aspectos de la religión griega en la novela erotica

“ Nerea se vistió con una túnica prácticamente transparente y comió un cuenco de fruta fría y agua desperdigada con algo de vino. El día podía iniciar.”

Con la sana intención de agradar la última y creciente demanda de varios leyentes de estas páginas, y coincidiendo con la asimismo reciente satisfacción que tuvo mi deseo por leer este libro cuyo razonamiento coincide con esta demanda y que en coincidencia con todo lo mencionado deseaba reseñar, me he resuelto a ofrecer cumplimiento a tantas satisfacciones, coincidencias y deseos y consumar el acto. Lo de llevar a cabo la reseña, deseo decir. Es bien difícil elegir si el género erótico es el que está en el marco de la novela histórica, o es el género histórico el que está en la novela erótica, o si esto da igual en lo más mínimo; lo único que semeja claro es que hay un factor masculino, el género, y otro femenino, la novela, y que se relacionan entre sí estando uno en el otro.

cristo

Y no es extraño que esta relación se constituya con determinada continuidad y sin posiciones forzadas en tanto que, por una parte, la horizontalidad (vista como línea cronológica del devenir humano) de la Historia, y por otra la su verticalidad (vista como análisis de un instante preciso), son situaciones que hacen más fácil la compenetración con el erotismo, cuya cómoda horizontalidad y sonriente verticalidad están fuera de toda duda. En todo caso, sea esta una novela histórica, histérica, erótica o urética (¿o todo lo mencionado al unísono?), el relato del escritor Javier Negrete piensa por lo menos una aproximación a estos 2 géneros, e inclusive a un tercero, el de la novela biográfica.

Afrodita (Venus para los romanos)

La diosa del amor erótico, o sea, de la sensualidad, el erotismo y la pasión desmandada, era con frecuencia representada como una mujer voluble , antojadiza, malhumorada y horriblemente bella.

Era la mujer infiel del dios Hefesto, a quien engañaba singularmente con Labres, dios de la guerra, e inclusive con fatales de los que concibió héroes míticos, como el troyano Eneas. Sus aventuras le triunfaron la enemistad de Artemisa, cuya virginidad representa valores absolutamente contrarios a los de la sensualidad que Afrodita encarnaba.

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