como e llama quien estudia la historia de las religiones

Comienzo este ensayo con una observación: me semeja irrealizable sintetizar en múltiples páginas las primordiales contribuciones de Jean Meyer a la historia del fenómeno espiritual. La fácil cuantificación de su vastísima obra es una labor que necesita una revisión tolerante de catálogos bibliotecarios y de innumerables gacetas, periódicos e inclusive webs. A sus 79 años, nuestro creador sigue tan activo como en tiempos de juventud: redacta una columna semanal para El Universal, mira con aspecto todos los contenidos escritos que aparecerán en la gaceta Istor y está por comunicar su nuevo libro sobre los «arreglos» de 1929 entre México y la Santa Sede. En otras expresiones, todavía no es el instante de efectuar un cómputo final y completo de un corpus historiográfico que, en algún instante del futuro, habrá de ser objeto de una estricta biografía intelectual. Por el momento solo me resulta interesante resaltar ciertas claves básicas para arrimarse a un creador cuya obra todavía es una enorme introducción a la historia del cristianismo, tanto en México como a nivel global. No me atrevo a detectar acólitos suyos, pero sí pienso que todos y cada uno de los que hemos escrito algo sobre estos temas a lo largo del último medio siglo, por lo menos en la academia mexicana, vamos a arar una tierra que él trabajó primero.

La primera clave de su obra –especialmente aparente en su primer enorme libro, La Cristiada– es el cuestionamiento de los sitios recurrentes sobre el papel de la religión en la historia. Hijo de una familia católica alsaciana y integrante de una generación maravillada por la Revolución cubana, Meyer llegó a México prácticamente por incidente en 1962, con un bagaje de ideas preconcebidas sobre las revoluciones campesinas sudamericanas y un emprendimiento de proposición de maestría sobre la participación estadounidense en la Primera Guerra Mundial. Por fortuna, su fascinación por México fue tal que decidió mudar los intereses y efectuar una investigación doctoral sobre la revolución zapatista. Fue en ese instante en el momento en que uno de sus compañeros de facultad, el jesuita mexicano Jorge López Moctezuma, le aconsejó que se fijara mejor en la rebelión cristera, un movimiento campesino sui generis que había sido prácticamente ignorado por la historiografía académica.

¿Exactamente en qué radica la Carrera de Religión?

La Carrera de Religión se nucléa en la educación del estudio científico y multidisciplinar de las religiones. Este comprende sus mitos, ritos, valores, reacciones, hábitos, doctrinas y opiniones. El propósito de la capacitación es investigar los fenómenos religiosos desde una visión comparativa a través de la descripción y la interpretación.

Tiene un campo de estudio multidisciplinar que abarca y sistematiza conclusiones de distintas ciencias, como la filología, la historia, la antropología, la sociología y la psicología, entre otros muchos. Tiene una base histórica pues centra su estudio durante la historia. El enfoque que se le da es teorético, con una visión centrada en la entendimiento y la investigación. Es una carrera que enseña a transcribir incógnitas que el hombre tiene en lo concerniente a la fe.

¿Qué es la Historia?

La Historia es una especialidad en el campo de las Ciencias Sociales que tiene por objeto de estudio el pasado de la raza humana, tanto el reciente como el recóndito, y que se basa en el análisis de diversos tipos de fuentes.

Los estudios históricos se efectúan siguiendo un procedimiento científico (particularmente, el “procedimiento histórico”) consensuado por los expertos. No obstante, los historiadores no tienen la posibilidad de hablar del pasado así como fue; sus estudios son reconstrucciones que, siendo interpeladas desde el presente, tienen la posibilidad de interpretarse de diferentes formas.

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