comparando la religion judia y musulmana en el bautismo

III.- LA TENTACIÓN DEL ISLAM (1996)

Si bien no sea preciso decirlo, quizá convenga declarar al fin y al cabo que no entra en mis pretenciones entablar sobre el islam el menor juicio de valor. Una religión que se ha extendido sobre una vasta extensión de la tierra, cuyos seguidores están a puntito de exceder en número a los cristianos (reunidas todas y cada una de las confesiones); una civilización congruente; un arte impresionante: todo escapa lógicamente a un juicio global. En su avance, el islam con el paso del tiempo recubrió enormes territorios pueblos de cristianos. Estos se transformaron o se favorecieron de un estatuto judicialmente definido, el de dhimmi. De esto resultó que bajo la dominación musulmana, el número de los cristianos redujo todo el tiempo, bien a fin de que las conversiones fuesen simples y veloces, bien por el hecho de que el estatuto de dhimmi enquistó núcleos cristianos poco a poco más reducidos por la emigración, la presión popular y el proselitismo. Por parte cristiana, la situación fue a lo largo de bastante tiempo simétrica, y la asamblea de fuerzas condujo en ocasiones a la supresión del islam, de este modo en España y en Malta. La reconquista de los Balcanes, la expansión de los imperios rusos, franceses, ingleses, holandeses pusieron a ciudades inmensas musulmanas bajo el yugo de Estados aproximadamente secularizados, pero de tradición cristiana, si bien muy dividida, y considerados como cristianos por los musulmanes. Bajo este dominio, que duró con frecuencia mucho más de un siglo, las ciudades musulmanas no se hicieron cristianas y las mujeres solo se casaron con musulmanes. No hubo conversión ni mezcla. Ya hace un siglo, tres componentes han cambiado la situación. El islam por el momento no padece en ninguna parte el dominio europeo. La supresión progresiva de las minorías de europa (tenidas por los musulmanes como cristianas) está en curso de supresión. En la Edad Media, los observadores preveían la extinción de las viejas cristiandades locales (maronitas, coptos, armenias, sirias…) y ciudades inmemorialmente estridentes, Estambul, Alejandría, no albergan a mucho más cristianos en número importante. Al fin millones de musulmanes se instalaron en Europa occidental. En Francia, se valora su número entre tres y cinco millones. La cifra no es moco de pavo de entablar, para estar funda nuestra República sobre principios laicos, la administración no está autorizada a seguir (como es viable no obstante en USA y en Alemania, del mismo modo laicas) a un censo espiritual. En Francia, otros fundamentos se oponen. Limitémonos a constatar el hecho: es imposible discriminar so pena de ser acusado de «racismo» entre los distintos inmigrantes, designados todos como «extranjeros» si bien en grupo la población francesa de origen sepa realmente bien que en medio de estos últimos hay unos mucho más extranjeros que otros y que entre un Magrebino y un Portugués, el primero se considera como menos próximo por el mero hecho de que sea musulmán. El tabú del “racismo” es mucho más arriesgado pues no tiene que ver con raza sino más bien de religión que nuestro laicismo por principio nos impide tener en consideración. Asimismo, este tabú corre el peligro de realizar nacer ese racismo al que se piensa que conjura. Dejemos estas generalidades históricas que no está en mis pretenciones especificar. Mi propósito es simplemente investigar cuáles fueron las reacciones de los cristianos como semejantes hacia el islam. Ya hace catorce siglos que viven en contacto con él, los cristianos le tuvieron en la mayoría de los casos como tan extranjero tal y como si estuviesen separados por mares. La curiosidad recíproca fué enclenque. Se lamenta esta ignorancia recíproca, que no obstante se estableció desde los inicios, con la fuerza de una separación constitucional, mucho más fuerte que la que apartaba a los cristianos del paganismo greco-de roma, y de este modo ámbas comunidades, cristiana y musulmana, adoraban exactamente el mismo Dios. El día de hoy todo semeja ir de diferente forma, hace unos años, el arzobispo de Marsella, se enseña, tenía pensado enserio ofrecer a los musulmanes de su localidad, a fin de que hiciesen una mezquita, la iglesia baja de la Virgen de la Almacena . Entramos en una librería católica: observamos libros con títulos locuaces: Yo hallé el islam; 2 fidelidades, una promesa; Huésped de Dios, sé bienvenido; Para saber el islam; El islam, hallazgo y acercamiento; Las Tres Vías del Único; Tres mensajeros para un solo Dios, etcétera. Mucho más adelante examinaremos esta literatura. Nos proporciona sobre el Islam aclaraciones hermosas; muestra asimismo una actitud de benevolencia, de reverencia, de irenismo y de benignidad, que a veces llega hasta generar la sospecha de un ecumenismo «sin fronteras», como dicen (o sea de un sincretismo), simple y , si se muestra la situacion, falaz. Vale la pena ver atrás, hasta los principios de la «disputa» cristiana con el islam. Después tiraremos una ojeada a la disputa moderna.

El encarnizamiento con la familia de Eulana Englaro

Benedicto XVI se mostró inflexible con la solicitud del padre de la joven Eulana Englaro, en coma y atada a lo largo de 17 años a una máquina que la sostenía viva, que se le suspendiese la nutrición artificial que eternizaba su martirio y el de la familia. Aun logró movilizar a Silvio Berlusconi en su asistencia a fin de que detuviese la sentencia de un tribunal que, en último término, dejó que se le dejase fallecer el pasado 28 de enero, y sacó la división a la sociedad italiana. Ratzinger ha actuado como ahora logró con Piergiorgio Welby, un enfermo desahuciado que logró meses antes que les desconectaran del respirador que le daba vida: dando orejas suecas a las necesidades de clemencia. Exactamente el mismo día que Welby era despedido por los suyos, en frente de la parroquia donde le negaron los entierros, el Pontífice efectuado un alegato en pos de la vida hasta «su ocaso natural». Su especial visión de la defensa de la vida le ha conducido del mismo modo a librar una guerra sin cuartel contra el aborto que ha alimentado reacciones como la del obispo de Recife (Brasil), José Cardoso Sobrinho, quien en su afán de sobrepasar el Papa excomulgó de manera inmediata no solo a los médicos que practicaron un aborto a una pequeña de 9 años que había sido violada por su padrastro, sino más bien asimismo a la madre que le resguardaba.

El último en reprochar su estrechez de miras en el momento de condenar las relaciones gays fué el exprimer ministro británico Tony Blair, un protestante que un par de años atrás se transformó al catolicismo al dejar el cargo . Blair ha proclamado últimamente que el Papa sostiene sobre esto una actitud «clausurada» y menos condescendiente que la de la mayor parte de los católicos. Hace meses, Ratzinger volvió a usarse intensamente contra el colectivo gay equiparando el daño que ocasionan las reacciones complacientes con las relaciones gays con la destrucción de la selva virgen producida por el cambio climático. Entonces vendría la negativa a subscribir una declaración de la ONU en pos de los derechos de los gays, auspiciada por Francia y suscrita por 66 países, que demandaba la abolición de la pena capital que todavía pesa sobre los pertenecientes del colectivo a distintas países de todo el mundo, con el motivo de que lo que se procuraba era allanar el sendero hacia los matrimonios gais. Las críticas del Pontífice sobre la homosexualidad, que en su etapa de cardenal calificó aun de «mal ética intrínseco», son «innecesariamente ofensivas», declaró el ministro holandés de Relaciones Exteriores, Maxime Verhagen, de filiación democristiana, que se ha quejado de esto en el nuncio del Vaticano en su país.

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