2 la religión es un elemento determinante para vivir

Jesús Manuel García. Facultad Pontificia Salesiana (Roma) No es mi intención enseñar un cuadro terminado de la situación de los jóvenes en Europa o de su relación con la religión. Confrontándome con el contexto de la situación cultural y eclesial de hoy, procuraré sencillamente sugerir ciertas pautas sobre el sendero espiritual proponible el día de hoy a los jóvenes. Introduciré la exposición con ciertas premisas primordiales para delimitar el tema. Frente todo, los personajes principales de mi reflexión no son solo los jóvenes en compromiso y que pertenecen a algún conjunto eclesial sino más bien, más que nada, esos que prosiguen intentando encontrar la forma de ofrecer sentido a sus vidas y que, probablemente, tienen la posibilidad de localizar asistencia en una iniciativa de vida cristiana que se ajuste y responda a las demandas. Soy consciente, por otro lado, de que el día de hoy es imposible charlar de jóvenes generalmente. Es requisito aceptar una variabilidad en la definición de juventud que es dependiente de cada temporada y de las especificaciones socioculturales del ámbito preciso en el que se vive. En concreto, la sociedad europea occidental está conociendo un nuevo fenómeno: la “eterna juventud” y, como resultado, su acentuada prolongación anagráfica. Nuestro título de de europa podría parecer bastante ambicioso. De todos modos, no es así. En una sociedad siempre y en todo momento mucho más planetaria y globalizada no es bien difícil conseguir aspectos recurrentes –relativos al accionar, convicciones y reacciones de los jóvenes– desde los cuales crear una iniciativa de espiritualidad juvenil. Común, por poner un ejemplo, es el contexto de dificultad popular y cultural en el que viven los jóvenes de europa el día de hoy. Un “archipiélago cultural”, caracterizado por una fragmentación que complica de enorme manera cualquier trabajo educativo que se sugiera como finalidad la unificación de la persona. Recurrentes son asimismo los modelos culturales propuestos por la sociedad occidental europea, “con varios dioses y verdades y, quizás de ahí que, ninguno”, y que reflejan un pluralismo y un relativismo ético que hace difícil la construcción de cualquier emprendimiento de vida. No debe sorprendernos, ya que, que los jóvenes sean los primeros en abonar este resquebrajarse de los valores habituales de la sociedad de la cual formamos parte occidental, y que se dejen atrapar por el vacío existencial, la indiferencia, el presentismo, el individualismo, el subjetivismo , el materialismo y el hedonismo. De hecho, tras una imagen aparente de jóvenes pragmáticos, seguros y libres, se oculta una situación considerablemente más alarmante para la educación en la fe: la de jóvenes débiles, inseguros y también impreparados para realizar en frente de las adversidades de la vida. Aquí es donde se desea poner mi aportación sobre la espiritualidad juvenil. Por «espiritualidad» comprendo no una situación abstracta, bien difícil de determinar, prácticamente en estado «gasoso» -como predican ciertos-, sino hago referencia explícita a la «vida en el Espíritu», el Espíritu de Jesús. En el concepto mucho más pleno, la espiritualidad concierne a la relación específica del sujeto, de un conjunto o de una red social con Dios y, como resultado, la actuación en pos del Reino. No tenemos la posibilidad de concebir una «espiritualidad» a-histórica o a-temporal. Cualquier iniciativa que se llame “espiritual” habrá de ser encuadrada en un contexto histórico y sociológico preciso. En la situacion de Europa, nos referiremos a una sociedad pluralista, pluricultural, plurirreligiosa y extensamente secularizada. Aún deseo añadir que el día de hoy la palabra «espiritualidad» no es reducible a la acepción cristiana. Religiones no cristianas, y asimismo corrientes laicas, mencionan a la espiritualidad. A nivel juvenil observamos de qué forma la búsqueda espiritual de varios jóvenes no puede ser definida como «cristiana». Esto no impide que, examinando con atención esta investigación, descubramos elementos esenciales y significativos (dinamismos, deseos…) para la reflexión y realización de una iniciativa de espiritualidad cristiana. 