catolicismo, para elaborar la charla de Medellín en 1968. Los temas fueron: la doctrina popular de la Iglesia, la pastoral, la liturgia, la acción de los laicos, etcétera. En Medellín, 2 ideas han recibido un acompañamiento oficial del Episcopado: las Comunidades eclesiales de base y la Teología de la liberación. Ahora a lo largo de la preparación de esta charla, la tensión entre la Santa Sede y el CELAM fue grande. El Papa Pablo VI, tras el Concilio, temió lo que él amaba ser desviaciones y excesos en múltiples tipos. Siendo una personalidad parcialmente miedosa, él comenzó a frenar varios de los movimientos en curso. La Curia romana, que no había sido transformada en hondura por el Concilio Vaticano II, añadió su peso para comenzar un trabajo de restauración de lo que se había cambiado a lo largo del Concilio Vaticano II. Entre los artesanos de esa orientación fue el Cardenal Samore, al cargo de la Comisión Pontífica para América Latina y que tenía la compromiso de las relaciones con el CELAM. Tras la Charla de Medellín que fue un enorme éxito y que tuvo un encontronazo esencial sobre el catolicismo de América Latina, empezó, en el CELAM, un movimiento de restauración. Esto se efectuó particularmente en el momento en que Mgr López Trujillo, de Colombia, fue nombrado en la asamblea de Sucre, secretario general del CELAM. A lo largo de la preparación de la Charla de Puebla, el CELAM procuró orientar el pensamiento y las resoluciones en una dirección muy conservadora. Hubo resistencias fuertes y la Charla de Puebla no resultó tan triunfadora para la corriente retrógrada. No obstante, el hecho de supervisar los órganos de la Santa Sede y del CELAM fue para los conservadores un aspecto esencial de orientación del futuro. Es en este tiempo que la decisión de Juan Pablo II tomó rincón y aceleró el desarrollo de una restauración bastante dura, no solo del catolicismo latinoamericano, sino más bien de la Iglesia católica por norma general. obispo moderno, pero conservador. Moderno por el hecho de que era alpinista, creador de proyectos profanas, instructor de filosofía, cura de alumnos. Conservador, pues su experiencia polaca en un país gobernado por un partido comunista impuesto en buena medida desde el exterior, lo logró meditar que la necesidad de una Iglesia fuerte tenía la prioridad. El laicado progresista polaco se alegró del ascenso de Carol Woitila, al aguardar una orientación mucho más abierta que la del Cardenal Vichinski, de Varsovia. En verdad, el resultado fue todo lo opuesto. En la cabeza del nuevo arzobispo, la Iglesia debía remarcar su unidad, para no adelgazar en frente de un gobierno hostil. el comunismo y el secularismo de la sociedad occidental. Para realizar en frente de estos 2 óbices, era preciso para él remarcar la Iglesia y para esto tener una doctrina clarísima, una ética rigurosa y una organización congruente. De ahí que definió el pontificado en parte importante cerca de estas 2 líneas. Bajo mi punto de vista, hablamos de la clave de explicación de la enorme mayoría de sus tomas de situación, tanto desde un criterio eclesial, que ecuménico o popular. En oposición al conjunto de naciones latinoamericano, esto se tradujo en 2 enormes orientaciones. Primero hubo la condenación de la Teología de la liberación. Desde el comienzo, Juan Pablo II fue muy atento a que esta teología tomaba como punto de inicio la problemática situación popular y como análisis para entender mejor la verdad popular, un procedimiento marxista. Para él, esto era inaceptable. Fue muy combativo desde el comienzo. Esto no se enseña solo por el anticomunismo, que podía comprenderse en función de su experiencia pasada. En su visión, este género de teología era asimismo peligrosísimo para el carácter jerárquico de la autoridad en la Iglesia. Si la referencia epistemológica no era ahora la revelación divina, canalizada por la autoridad eclesiástica, sino más bien la experiencia existencial de los pueblos, esto significaba una pérdida seria de la base misma de la autoridad. La concepción de la Iglesia de Juan