de la religión considerada en sus fuentes formas y desarrollo

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Benjamin Constant escribió ciertas proyectos que pasaron a la posteridad, a impulso de la situación política, movido por el deseo, oportunista en mucho más de un caso, de lograr una situación en ciertos instantes definitivos que le va tocar vivir en Francia conmocionada por la herencia de 1789. El peso de las situaciones no impide, no obstante, que el simple y entretenido artículo de la charla que pronunció en el Ateneo de París, hacia 1819, sobre La independencia de los modernos equiparada con la de los viejos, forme una de las maneras mucho más educativas y estimulantes de arrancar el saber de la crónica de las ideas políticas en Occidente. Esta aptitud para explotar la ocasión y trascenderla en el tiempo, hace del mismo modo indispensable la lectura de sus Principios de política (1815), si se desean saber los argumentos y las especificaciones del Estado liberal, tanto si se mira a los autores iusnaturalistas del siglo XVII y los ilustrados del XVIII, tal y como si la atención se fija en la preocupación posterior del liberalismo por los efectos de la democracia y del socialismo sobre la sociedad liberal.

Peculiaridades de la religión

La religión muestra una sucesión de especificaciones que, en su grupo, la distinguen de otros sistemas de opiniones (como la filosofía o la política). Estas especificaciones son:

  • La creencia en la presencia de algo sagrado. Por poner un ejemplo, dioses u otros seres sobrenaturales.
  • La distinción entre elementos y espacios sagrados (la imagen de una divinidad, un templo) y elementos y espacios profanos.
  • La realización de actos rituales centrados en elementos y espacios sagrados. Por poner un ejemplo, frases, liturgias.
  • La presencia de un código ética que se considera origen sagrado o sobrehumano. Por servirnos de un ejemplo, los Diez Mandamientos.
  • La existencia de sentimientos y reacciones habituales, socias al contacto con los espacios y elementos sagrados ahora los rituales centrados en ellos o en seres sobrenaturales. Por servirnos de un ejemplo, sorpresa, adoración, culpa, miedo reverencial.
  • La utilización de distintas maneras de comunicación con lo sobrehumano. Por servirnos de un ejemplo, frases, sacrificios, danzas rituales.

    cristo

  • Una cosmovisión que incluye una explicación sobre el sitio que el hombre y el resto de la naturaleza llenan en el planeta, la relación entre ellos y el propósito general de la presencia. Por servirnos de un ejemplo, la iniciativa de todo el mundo como creación divina y del humano como centro de creación.
  • Una organización de la vida fundamentada en esta visión de todo el mundo. Por poner un ejemplo, la iniciativa, común a muchas religiones, de que la presencia de cada sujeto fué cierta por un dios desde la eternidad.
  • La capacitación de un conjunto popular unido por y hacia las opiniones compartidas. Por poner un ejemplo, la Iglesia católica o todas las distintas iglesias protestantes.

¿La democracia debe tolerar a esos que desean destruirla? (Raymond Aron, Introducción a la filosofía política)

«La cuestión que se expone, en la manera mucho más simple, es la próxima: es verdad que la democracia, por principio, debe tolerar a esos que desean destruirlos la ? Hete aquí mi contestación: en un plan rigurosamente teorético, ningún régimen se define por visto que no se defienda. De esta manera, la democracia no se define para asegurar que quien no desee el régimen de competición pacífica puede realizar cualquier cosa para destruirlo. El principio es, por adelantado, ordenar una competición pacífica para el ejercicio del poder. Por definición, esta competición pacífica se crea para todos los que admiten las reglas. Desde el instante en que los individuos o conjuntos sugieren que están contra el sistema, que son hostiles y desean destruirlo, los que admiten el sistema tienen todo el derecho de defenderse. Esto no es opuesto al comienzo democrático.

»La contrariedad radica en otro rincón: si no dejamos ser libres a los hombres desde el instante en que se oponen al sistema, si solo se da independencia a quien lo quiere, vamos a caer en la fórmula: «Ninguna independencia para los contrincantes de la independencia», fórmula que ofrece el despotismo integral representando a nuestra independencia. Teóricamente no hay contrariedad a fin de que los incondicionales del sistema democrático se defiendan. En la práctica resulta bien difícil, pues no se conoce de manera precisa dónde situar el límite desde el como la oposición es ilícita, o sea, el punto desde el como no se está en su derecho a formar parte en la competición.

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