1. ¿Hay un modelo de espiritualidad juvenil? No tenemos la posibilidad de seleccionar un modelo de espiritualidad, que contagie a los jóvenes, sin antes aclarar el sitio que la religión ocupa en sus vidas. Procuraré resumidamente detallar ciertos aspectos de esta relación. – La pastoral juvenil no puede ignorar el sitio periférico que ocupa la religión, como institución, en la sociedad europea. Por otro lado, difícilmente puede presentarse como fuerza de seguridad y unidad; es mucho más, de forma frecuente hace aparición como fuerza de destrucción. La religión, si bien todavía está presente, no forma una parte del vivir diario de parte importante de jóvenes… que no tienen ganas de remar contra corriente. Dada esta pérdida del control institucional de la creencia y subjetivización de la fe, no se tiene ningún inconveniente en combinar elementos de las mucho más variadas tradiciones religiosas, con una suerte de sincretismo o eclecticismo espiritual: «El Dios vive –dicen los obispos españoles– es apartado de la vida día tras día, mientras que los mucho más distintos ídolos se preocupan». Una suerte de ecumenismo espiritual o bricolaje de opiniones cuya función primordial es que ayuda al usuario para sus parches personales. Aparece de esta manera el deseo de ordenar la sociedad sobre principios racionales, mucho más que sobre los principios revelados. La socialización de los individuos en razón de la tradición, de la religión, de la ética, va cediendo lote a la acción promovida por la información mediática y por el planeta de la imagen. Esta situación se vió reforzada con la revolución industrial que ha facilitado la distinción de una sociedad que, caracterizada por la variedad y pluralidad de los distintos ámbitos, se va a organizar según leyes propias. Dios, la religión y todo lo sagrado semejan insignificantes para mantener el planeta. La religión pasa de ser el marco omnicomprensivo que determinaba el valor de cada individuo y de cada cosa, a ser un aspecto mucho más, adjuntado con otros, o, un aspecto sometido como otros a los nuevos principios de orientación y organización como el sujeto, la razón, la técnica, la historia, el avance o la sociedad. En este contexto, se entiende que sea problemática nuestra transmisión de la fe: «Entre los hechos mucho más graves acontecidos en Europa a lo largo del último medio siglo fué la interrupción de la transmisión de la fe cristiana en extensos ámbitos de la sociedad. Perdidos, olvidados o gastados las vías tradiconales (familia, escuela, sociedad, cultura pública), las novedosas generaciones por el momento no tienen novedad ni reconocen signos del Dios viviente y verdadero o de la encarnación, muerte y resurrección de Jesucristo por nosotros. Verificamos que en des altas no nos encontramos consiguiendo trasmitir la fe a las generaciones jóvenes». Una crisis que se agudiza con la contrariedad de la comunicación y el diálogo entre las diferentes generaciones de la sociedad europea occidental. La escuela, la Iglesia y más que nada la familia hallan enormes óbices para trasmitir ideas, reacciones y vivencias religiosas a los jóvenes. – La seguridad y la autorrealización, tal como el avance de nuestra vida interior, no se procuran tanto en las instituciones sino más bien, mucho más bien, se reservan en el campo privado. En ese desarrollo popular está implicada la Iglesia. La mayor parte de la multitud en Occidente no considera a la Iglesia como “red social” con la que identificarse siempre y en todo momento ahora todas y cada una de las partes, sino más bien como un servicio para agradar las pretensiones religiosas privadas. De esta manera, la Iglesia pasa a ser una organización con la que la persona se identifica ocasional y medianamente; al unísono que la religión se transforma en objeto de consumo para agradar sus pretensiones. – La identificación cristiana en la sociedad de hoy halla otra contrariedad grave: en muchas unas partes de Europa el aviso católico se encara a unos jóvenes que, poco a poco más, carecen de “memoria religiosa”. Con expresiones de Mardons: «Se vive el presente y la área de la verdad. Un presentismo sin pasado y sin tradición. El hombre es un ser deambulante, sin historia, con una memoria desgastada, sin recuerdos autorizados y sin fuerza ética para imponerle un sentido o dirección a esta historia». El educador en la fe de los jóvenes está con un