contenidos de la asignatura de religion en la escuela

En el mes de mayo de 2002 la ministra de Educación, Cultura y Deportes anunció la definición de una opción alternativa a la asignatura de religión equiparable a esta materia, cuyo contenido versaría sobre “el hecho espiritual desde un criterio laico y cultural y los valores constitucionales y democráticos”. Las dos se integrarán en una exclusiva área de “Sociedad, Cultura y Valores”. En las novedosas condiciones, las dos materias se van a hacer evaluables y calculables a efectos de la nota media de cada curso, pero no van a contar a efectos de la promoción de curso y tampoco en el momento de entregar becas. Se amplían asimismo los tutoriales en los que se dan, añadiéndose a Principal, donde no había enseñanza religiosa, y en el primer tramo de la ESO. Esta predisposición del ministerio, introducida en la novedosa Ley de Calidad de la Enseñanza, ha cedido a las primordiales solicitudes de la Iglesia y de los colectivos católicos.

La asignatura de Religión Católica en los estudios no universitarios (Principal, Secundaria y Bachillerato) es una materia de actualidad en España desde la transición democrática. Los diferentes gobiernos españoles fueron dando distintas resoluciones a esta cuestión, sin lograr hasta la actualidad un consenso.

Precisa y lícita

A fin de que esto sea una situación, no es un tema accesorio enfrentar la cuestión de la carga laborable que las comunidades autónomas dedican a la asignatura. De esta forma lo ha reflejado la comisión episcopal en una declaración leída por el obispo de Lugo, Alfonso Carrasco Rouco, tras su publicación en el BOE. Para el prelado, el número de horas por semana destinadas a la materia confesional debe expresar “la cuenta que merece una asignatura que articula un derecho de las familias y que se refiere a dimensiones de la verdad que afectan bastante y de cerca al alumno”.

Alén del horario, desde la comisión asimismo se ha defendido que la asignatura resulta que se requiere para ofrecer un contenido preciso a la afirmación de la centralidad de la persona, al soliciar una atención real a el alumno en su identidad mucho más propia, que supone tener en consideración su cultura, lenguaje, religión, familia, situaciones particulares”. O sea «irrenunciable para una entendimiento correcta de la educación».

El acercamiento en el espacio escolar entre un profesor de religión enamorado de su profesión y un alumno con interés tiene como fruto provecho inestimables con vocación de eternidad. La polémica que está acompañando a la asignatura de religión no hace justicia a la total independencia que tienen los progenitores en el presente sistema educativo de escogerla o no y menos aún a la excelencia y también relevancia de sus contenidos.

Los contenidos de la clase de Religión, en contraste a otras materias que tienen por objeto puntos parciales de la Creación, estudian “nuestro Constructor” y su relación con nosotros y el resto criaturas. Estudian a Jesucristo, la persona mucho más impresionante y digna de estudio que pasó por la crónica de la raza humana. Estudian a María, la mujer “bendita entre las mujeres”; asimismo se estudia la Sagrada Biblia, el libro mucho más vendido de la historia; la Iglesia, institución que pervive en el tiempo ya hace 2000 años, etcétera.

Unos entendimientos que al tiempo dan una rigidez mayor a las otras materias. Estudiar a nivel científico la naturaleza o el cuerpo humano como fruto del amor y la sabiduría de un Dios Constructor o la razón profunda que ha inspirado la poesía de Teresa de Jesús, la pintura y la estatua de Miguel Ángel o la arquitectura de Gaudí es comprender las cosas por su causa última, principio primordial de la investigación científica para comprender y argumentar la verdad.

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