cual es la religion de la reina de inglaterra

Estuve la semana anterior en Roma dando una presentación a la Pontificia Academia de las Ciencias. Quizás mucho más adelante compartiré algo de lo que enseñé y aprendí en esta charla. Tenía premeditado ir la semana siguiente a Inglaterra con mi aparato de Word on Fire para una secuencia de hablas y acontecimientos. Pero en la mitad de la travesía en Roma, nos enteramos de que la Reina Isabel II había fallecido. Tomamos inmediatamente la resolución de postergar el viaje a Inglaterra para mucho más adelante. Pero estuve pensando mucho en la Reina a lo largo de esos días, en especial mientras que me maravillaba la fantástica pompa cerca de la liturgia de su funeral. Estoy conforme con el ejército de críticos y comentaristas que han alabado a Isabel por su resolución, devoción al deber, sangre fría frente a las pruebas y amor por el país. Pero me agradaría centrar una atención particular sobre una dimensión de su historia que muy de manera frecuente se pasa por prominente: su fe Cristiana sin complejos.

Quizás no sea bien conocido el día de hoy como lo fue en algún momento, pero el monarca de Enorme Bretaña no es sencillamente un personaje político y cultural sino más bien asimismo precisamente espiritual. A lo largo de la liturgia de coronación de la Reina Isabel en 1953, la novedosa gobernante fue presentada con cetro, orbe, anillo y corona, todos los que se encontraba ornamentado con la cruz, simbolizando el señorío de Cristo sobre el planeta. Y si bien se encontraba cercada a lo largo de esta liturgia con la corona de joyas, recibió una Biblia que fue descrita de este modo: “lo mucho más apreciado que está al alcance de todo el mundo”. El instante mucho más sagrado de la coronación fue la unción, a lo largo de la que Isabel, sin vestir la insignia real y solo con un vestido blanco, fue ungida con crisma por el arzobispo de Canterbury, que suplicó a fin de que el Espíritu Beato l eligiera para ser útil.

Ascenso al trono

Con la desaparición de Enric en 1547 y el ascenso al trono de su frágil hermano Eduardo, de diez años, la vida de Elizabeth logró un giro arriesgado. Eduardo VI (1537-1553) murió solo 6 años después y tras su muerte María, media hermana de Elizabeth, ascendió al trono.

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María se encontraba con seriedad preparada para regresar a Inglaterra en el seno de la Iglesia de Roma, lo que despertó una amarga oposición protestante.

Si bien a lo largo de este tiempo Elizabeth profesó ser católica y leal a María, varios protestantes y católicos aceptaron que su profesión de fe y lealtad eran falsas, algo que jamás se supo, en tanto que sus situaciones religiosas privadas siempre y en todo momento fueron un secreto.

El papel de la Reina como líder religiosa

Al tiempo que bastante gente no la veían como una líder religiosa, ella tomó un juramento en su coronación que delineó su papel en la Iglesia de Inglaterra. Este papel no incluía solo respaldar las doctrinas de la iglesia, sino más bien asimismo un papel formal en el ascenso de obispos y arzobispos.

Isabel II nombró siete arzobispos de Canterbury a lo largo de su reinado y varios integrantes del clero. Instantes visibles de su orden como gobernadora de la Iglesia tienen dentro el ascenso del obispo Wilfred Wood, el primer obispo negro de la Iglesia de Inglaterra, en 1985, y el polémico ascenso de la obispa Libby Lane, la primera mujer en llegar a este rango, en 2015.

No oculta su fe

Si bien todavía hay barreras por sobrepasar, el ejemplo de perseverancia de la Reina, su intención de diálogo y, al fin y al cabo, su deber total de ser útil a su fe nación es un testimonio de liderazgo inestimable para todos.

Como apuntó el obispo de Shrewsbury, Mark Davies, a lo largo de su homilía de la celebración de Pentecostés, «la Reina no oculta que es su fe cristiana la que le permitió contestar a las incontables demandas de la su historia durante siete décadas. Una vida marcada por un ritmo períodico de oración y culto dominical que fué el hilo conductor de todos y cada uno de los cambios y conmociones de su reinado. En verdad, en la era actualizada es realmente difícil imaginar de qué forma se podría vivir un servicio de tan extendida duración sin ese sentido de vocación cristiana».

La fe, «ancla de su historia»

Sus alegatos de Navidad un año tras otro revelan una alguna evolución en la manera en que evoca su fe personal y valores cristianos como el perdón, la reconciliación, el cariño y el sentido de servicio.

A lo largo de los últimos 22 años de su reinado, como resalta The Guardian en el producto de 2017, sus mensajes tomaron un tono distinto, prácticamente íntimo. A la reina le agrada charlar de su fe como «el ancla de la vida». De hecho, como apunta Pepinster, desde el año 2000, Isabel II decidió dedicar el mensaje de Navidad a la crónica de la vida y enseñanza de Cristo:

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