panorama ideológico fundamentalmente efímero, móvil inteligente y también desequilibrado. En aparente contradicción con lo que se dijo, existe, por otro lado, una sed de secreto, de hondura y de sagrado, que lleva a menudo hacia la búsqueda extravagante por los caminos del exoterismo, las místicas orientales o las sicologías transpersonales . Tiempo de indiferencia y de credulidad, de secularismo y postsecularidad, de desacralización y sacralización. Las secuelas de todo lo que se dijo son de manera fácil deducibles para la pastoral juvenil. Eligo solo ciertas. – Es bien difícil opinar y vivir como cristianos sin el saber y la interiorización de la historia que relata la acción de Dios. En la base de nuestra fe cristiana no hay una religiosidad natural o una ideología abstracta. La fe cristiana se basa en la convicción de que Dios no se revela solo dentro de cada hombre o del cosmos, sino más bien más que nada en la historia. El Dios católico se revela al hombre por medio de su Palabra, acogida en especial a la experiencia del pueblo de Israel y, de manera única, determinante y también insuperable, a la persona de Jesucristo. Quien desee comprender quién es Dios, cuál es su emprendimiento para el hombre y para la historia va a deber dirigirse, por consiguiente, a la historia contada de Dios al hombre. Esta precisa mediación piensa un serio problema para la experiencia de la fe, más que nada por el hecho de que los jóvenes viven metidos en una cultura dominada por el inmanentismo superficial y dinámico. – Sin la identificación con ciertos símbolos, tradiciones, usanzas, lenguaje… es bien difícil imaginar una pertenencia a la red social cristiana. Sin una iniciación a la verdad del símbolo, con la capacidad de evocar la trascendencia, resultará bien difícil ensanchar la racionalidad del humano y corregir o sanar la visión unilateral que da la civilización actualizada. – La congruencia en la fe piensa además de esto la aceptación de los valores que están íntimamente vinculados al mensaje espiritual. En cambio, el día de hoy observamos de qué manera es viable apropiarse de ciertos valores del cristianismo sin identificarse siempre con una red social de fe. Se tienen la posibilidad de admitir los valores del Evangelio, sin que se compartan o tan solo se forme una parte de la red social de fieles. – La carencia de memoria piensa asimismo que el joven ignora de manera fácil los contenidos doctrinales en los que se elabora la fe, los ritos con los que se festeja, las maneras de vida, los usos y prácticas que la fe produce, la historia del conjunto, una manera meditar que actúa en la red social, en el arte, en las producciones estéticas y en la ciencia de la fe. El educador en la fe de los jóvenes va a hacer bien en beneficiar una activa de acercamiento y diálogo crítico entre fe y cultura: «La buena novedosa de Cristo –nos recuerda la GS– moderniza regularmente la vida y la civilización del hombre decaído» (GS 58,4). La fe ejercita una función crítica en relación a la civilización, y la civilización, por su lado, impulsa una mayor purificación y decantación de expresiones, formas de proceder y representaciones cristianas en la medida en que estas resultan inapropiadas a unos tiempos y sitios ciertos. 2. El paso de la fe del “practicante” a la fe del “peregrino” La desaparición de la exigencia normativa de la religión y de la presión que antes facilitaba la identificación total, ordena al hombre de el día de hoy –más que nada al joven – a modificar selectivamente la identidad propia basado en vivencias y opciones personales. Esta religión “a la carta” da rincón a una secuencia de tipologías distintas en lo concerniente a la identificación con la Iglesia y con la religión. Por mi parte me limitaré a enseñar, entre otros muchos, 2 modelos –el del “practicante” y del “peregrino”– que tienen la posibilidad de sintetizar, de alguna manera, los aspectos fundamentales del paso de una fe familiar, a una fe integradora. Se comprende por «practicante» al católico que cumple sus deberes religiosos y morales y alimenta simpatía hacia la institución religiosa. El «peregrino», en cambio, se identifica por unos contenidos mucho más pobres y por la carencia de seguridad en la relación con la red social y con los conjuntos específicos. La diferencia entre