Pablo II no podía admitir ese género de pensamiento teológico. De ahí que encargó al prefecto de la Congregación de la Defensa de la Fe, el Cardenal Josef Ratzinger, de comenzar, dentro de la Iglesia, la oposición sistemática a la Teología de la liberación. Vamos a hablar mucho más detalladamente de esto en la segunda una parte de este trabajo. El resultado fue la suspensión de múltiples teólogos como Leonardo Boff y la reducción al silencio de otros. El control de las academias de teología, en especial los seminarios y centros de capacitación pastoral, fue siempre y en todo momento mayor, hasta remover la Teología de la liberación de todos y cada uno de los sitios controlados por la Iglesia católica. El resultado no fue su desaparición, sino más bien la pérdida de canales de difusión y elaboración de este pensamiento teológico. Entendemos que el archivo de Santa Fe, mejorando la decisión de Ronald Reagan en USA, tenía como punto de referencia, la pelea contra la Teología de la liberación en América Latina. Los Republicanos estadounidenses habían comprendido que esto era un inconveniente ideológico y que si pudiese motivar a los cristianos en su deber popular extremista era un riesgo real. En verdad, la decisión de Ronald Reagan coincidió con la pelea interna polaca contra el régimen comunista y la urgencia del sindicato Solidarnosc. Hubo una coalición cuando menos tácita entre los 2 poderes, el del gobierno estadounidense ayudante Solidarnosc, en parte importante vía los organismos católicos y la Santa Sede y por otro lado, el del Papa Juan Pablo II condenando la Teología del liberación en América Latina. La acción de Juan Pablo II se manifestó particularmente a lo largo de sus viajes y esto en 2 líneas primordiales. La primera fue el acompañamiento a la devoción habitual ahora la atracción que su presencia ejercitaba sobre los pueblos. Era una acogida muy franca de una parte de los medios populares, contentos de ver por vez primera a un Papa. Como es natural, el carácter prácticamente sagrado a los ojos de la enorme mayoría de los leales del papel del Sumo Pontífice, tenía en las asambleas masivas y los actos religiosos un carácter ambiguo. Por una parte, la expresión de religiosidad era genuina en la civilización habitual, por otra parte la utilización de este sentimiento dejaba respaldar una autoridad jerárquica y agrandar su base popular. De todos modos, los efectos de los viajes papales fueron parcialmente en un corto plazo. Tenía que ver con un hecho puntual, legítimo en una expresión religiosa y habitual, pero sin bastante encontronazo pastoral. La primordial consecuencia, en la mayoría de las situaciones, fue el reforzamiento de los movimientos católicos conservadores o aún retrógrados, como el Opus Dei, los Nuevos Catecumenos, los Legionarios de Cristo, la Localidad de Dios (Nicaragua), Comuni y Liberatio, etcétera.La otra línea de acción del Papa Juan Pablo II fue la pelea contra el comunismo y el marxismo. Ahora hablamos de la Teología de la liberación y de las comunidades eclesiales de base, donde el Papa veía una predominación no solo socialista, sino más bien marxista. Juan Pablo II se interesó particularmente en América central y en el Caribe. Las contradicciones sociales y la carencia de democracia llevaban a las ciudades de estas zonas a un deseo de cambio extremista, alén de la fácil supresión de regímenes totalitarios. Es particularmente el viaje a Nicaragua entre los que mucho más llamó la atención. Los Sandinistas estaban en el poder y la guerra de los Contras, apoyada por USA, se encontraba ahora en sendero. El Papa había recibido un informe del episcopado nicaragüense, escrito por el sociólogo Belli, describiendo el enfrentamiento entre el régimen político y la Iglesia católica, en concepto de acoso. Esto le persuadió de que tenía que ver con la instalación de un régimen para ser comunista. De ahí que había que movilizar a los católicos en oposición a su consolidación. Un informe en sentido opuesto llegó asimismo a la mesa del Papa, pero fue completamente ignorado. Al llegar