como era la religion en la constitucion de 1836

Las Siete Leyes Constitucionales o Constitución de Régimen Centralista de 1836 es un grupo de leyes de rango constitucional, decretadas el 30 de diciembre de 1836 por el presidente interino de México, José Justo Corro. Las leyes brindaron forma a un régimen centralista, opuesto al régimen federal predeterminado en la Constitución de 1824.

El importancia en la promulgación de las Siete Leyes recae sobre el presidente interino José Justo Corro, si bien se cree que el artífice de exactamente las mismas fue Antonio López de Santa Anna.

¿Qué es la Constitución mexicana de 1824?

La Constitución mexicana de 1824 fue la carta magna de la república mexicana, que nació ese año y pasó a nombrarse desde ese momento USA Mexicanos. Entró en vigor el 4 de octubre de 1824, tras la caída del Primer Imperio de México, que había encabezado Agustín de Iturbide.

Esta Constitución definía a la nación mexicana como una república representativa habitual federal, libre y también sin dependencia, cuya única religión oficial y autorizada era el catolicismo. Fue redactada por un Congreso General Constituyente convocado en 1823 por un triunvirato que ocupó provisionalmente el gobierno tras la abdicación del emperador Iturbide. El triunvirato se encontraba que viene dentro por Pedro Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, y era llamado Supremo Poder Ejecutivo.

Ciertas problemas

Nótese que el histórico enfrentamiento entre el Estado y la iglesia católica es lo que llevó a limitar la participación política de los ministros de culto de todas y cada una de las religiones (protestantes, mormones, judíos, presentes de Jehová, etcétera.). De esta forma, se ha conceptualizado como fin constitucionalmente legítimo. No obstante, me da la sensación de que las causas expresadas tanto por la Salón Superior como por la Salón Guadalajara en el instante de correr el test de proporcionalidad no llegan a justificar esta restricción y dejan de lado distintas problemas y planteamientos de fondo.

De entrada, se prohíbe la participación política de ministros admitiendo como idea que su única finalidad va a ser fomentar en automático y sin duda los intereses de la iglesia, y que frente este ámbito se corre el riesgo que los temas del Estado vuelvan a estar a cargo de esta. Desde mi visión o sea absurdo por el hecho de que se una parte del prejuicio de que a los ministros de culto solo les atrae proteger los intereses de sus iglesias, algo que no siempre es verdad. Un ministro de culto, como cualquier persona, tiene la posibilidad de tener inmensidad de fundamentos para buscar formar parte en política y no siempre debe ver con solo una y también indudable razón. Poseemos casos reales de curas que legítimamente persiguen otras agendas, no siempre las religiosas, como el padre Solalinde, activista y defensor de derechos humanos.

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