uno y otro modelo es dependiente, más que nada, del control institucional. El «praticante» se acomoda a reglas y prescripciones fijas, con carácter obligación. La observancia, si bien sea personal, guarda siempre y en todo momento una intención social. El católico «peregrino», en cambio, comprende la fe desde sí mismo, mucho más que desde una referencia a la institución. Aun en el momento en que la peregrinación consigue una manera colectiva y de masa, su práctica es libre, basándose en una resolución mucho más personal que institucional. Los dos modelos comprenden el tiempo y el espacio espiritual de manera diferente. El practicante está relacionado a la seguridad de la parroquia. El peregrino no tiene un territorio fijo, sino más bien un itinerario, un sendero. Es el «peregrino» un joven que busca, que explora caminos distintas, dentro y fuera de la tradición cristiana, que ejerce su fe en modo autónomo, voluntario y discontinuo. Un joven que asiste a la religión solo para ofrecer contestación a sus pretensiones existenciales y halla la convalidación de su fe, en seguridad subjetiva propia. Una fe, por otro lado, que es dependiente, en decisión correcta, del tono escencial de la persona, de encuentros significativos y de sus lecturas. Un género de fe subjetiva que se identifica por su dimensión en fase de prueba y sensible y que capta la presencia –siempre y en todo momento obscura– de lo divino mediante la interioridad cariñosa. Como resultado, el modelo del peregrino es distante y crítico con todo cuanto piensa tradición y también institución. Qué ejemplo de espiritualidad del peregrino tenemos la posibilidad de refererir la experiencia de Taizé, después copiada por las jornadas mundiales de los jóvenes (Santiago, París, Roma…). La novedosa fórmula deja a jóvenes y mayores una participación diferente y maleable, donde cada uno de ellos se empeña en la medida y la intensidad que quiere. En estos encuentros, la apertura al mundo entero es un apunte fundamental. Sin embargo la precisa organización, se consigue hacer la sensación de que cada uno de ellos es “bienvenido”, sea como sea su identidad. Desde una crítica sosiega, la experiencia del “peregrino” puede ser importante para la vida espiritual, en tanto que estimula un mayor conocimiento de sí mismos, recordando la necesidad de la purificación continua y de la vida interior. Admitir la falta de certidumbres es propio de los jóvenes que viven en un planeta en movimiento. No se tiene la intención de supervisarlo todo, sino se deja extenso espacio a lo inesperado. En la vida de los místicos de la tradición cristiana, poseemos rebosantes ejemplos en los que se muestra la vida espiritual como un sendero dudoso y lleno de óbices. Basta meditar en “La subida al Monte Carmelo”, de San Juan de la Cruz o, por refererir a un creador de hoy, “El viaje espiritual para el hombre contemporáneo”, de Nouwen. El peregrino de Taizé, Lourdes, Roma, Compostela, etcétera., tiene una identidad, no responde sencillamente a la lógica del marketing, sino es una auténtica búsqueda espiritual. No se anda sin fin. Uno se deja asesorar por los caminos que otros han paseo antes. Sentirse peregrino piensa, en cierta manera, ingresar en una tradición fiel. Mucho más que un rito de devoción, puede transformarse en una transformación del ser. De ahí que hay que salir de casa, dejar las comodidades del ámbito familiar. 2 cuestiones se imponen antes de comenzar el sendero: ¿Qué debo llevarme? ¿Qué debo dejar? (cf. Lc 9,3). Salir piensa romper con la vida ordinaria y, más que nada, dejar todo cuanto te impide caminar. El sitio del peregrino es siempre y en todo momento un ubicación beato. El peregrino busca a Dios si bien comunmente revela que Dios no corresponde con la iniciativa que se había hecho con él. A lo largo del sendero se hace experiencia de arrimarse a Dios y, al tiempo, de no alcanzarle jamás. La tentación del peregrino es aquella de creerse que llegó. El sendero, en cambio, no hizo mucho más que comenzar: llegar es partir. 3. Pautas para un emprendimiento de espiritualidad juvenil No pretendo contestar a los retos que surgen de la situación descrita; me limito a sugerir ciertos elementos de carácter educativo y pastoral, utilizando el modelo del «peregrino», y sin excluir el modelo del «practicante». 