a Managua, Juan Pablo II aseveró la necesidad de la unidad de la Iglesia en oposición al riesgo político. Esto enseña su dura condenación a eso que él llamo «la Iglesia habitual», o sea, las comunidades de base. Lo mismo logró con los contactos ecumenismo fuera del control de la jerarquía, o sea visto que cristianos de distintas Iglesias lucharan en su grupo en el desarrollo innovador. Por otro lado, el Papa insistió en la obediencia a los obispos, la Iglesia como entidad única. En el momento en que se supo cuál era la situación del episcopado nicaragüense en oposición al sandinismo, este llamamiento tomó un carácter político bastante claro. La profunda convicción del Sumo Pontífice le llevó a confrontaciones e inclusive provocaciones de su parte, jamás antes vistas. Al llegar al campo de aviación y nuevamente al salir, se quejó de que muchos Nicaragüensos habían sido impedidos de localizarlo. En el momento en que se estima que hubo cien.000 personas en León y 700.000 en Managua, de una población de 4 millones de pobladores, esta afirmación puede parecer cuando menos indigna. Además de esto, el Gobierno había consagrado el semejante de un mes de consumo de gasolina para el transporte de los peregrinos y esto en la mitad de una guerra de «intensidad reducida». Las lecturas de la misa de Managua fueron usadas en un sentido político y el mensaje de bienvenida de Monseñor Obando y Bravo fue asimismo clarísimo en ese sentido. La homilía del Papa fue bastante combativa y múltiples ocasiones solicitó de manera dura el silencio de la reunión. Los centenares de miles de personas sencillos, ahora menudo muy pobres, que habían venido para festejar la visita del pastor, retornaron a casa con la impresión de una celebración fracasada, sin entender verdaderamente por qué razón. Por contra, en el momento en que el Papa logró su visita a Cuba, su actitud fue muy diferente. Como en otros países socialistas de europa, la situación adoptada por Juan Pablo II fue admitir visto que existía un poder comunista y que era preciso accionar de poder a poder. Lógicamente la situación de Cuba era muy distinta a Polonia, donde el Papa inició un desarrollo de crítica muy severa de un socialismo ateo, impuesto en buena medida por el exterior. Para el papa, el comunismo cubano se encontraba por fin de su vida y no valía la pena adoptar una actitud muy combativa, sino más bien contribuir a la aceleración del desarrollo. Él confirmó esta interpretación a su regreso a Roma, tres días tras su regreso de la isla, en el momento en que halló a un conjunto de peregrinos polacos a los que declaró que los desenlaces de su visita a Cuba serían afines a los de su primera visita a Polonia. alegatos del Papa sobre la verdad cubana hicieron el silencio sobre la revolución. Él charló de los origenes cristianos de la civilización y de la historia del país y asimismo de ocasiones graves, singularmente en el campo de la familia, atribuyendo esto de manera indirecta a la revolución cubana, sin refererir jamás a esta última. Era clarísimo al investigar los alegatos, que para el Papa, la revolución era un paréntesis en la historia, que debía encerrarse a la mayor brevedad, para regresar a una situación normalizada, donde la Iglesia podría recobrar su espacio clásico . Papa condenó el embargo estadounidense contra Cuba, como lo logró para otras ocasiones afines, por servirnos de un ejemplo, a propósito de Irak. Él creía que esto afectaba a la situación de las ciudades de forma inaceptable. Su relación con Fidel Castro fue efectiva a título personal, los dos tenían una apreciación recíproca franca pese a las diferencias de concepción de todo el mundo. El intelecto política de Fidel contribuyó a un feliz avance de la visita del Papa, a lo largo de la que ningún hecho se causó. marcha desde antes del Concilio Vaticano II y animadísima por nuestro Concilio y por la charla del CELAM en Medellín en 1968, por miedo al comunismo, que representaba para él, por su filosofía atea, el riesgo primordial para un conjunto de naciones en la mayoría de los casos