de algunos monasterios que tuvo al principio esta religión

Clasificación tipológica de la fuente: crónica.

Artículo anunciado en Sigüenza 1907, 373-75. Libre en línea en Biblioteca Digital Hispánica.

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Las catorce Carmelitas Descalzas del Monasterio de San José de Maluenda desarrollan una almendradas, unas galletas navideñas, unos cantos rodados exquisitos y “unas pastas que agradan a todos”. Bordan estupendamente bien, fabrican formas para la Eucaristía y son excelentes trabajadoras. Están deseando vender bastante a lo largo de este tiempo de Adviento y Navidad para ir de a poco sufragando los costos expepcionales que van a tener tras las proyectos de ampliación de su obrador en parte del monasterio que se desmoronó hace unos años. «Es pura necesidad», dice a la Fundación la superiora de la Red social, la Madre Teresa Margarita.

El constructor y su aparato confían en que ellas les van a pagar y de ahí que, ahora se pusieron manos a la obra sin solicitarles de momento un dinero que no tienen. La Madre Teresa Margarita está interminablemente agradecida a ellos y confía en poder pagarlos a la mayor brevedad. De ahí que, aparte de su trabajo y de su oración, pide asistencia al mundo entero que les logre echar una mano. Agradecidas por adelantado por cualquier donación, por pequeña que sea, piden los nombres de todos los que contribuyan a solucionar esta urgente necesidad de su red social. Su intención es rezar por ellos y poner en el altar sus nombres para mencionarle al Señor quienes fueron “los ángeles que nos han ayudado ahora mismo de contrariedad”.

Tocar en la puerta de monasterios

Al comienzo, esto requerirá un periodo de oración y búsqueda, tocando en la puerta de múltiples comunidades religiosas y observando cuáles son las que mucho más tocan tu corazón.

No obstante, en algún instante este modo abstracta de discernimiento debe transformarse en algo preciso, visitando físicamente un monasterio o convento, pasando unos días.

Apunte

El monasterio ha subsistido a varios terremotos que tal como dañaron una gran parte de las construcciones, asimismo motivaron su restauración. Santa Catalina no es solo una reliquia. Es un museo vivo. Allí prosiguen viviendo las hermanas del orden de las Dominicas, y contactarlas es viable por el ingreso de la calle Bolívar.

Ellas como ya hace siglos prosiguen acompañando la vida espiritual de la región y a través de la venta de modelos elaborados por ellas a lo largo de los recorridos turísticos reúnen fondos para continuar haciendo proyectos de carácter popular.

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