3.1. La primera evangelización Un trabajo ineludible en parte importante de Europa viene marcado por la urgencia de la primera evangelización. Enormes conjuntos de jóvenes todavía no han oído el aviso de la Buena Novedosa y, como resultado, no tienen la capacidad de interiorizar el mensaje católico como alimento para sus vidas. Su analfabetismo espiritual hay que, en parte, a los prejuicios que circulan, con o sin razón, sobre la vida cristiana. Europa se transforma en tierra de misión donde florecen maneras de huelga religiosidad. Tarea ineludible del educador va a ser pensar de qué manera ofrecer por vez primera el mensaje católico a los jóvenes. Precisamente, en la situación de hoy, el primer aviso no va a ocasionar la conversión de enormes conjuntos a la fe. No obstante, sí puede enriquecer de humanismo espléndido la vida de varios jóvenes. El aviso no va a poder contar como antes con las instituciones sociales (familia, escuela, parroquia, etcétera.) que aseguraban prácticamente de forma automática la transmisión de la fe y la nutrición de la vida espiritual. Mucho más que anteriormente, va a haber que poner énfasis en la fuerza transformadora del propio mensaje católico. Los jóvenes aguardan el día de hoy, de la iniciativa cristiana, especiales y perspectivas de futuro, mucho más que juicios doctrinales; pautas para la reflexión, mucho más que doctrinas; orientación, mucho más que recias metodologías; apertura hacia una cultura pluralista, mucho más que seducciones hacia situaciones integristas y entusiastas. El aviso católico va a deber enseñar de qué manera se crea una vida con los valores del Evangelio, de qué forma se da concepto a los actos, desde una adhesión escencial y personal, que no puede ser asustada por prohibiciones o códigos legislativos. Los jóvenes aguardan un aviso que explicite los motivos por los cuales vive el hombre; causas que fundamenten el ejercicio de una independencia no solo “de” sino más bien, más que nada, “por”. Por otro lado, la falta de un lenguaje de la fe hace difícil la apropiación del mensaje católico. Si los jóvenes no tienen memoria religiosa, ni lenguaje para comunicarla, va a ser preciso y urgente hacer espacios donde logren ser ellos mismos presentes de la fe en frente de sus contemporáneos. La efectividad, ya que, del primer aviso católico va a depender, en decisión correcta, de la aptitud de comprender implicar a los jóvenes en el aviso. En verdad, nos toca recobrar una auténtica tradición cristiana: «los jóvenes, misioneros de los jóvenes». 3.2. El deber y el servicio hacia el resto Poner en práctica el cariño hacia el prójimo es un signo de vericidad del amor a Dios. En el contexto juvenil de hoy semeja imponerse el itinerario del deber por el resto como forma de apertura hacia Dios. El acercamiento con Dios se actúa habitualmente a través de maneras de servicio a el resto. Para un elevado número de jóvenes, semeja que la acción popular es el sendero ideal en el que comprar una sensibilidad hacia algunos valores que sobrepasan la inmediatez y que tienen la posibilidad de abrir espacio al acercamiento con Dios. Varias tienen la posibilidad de ser las maneras de deber con el resto: echar una mano a un amigo, contribuir a un compañero de clase, ayudar a la solución de algún inconveniente en el vecindario, ser solidario con los mucho más necesitados, emigrantes, personas ignotas, etcétera . En tiempos de globalización mediática, los necesitados están enfrente de nuestros ojos, siempre y en todo momento y en todas y cada una partes. Otros campos necesitan quizás un deber mucho más urgente: el afán ecológico por salvaguardar la naturaleza y el ámbito o el deber por la paz, conminada a nivel individual, local y también en todo el mundo. Nace de esta manera una exclusiva forma de servicio como es el voluntariado, local y también en todo el mundo. En tiempos de subjetivismo y también individualismo, como los descritos precedentemente, la solidaridad no puede darse por descontada. De todos modos, pocos son los jóvenes que se atraen por la causa común o los jóvenes que ayudan en la política. Desde una visión cristiana, quizá sea preciso entablar puentes, creíbles para los jóvenes, entre el deber popular y su valor teologal. La existencia de mayores que tomen seriamente el mandamiento del amor a el resto, aun poniendo en riesgo su vida, va a ser un acicate para muchos jóvenes que dejaron de opinar en la efectividad de las expresiones. Afortunadamente no faltan a la Iglesia hombres y mujeres, testimonios significativos de la hermosura ética, de humanidad y fe cristiana, que tienen la posibilidad de proseguir atrayendo a los jóvenes hacia especiales poco a poco más altos. Escasea, lamentablemente, la fantasía y la imaginación a fin de que la presentación de estos modelos regenere el entusiasmo a los jóvenes. 