aspectos positivos de la secularizacion respecto a la religion

En este contexto general, no puede asombrar que el ámbito general de secularización en la sociedad de hoy haya llevado asimismo, y más que nada, a una subjetivización extremista de la entendimiento de la conciencia, en el sentido de que frecuenta reducirse el increíblemente complejo fenómeno de la conciencia a la seguridad subjetiva del sujeto especial. Al aseverarse la conciencia como la subjetividad elevada a método último, contra el que no puede invocarse ninguna otra instancia, se considera como «una suerte de apoteosis de la subjetividad», tal y como si fuera una «roca de bronce», en que se rompen todas las otras instancias. No obstante, esta entendimiento, extensamente popularizada, oculta el enorme riesgo de que la conciencia, identificada con la seguridad subjetiva del sujeto especial, prácticamente ahora es imposible distinguir de las críticas personales de este y el sujeto se regresa aún mucho más ligado de las críticas dominantes. , con lo que la reducción de la conciencia del humano a su subjetividad exactamente no la libera, sino la esclaviza. En esto hay que ver indudablemente la mucho más profunda caída de la apelación, en la actualidad sobrestimada, a la conciencia, que representa, pero, si se mira mucho más intensamente, la transparencia del sujeto hacia lo divino y, con esto, genuina excelencia y dignidad del humano.

La extensamente constatable subjetivización de la entendimiento de la conciencia tiene su auténtica causa en que, de los 2 escenarios fundamentales del término de conciencia, uno es suprimido y al otro se le da mucha relevancia. La tradición cristiana expresó estos 2 escenarios con los conceptos de anámnesis y conscientes. Al tiempo que consciente significa el acto de conciencia en el nivel del juicio preciso, la anámnesis destina el estrato ontológico del fenómeno de la conciencia, en el sentido del recuerdo indispensable que tiene el hombre del bien y de la realidad, como lo expresó Agustí con estas expresiones: «o podríamos decir, realizando un juicio, que una cosa sea mejor que otra si no se nos hubiese inculcado una entendimiento básica del bien». Si se miran los dos escenarios en conjunto, entonces, instantaneamente de conciencia de la consciente, de lo que se habla es de utilizar el recuerdo indispensable del bien y de la realidad, en el sentido de la anamnesis, en las ocasiones vitales particulares del humano. Por contra, siempre y cuando el nivel ontológico de la anamnesis, esto es, de la voz audible y también imperiosa de la realidad y del bien, es suprimido al humano, queda de la conciencia solo el acto de conciencia, la conciencia como acontecimiento en ejecución, que no deja accionar en la anamnesis y compara la conciencia con la seguridad subjetiva del sujeto. En esta reducción, característica del pensamiento moderno, de la conciencia en el campo de la subjetividad, al que asimismo son recluídas la religión y la ética, está el punto mucho más bajo de la crisis cultural de nuestro tiempo. De ahí que, para sobrepasar esta crisis solo probablemente halla una medicina, como puso de relieve el papa Benedicto XVI a lo largo del viaje pastoral a Croacia: «Que la conciencia sea redescubierta como rincón de la escucha de la realidad y del bien, como rincón de la compromiso en frente de Dios y del prójimo -que es la fuerza contra cualquier dictadura».

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