conflictos por religion en la epoca de felipe 2

El historiador Enrique Martínez Ruiz, creador de la biografía Felipe II Hombre, rey, mito (La Esfera) forma parte a la escuela de los estudiosos que agradan de argumentar antes de evaluar, y que piensan que los hechos históricos tienen que ver siempre y en todo momento al espéculo de su tiempo.

Catedrático de Historia Actualizada de la Facultad Complutense, Martínez Ruiz se atiende a los hechos, dando fe, por el hecho de que como él afirma «el historiador es una suerte de notario de lo que pasó y lo que ha realizar es procurar entenderlo y comunicarlo, pero no esperar justificarlo». Repudia la iniciativa de comprobar el pasado a la luz de las inquietudes políticas del presente, tal y como si las certidumbres de nuestra contemporaneidad no estuviesen sometidas al tiempo al escrutinio del tiempo, ahora la revisión de quienes van a venir.

El mito de la Reconquista

El desacierto de emplear un término como Reconquista para argumentar el objetivo del islam peninsular procede de una causa mucho más profunda, relacionada con las adversidades insuperables que muestra cualquier intento de distinguir entre opiniones propias y foráneas, a menos que se realice desde la mucho más completa arbitrariedad. Si el islam se considera como una fe llegada de fuera es por una razón que asimismo forzaría a estimar al cristianismo como extranjero: ninguna de ámbas religiones tuvo su origen en la península. Por consiguiente, si una se cree como propia y otra como extraña es, simplemente, por el hecho de que en algún instante se escoge que esto sea de este modo, anteponiendo las ventajas que se estima obtener de esta problemática operación a las incongruencias en las que se incurre y también, aun, a las exorbitantes secuelas que se provocan. Las ventajas eran manifiestos, y de ahí que la preocupación de los Reyes Católicos por rodearse de una legión de notarios y cronistas que pusiesen sus hazañas en el contexto que convenía a su interés político: al enseñar la presa de Granada como culminación de ‘una Reconquista inmemorial, Isabel y Fernando mencionaban a una recóndita conquista anterior, lo que dejaba enseñar como protectora una guerra que, de la misma tantas de la temporada, ha podido ser de agresión. Además de esto, la insistencia en que sus acciones militares culminaban una pelea iniciada siglos atrás concedía una dimensión milenaria a sus ambiciones, dando permiso reclamar una cuenta particular, un privilegio, en frente de otros monarcas de la cristiandad, dentro y fuera de la península .

Pero, al lado de las ventajas, las incongruencias. Si el mito del apóstol Jaime sostuvo su vigencia durante los siglos fue pues, de alguna manera, sirvió para solucionar lo que Claudio Sánchez Albornoz definió ilustrativamente como un misterio, en el momento en que tenía que ver con una contradicción, producto de tomar por hechos contrastados que ofrecía la publicidad al servicio del emprendimiento político de los Reyes Católicos. ¿Por qué razón España podía reclamar el cristianismo como una parte de su esencia si, de la misma el islam, proclamado religión conquistadora y, consecuentemente, foránea, había surgido asimismo en el exterior de las fronteras? El mito tenía por función deshacer la contradicción, sostener la congruencia de una narración construida desde una arbitrariedad interesada: el apóstol Jaime extendiendo la fe en la península y, al final, sepultado en Galicia, se erigió en nexo argumental indispensable entre la crónica de España y la del cristianismo, con el ineludible corolario de transformar el enclave en el que la historia de historia legendaria situó la tumba en una segunda Tierra Santa. Merced a Jaime ahora la historia de historia legendaria construida a su alrededor, podía resolverse en parte la incongruencia de declarar nativa una religión que, como el cristianismo, no era menos foránea que el islam o el judaísmo si se atendía en el sitio donde brotó y no a aquel en el que se profesaba.

Felipe III

A lo largo del reinado de Felipe III no hubo varios encuentros contra el turco, el Imperio otomano atravesaba una crisis política por la que abandonó sus metas occidentales. Si bien había que guardarse de los piratas en las costas mediterráneas, es verdad que por el momento no habría enormes líderes como Barbarroja o Dragut. En este periodo resaltan 2 encuentros: el de Cabo Corvo en 1613 y Cabo Caledonia en 1616. A nivel de adentro debemos rememorar que en 1609 Felipe III hizo la expulsión de los moros de la península, tanto por causas religiosas como políticas.

La expedición que desembocó en la guerra de Cabo Corvo (cerca de la Isla de Samos, Grecia) fue estructurada por el recién nombrado virrey de Sicilia Pedro Téllez-Girón. Esta tierra era regularmente asediada por los piratas turcos y la flota no se encontraba en condiciones para proteger la región. El virrey Téllez no solo reparó la flota, sino la preparó para una expedición a tierras turcas. Una de sus mayores victorias fue repeler una flota turca que procuraba tomar Messina en 1612. En 1613 puso a cargo de la flota el comandante naval Octavio de Aragón, que partió rumbo al mar Egeo al cargo de sus ocho galeras. En el mes de agosto de 1613 se encontraron la flota de españa con diez galeras turcas a cargo de Sinarí Bajá. De Aragón logró la victoria, atrapó siete de las diez galeras y liberó mil doscientos esclavos.

Deja un comentario