católico y primordial base popular de la Iglesia. Su política de ascenso de obispos conservadores, para mudar las orientaciones de las charlas episcopales entró en exactamente la misma lógica. Solo la charla brasileira ha podido soportar mucho más tiempo a esa orientación. Esta política eclesiástica correspondió a la etapa neoliberal del capitalismo que afectó fuertemente al conjunto de naciones latino americano. La disminución de un deber extremista de los católicos contribuyó asimismo al desconcierto de los movimientos populares. No obstante, esto no significó la desaparición de las corrientes católicas progresistas popular y políticas. Existe todavía una Iglesia comprometida, menos aparente que anteriormente, menos apoyada en los centros de poder espiritual, pero no menos real. La pérdida del acompañamiento institucional significó enserio un debilitamiento de la visibilidad y de la comunicación. situación sudamericana y la concepción de la Iglesia por norma general. Debemos ver primero que sus tareas en la Congregación de la Defensa de la fe se limitaron a un papel de definición teológica mucho más que de compromiso directa en la política eclesiástica. Como teólogo, de capacitación muy profesional, tocó prácticamente todos los puntos de la doctrina y de la ética. Sus situaciones se caracterizaron por una fuerte resistencia a eso que amaba ser desviaciones, como resultado del Concilio Vaticano II. Actuó singularmente en tres campos: la teología, la concepción de la Iglesia y la ética familiar. Su concepción de la teología no le dejó admitir la corriente de teología contextual, caracterizada por otros teólogos alemanes, como J.B. Metz, B.Häring o Hans Kung. Esta visión cree que todo pensamiento teológico ha de ser comprendido en el contexto histórico y cultural. Por contra, el pensamiento teológico de Josef Ratzinger, muy congruente con el de Juan Pablo II, destaca el carácter absoluto de la teología, por su origen en la revelación divina que no soporte desviaciones. La jerarquía tiene por función garantizar la transmisión genuina de ese pensamiento. . En una lógica muy rigurosa, la fe católica se interpreta como la única plena y verídica, y la misión de la Iglesia de evangelización, como una pelea contra el secularismo, la persona de Jesús como el único salvador, la organización jerárquica de la Iglesia como inspiración divina. En el chato ética, él se concentró particularmente en la ética familiar y desde el comienzo de su pontificado, el nuevo Papa reafirmó sus situaciones, apoyando particularmente a los obispos italianos y españoles en sus luchas contra novedosas legislaciones en este dominio . el conjunto de naciones latinoamericano, la situacion de la Teología de la liberación ocupó especialmente el prefecto de la Congregación de la Defensa de la Fe. Merece la pena ver un tanto mucho más en aspecto de qué manera él actuó en este tema. En el mes de marzo de 1983, el cardenal Ratzinger envió al episcopado peruano «diez visualizaciones» sobre la teología de Gustavo Gutiérrez. El archivo de roma señalaba, primeramente, la seducción ejercida sobre los católicos del Conjunto de naciones por el creador. Pero, afirma el cardenal, la teología de Gutierrez está caracterizada por una extrema ambigüedad. Por una parte, presta atención prioritaria a la pobreza de las masas, pero, por otro lado, adopta sin crítica la interpretación marxista de la sociedad. Con este guion Gustavo Gutiérrez reinterpreta el mensaje católico, añade Josef Ratzinger. Se habla ya que de una reelectura selectiva y reductora, donde el explotado de el día de hoy es asimilado al pobre de la Biblia y donde acontecimientos, como el Éxodo (historia de Moises que guía al pueblo judío fuera de Egipto), se convierten en liberación política. El cardenal recrimina asimismo a la situación del teólogo peruano de caer en un mesianismo temporal, que confunde el desarrollo del Reino de Dios con el avance de la justicia. Afirma asimismo el cardenal que la predominación del marxismo se verifica con el predominio que da la Teología de la liberación