delitos en la inquisicion contra la fe y la religion

Los orígenes de la Inquisición los tenemos la posibilidad de situar en la Francia del siglo XII, donde abundaban las distintas herejías en el cristianismo, como los valdenses y los cátaros, que se distanciaban de la Iglesia católica oficial y criticaban el carácter aparatoso de sus líderes. En 1184 el papa Lucas III decretó la normativa Ad abolendam, declarando herejes a todos estos conjuntos que negaban consciente y de manera voluntaria las verdades de la fe de la iglesia aun estando bautizados, y también pidiendo a los obispos a investigar y perseguirlo los.

Fue el prólogo al nacimiento de la Inquisición pontificia, a causa de la normativa “Excommunicamus” por la parte del papa Gregorio IX en 1231, donde la Iglesia encabezaría este desarrollo de utilizar penas a los herejes y logrando quitar sus recursos. Unos años después, en 1252, se admitiría la tortura como un procedimiento de presión para hallar la confesión y de este modo hallar a los herejes, o sea, a los desviados de la Iglesia oficial, y asimismo a judíos, blasfemos o brujas.

Torturas de la Inquisición

Otro enorme mito sobre la Inquisición debe ver con la tortura. Pocas veces aplicó la Inquisición “el tormento” contra estas mujeres. El potro, la mancuerda, el tormento del agua, de la escalera y tantas otras ocurrencias sádicas se reservaban singularmente para judaizantes, moros, iluminados, protestantes y quienes realmente suponían un riesgo tanto para la Inquisición para los reyes y sus ministros. No las hechiceras y brujas, supersticiosas sin más ni más que acostumbraban a abonar con azotes y destierro sus penas y jamás con la desaparición. En verdad, una sola mujer fue asesinada en toda la historia del tribunal de Toledo tras ser acusada de hechicera, la Manjirona, vecina del Carpio del Tajo a quien el alcalde de su pueblo se encontraba aguardando con la horca en mano en el momento en que va salir libre de su desarrollo inquisitorial. Y murió allí a cargo de ese alcalde una vez que la Inquisición le hubiese perdonado la vida.

Los moros y conversos sí conocieron la dureza de las torturas. Mari Pérez Limpati, de 19 años, fue acusada de “profesar la secta de Mahoma” y se le torturó “habiéndole dado hasta 5 vueltas de cordel. A la última pareció desmayarse tal es así que no respondía a eso que se le preguntaba, ni se quejaba, ni volvía en sí por enorme rato más allá de que se hiciesen ciertas diligencias con ella, y quedando de esta manera desmayada cesó la diligencia del tormento” . María Hernández, mujer del azacán Diego Hernández, vecina del vecindario de los Tintes con casa frontera en la iglesia de San Bartolomé, fue delatada por entrenar el mes de ayuno de Ramadán y torturada sin pruebas tan solo para obtener en su confesión los nombres del resto moros. Su osadía sorprendió a los inquisidores, puesto que María no delató a absolutamente nadie de los suyos, y tras ser torturada y acusada sin pruebas, salió exculpada.

En oposición a la ética

Entonces vendrían las reacciones contrarias a la ética, así como la bisamia (casado un par de veces), poligamias y poliandria, para la situacion femenino, ya que tenía que ver con la condición de la mujer que está casada con mucho más de un hombre.

Asimismo estaban las supercherías, o sea cultos que se daban a quien no hay que, de forma del mismo modo inconcebible, como la brujería o hechicería (que tenía que ver con un intento por controlar la naturaleza para generar desenlaces beneficiosos o maléficos), exactamente la misma la curandería, maleficios y los acuerdos.

Fernando Ayllón Dulanto

Historiador, politólogo, diplomado en Museología y Museografía. Jefe del Museo de la Inquisición y del Congreso (Lima-Perú).

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