3.3. Interioridad, meditación y oración Según investigaciones recientes, la mayor parte de los jóvenes comentan que dicen. Aprendiendo un tanto mucho más en hondura todos las situaciones, se llega a la conclusión de que de todos modos de lo que se habla es de un recogimiento en la privacidad de uno mismo, desentendiéndose de todo el mundo exterior. Lejos, ya que, de aquel “estar solo con quien entendemos que nos quiere” que nos recuerda a Santa Teresa en su Libro de la Vida. En este sentido, los jóvenes han de ser iniciados y educados en la auténtica oración. Esto piensa siempre y en todo momento un ámbito en el que se reza, una catequesis y un acompañamiento. El día de hoy carece esta iniciación, aun a las familias que se declaran cristianas. Y faltando la civilización de la interioridad, es difícil charlar de espiritualidad juvenil. Para rezar es requisito, frente todo, algo de “higiene mental”. Si falta la vida interior, va a ser bien difícil que florezca la semilla de la Buena Novedosa. La semilla que cae en lote pedregoso no puede ofrecer fruto. En el contexto europeo de hoy varios jóvenes no consiguen tomar contacto con la dimensión interior de nuestra vida por el hecho de que están sumergidos en un planeta “artificial”, gobernado por los ritmos y sonidos de la música omnipresente y por la euforia del fin de semana. En el momento en que la música se apaga, brotan las cuestiones sobre el planeta, sobre los hombres, sobre sí mismos. Es en estos instantes en el momento en que se echa de menos a un interlocutor que acompañe la reflexión personal de los jóvenes. Por otra parte, los jóvenes son presos de la fuerza de las imágenes, presentes en todas y cada una partes, en la televisión y en las calles; imágenes que desatan emociones intensas y, en ocasiones, contradictorias. Todo lo mencionado les empuja a encerrarse en sí mismos. No se aprende a hablar con las conmuevas, pues no hay un espacio interior donde retirarse. Esta situación piensa una grave amenaza para la vida espiritual, no solo para los jóvenes, sino más bien para los mayores. La interioridad del hombre se crea y alimenta sobre la base de relaciones cariñosas y funcionales, de la experiencia de la hermosura, de la amistad, del conocimiento de los secretos del hombre, de todo el mundo y del cosmos. Reconstruir este planeta interior, inspirado por el Espíritu, es la tarea prioritaria del educador en la fe de los jóvenes. Si el joven no aprende a ingresar dentro suyo ahora escucharse en hondura, no escuchará ni a Dios, ni a el resto. ¿De qué forma llevar a cabo para acompañar a los jóvenes hacia el gusto por una vida interior? Cito ciertas vivencias que, lejos de ser condenadas por el educador, tienen la posibilidad de beneficiar la apertura hacia la trascendencia. 3.3.1. El deseo de experiencias fuertes En la sociedad de hoy, privada de enormes proyectos, se lleva a cabo el deseo de experiencias fuertes. Ciertos jovenes y jóvenes cultivan el gusto por peligros extremos, con la sensación de que no les puede pasar nada irremediable. Otros jóvenes juegan con la desaparición: empleo elevado de alcohol, carreras en turismo, deportes peligrosos… Se prueba el sentido de la vida, exponiendo el cuerpo. El fenómeno no es nuevo. Es nuevo, en cambio, el contexto económico de confort, que genera una lógica perplejidad en quienes estudian este fenómeno. Ciertos docentes han usado, con jóvenes singularmente atacables, este género de deportes de prominente peligro como instrumento de valor educativo. Enfrentar el peligro, siempre y en todo momento «medido», puede ser un estímulo para la vida espiritual: el hallazgo de nuestra fragilidad, de la contingencia de nuestra vida. 3.3.2. La pérdida de un individuo querida Absolutamente nadie puede escapar del mal que hace la desaparición física de algo o alguien amado. En todas y cada una de las edades de la vida tienen la posibilidad de mostrarse lesiones cariñosas: el objetivo de una amistad, un divorcio, la desaparición de un individuo querida, etcétera. Todos estos instantes puede transformarse en ámbito favorecido de desarrollo espiritual. Cada pérdida pone en cuestión los argumentos mismos de la presencia y de nuestra identidad. 