al ortopraxis sobre la ortodoxia. Esperar que la experiencia en la pelea de liberación significa un acercamiento con el Señor y que manifiesta la presencia del Espíritu, es atentar contra la transparencia de la Revelación y su valor normativo, tal como contra el carácter concreto de la fe teologal. Además de esto, afirma el archivo de roma, estas situaciones llevan siempre a meditar que la pelea de clases atraviesa asimismo la Iglesia y que la oposición entre los hombres de Iglesia en compromiso con el poder por una parte y la Iglesia de los pobres por otro banda significa como resulta lógico el rechazo de la jerarquía y de su legitimidad. Esta lectura de los contenidos escritos de Gutiérrez es naturalmente parcial, pues no se corrobora tal reduccionismo. Hace aparición precisamente en la cabeza de Josef Rarzinger una doble preocupación: salvaguardar una concepción ahistórica y metafísica de la teología y preservar el papel único del magisterio eclesiástico (papa y obispos) para la producción de sentido espiritual. En otro archivo del mismo año, el cardenal Ratzinger condenó de manera durísima la Teología de la liberación, en función de su interpretación marxista de la verdad, realizando un amalgama entre análisis marxista y ateísmo. Para él, como lo afirmo después, usar el análisis popular del marxismo trae ineluctablemente la pérdida de la fe. Lógicamente, múltiples teólogos de la liberación respondieron a estas declaraciones. Fue la situacion de los hermanos Boff de Brasil. En frente de la situación real de las masas sudamericanas, emplear el término de liberación significa una lectura de «los signos del tiempo» como lo afirmaba Juan XXIII. Este enfoque incluye la dimensión trascendental de la fe, la liberación del pecado y la comunión gratis con Dios. En lo que se refiere al análisis marxista, dicen los hermanos Boff, forma una herramienta de análisis de lo real, arriesgado quizás, pero «lo destacado que poseemos para hablar de las ocasiones vividas». A lo largo de los años 80 y 90, el cardenal Ratzinger prosiguió escribiendo en este sentido y puso en marcha un desarrollo de opresión que comenzó con la exigencia de silencio y la interdicción de educar para múltiples teólogos en América Latina, hasta la excomulgación del Padre Misa Balasuriya de Sri Lanka. Es bajo su predominación que los sitios de capacitación teológica o pastoral controlados por la Iglesia católica han recibido la prohibición de educar la Teología de la liberación. Diríase que con el cambio de función, el Papa Benedicto XVI podría adoptar situaciones mucho más matizadas, ya que él no cumple el papel de guardián de la ortodoxia. Por otro lado, para ser escogido, precisaba los votos de un óptimo número de cardenales, precisamente conservadores, pero no siempre tan retrógrados como él mismo, lo que significó la necesidad de efectuar concesiones. El futuro afirmará exactamente en qué medida esto se hiciese. No obstante, es realmente difícil meditar que el Papa Ratzinger cambiará situaciones fruto de convicciones profundas y de una situación teológica establecida en todo cuanto no deja concesiones. Tenemos la posibilidad de apostar que la continuidad de un desarrollo de restauración va a ser la orientación del nuevo pontificado, quizás menos explícitamente política, pero mucho más sistemática, y que la renovación del catolicismo latinoamericano, en un desarrollo popular y político hemisférico de resistencia al neoliberalismo, proseguirá en una semi-clandestinidad institucional.————————————— ——————-

La religión en Europa

En los países de Europa occidental analizados por Actuall se da la educación de la religión bien como una asignatura mucho más del currículo obligación, como es la situacion del Reino Unido, Suecia, Finlandia o Grecia, u opcional como en Bélgica, España, Irlanda o Portugal.

Además, ciertos sistemas académicos que antes ignoraban la religión han incorporado a su plan de estudios materias con referencias religiosas, como los países que integraron la URSS.

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