castigos si comes algo que tu religion te prohibe

Estimadísima Amelia: En esta ocasión he retrasado en responderte y sabes por qué razón. Hace quince días mi madre murió, entre las vivencias mucho más tristes y desoladoras que debe vivir el hombre. Era muy mayor y llevaba años inválida, en relación completamente del resto salvo para meditar y charlar, en tanto que preservó la cabeza clara prácticamente hasta el último día. Debía pasar, e inclusive era bueno que pasara cuanto antes, pero aún de esta forma, es duro y cuesta admitirlo. La desaparición no se comprende, no pienso, desde un contexto espiritual. Por el hecho de que la creencia en otra vida y la promesa de que no todo se termina en esta, de todos modos no consuelan de la desaparición material, despiadado y absoluta de la persona que muere. Alguien que siempre y en todo momento estuvo conmigo, desde el instante en que nací, de súbito deja de estar de una forma ahora irreversible: es una situación tremenda. Solo acercamiento una enclenque asistencia para la resignación en esa iniciativa de trascendencia que venimos opinando. Si algún sentido tiene la sepa determinante de un individuo cercano, por lo menos para mí, es la cuenta de que alguien trasciende a la desaparición física de la persona y continúa entre los vivos: los recuerdos, la continuidad familiar, las gratificaciones habidas, los sufrimientos conjuntos, las experiencias que la desaparición no arrastra consigo. Esta pervivencia tal como la intención de sostenerla pienso que es todo cuanto hay que conseguir alén de la desaparición.

A la luz de todo lo mencionado que me ha tocado vivir tan últimamente, puedo regresar, en este momento quizá de manera menos abstracta, sobre la cuestión que te proponía en mi última carta. ¿Tiene alguna herramienta o función la religión hoy día? Tú pones en cuestión que charlamos aquí de herramienta, pero aun de esta forma nos comprendemos. Como afirmas, no es consuelo lo que la religión ofrece; estoy conforme y la experiencia recién vivida de la desaparición me lo corrobora. A absolutamente nadie que no busque autoengañarse le puede consolar un rencuentro postemporal y posmundano con el que se fueron, que va a pasar en términos inpensables y extraños. Quizás se puede ofrecer una promesa muy difusa, pero no precisamente un consuelo.

En la Biblia hay en torno a 48 referencias a “Sodoma y Gomorra” donde se charla de opresión, injusticia y también idolatría, en ningún caso de “homosexualidad”.

Mencionan al pasaje bíblico que cuenta en el momento en que Lot recibió a unos huéspedes y los ciudadanos de Sodoma deseaban tener relaciones íntimas con ellos. En ninguna parte se charla de una relación permitida entre 2 personas del mismo sexo sino más bien de abuso sexual que es muy distinta.

“Este artículo detalla un intento de violación, algo abominable en Israel como en todos y cada uno de los pueblos semitas pues el huésped era un ser sagrado. Entonces, lo que Dios castiga aquí es el intento de castigo a estos huéspedes”, apunta el padre Múnera.

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