cátaros y cataros la historia oculta de las tres religiones

Mircea Eliade, autoridad mundial en el estudio de las religiones, enseña que las opiniones de los cátaros derivan de 2 doctrinas: la de los albigenses del siglo XII, un movimiento herético católico que tuvo 2 etapas y tenía su centro en la localidad francesa de Albi, y la del bogomilismo, que apareció en Bulgaria en el siglo X, se asentó después en Bizancio y se extendió hacia occidente. Los dos sistemas de opiniones coinciden en el gnosticismo y el dualismo; además, tienen un origen, una composición, una mitología propia y una base ética complicada. No es el espacio para desarrollarlas, pero vale una mínima introducción…

El gnosticismo, considerado innovador, no piensa que el cosmos haya sido desarrollado por una causa capaz y benevolente; por contra, mantiene que el planeta fué desarrollado por un demiurgo desinformado, y que por consiguiente el planeta es malo. Piensa que el humano es superior al planeta por el hecho de que tiene un espíritu procedente de generaciones divinas y legado por un Padre lejano y bueno. Evadirse de todo el mundo es entonces la meta de los nósticos. Para los nósticos, Jesucristo no tuvo cuerpo físico, es el enemigo del demiurgo y su función es despertar al hombre la chispa del espíritu que tiene. El planeta físico es malo y hay que intentar prescindir de él lo mucho más viable, solo lo espiritual es bueno.

Modelo de organización de los cátaros

Desde 1167 se habrían ordenado múltiples obispados cátaros, como el de Albi, Toulouse, Carcasonne y Agen.

Los cátaros festejaron en 1174 el concilio de San Félix de Caramán, donde se juntaron los obispos cátaros del norte de Francia, Albi y Lombardía, y representantes de las iglesias cátaras de Carcasonne y Toulouse, siendo encabezado este concilio por un papa, el oriental Nicetas o Niquinta de Constantinopla.

Presentación

En 2001, ciertos años después mi acercamiento “casual” con Montsegúr y la crónica de los Cátaros, que anticipé a “viaje al castillo de Montsegúr”, editado en la sección “ cuentos”, explotó en mí una necesidad irreprimible de enfocar mis cuidados mentales, y asimismo cariñosos, a entender mucho más, para identificarme, con la crónica de este pueblo mártir, por el que había sentido rápidamente una profunda empatía.

Había dejado de lado, en bloque, toda clase de intereses, asimismo un trabajo de consejos que tenía su relevancia económica; todo me parecía como pura vanidad, mundanería material, sin relevancia en relación a la misión hasta la que me sentía empujada.

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