3.3.3. Los primeros pasos en el cariño Una tercera experiencia es el hallazgo del sentimiento del amor. ¿Quién es el otro? ¿Por qué razón lo deseo? Pasado el primer impulso emotivo, viene el tiempo de ofrecer y recibir, de estimar la alegría del otro. Una relación sosiega deja comunicar la interioridad. La experiencia cariñosa se vive alén de las expresiones, y el gozo compartido crea relaciones fuertes que puede editar la vida de la gente. En tiempos de ensaltación del cuerpo y de banalización del sexo, el educador no puede desentenderse de esta labor, dura pero precisa, de contribuir a los jóvenes a tener relaciones con vericidad y sinceridad. Asimismo en el campo de la ética profesional. 3.3.4. Sea de absoluto y sepa de nudos Con frecuencia la vida espiritual atisba un rayo de luz en la experiencia de la noche, del vacío existencial. Exactamente la misma vida diaria puede conducirnos al aburrimiento, al malestar y al desagradado. Sin olvidar las vivencias de ansiedad y angustia vividas por muchos jóvenes y que acaban con frecuencia con la utilización de estupefacientes distintos. Aún con el peligro de una simplificación excesiva, solo habría que leer atentamente la vida de ciertos santurrones para conocer de qué manera, tras “haber vivido” instantes de “noche” (San Juan de la Cruz), o periodos de “sepa” de Dios” (San Pablo de la Cruz), o de temporadas de “desierto” (Hables de Foucauld), etcétera., si estas vivencias son vividas con la luz de la promesa cristiana, la persona sale mucho más robusta en su fe . No es extraño que tras este género de vivencias fuertes se abra un sendero de trueque, condivisión y búsqueda del sentido de la vida. 3.4. La expresión ritual de la fe La narración de la pedagogía cristiana documenta la atención hacia la liturgia y los sacramentos, considerados como un factor primordial en la pedagogía religiosa. La estética en las funcionalidades rituales, el precaución con el que se preparaban los jóvenes en la Eucaristía, la participación activa y festiva en los sacramentos, semeja ser una situación de otros tiempos. Para bastantes jóvenes, la adolescencia piensa el adiós, provisional o definitivo, a la práctica sacramental. Además de esto, careciendo de un sendero de madurez en la fe, no en todos los casos el joven que reza, o aun frecuenta los sacramentos, es con la capacidad de conocer entre los canales privilegiados por los que Dios se comunica al hombre. ¿De qué manera realizar a fin de que la expresión ritual de la fe (liturgia, culto y sacramentos) sea importante en la vida espiritual de los jóvenes? El inconveniente nos semeja extendido y difícil. Me limito a sugerir ciertas consideraciones, recobrando el modelo del peregrino. Frente a la mirada que busca solo lo útil y eficiente, va a haber que impulsar la mirada contemplativa. Si el joven pierde la aptitud de admiración, el sentido de la sorpresa, el valor de la gratuidad… es bien difícil que esté el gusto de festejar el secreto de la vida. Va a haber que beneficiar arrimarse a Dios a través de la hermosura de las celebraciones, procedimiento poco utilizado hasta la actualidad, debido al predominio de “lo verdadero” y “bueno”. Continúa todavía el inconveniente de de qué forma hacer llegar el secreto, por medio de las celebraciones rituales. De hecho, la liturgia tiene un lenguaje propio que ha de ser aprendido. Es imposible abandonar conceptos como «felicidad», «pecado», «resurrección», «Iglesia» o «Reino de Dios»… Con todo, el lenguaje litúrgico va a deber sostenerse en sintonía con la experiencia vivida de la fe . Lograr exactamente la misma longitud de onda. Lo que se comprende apropiadamente y se cree con furor, actúa con precisión y se comunica con el corazón. De esta manera, las celebraciones rituales van a ser instantes de vida intensa de oración y de comunión con Cristo, sin quedar reducidas a un happening oa un concierto musical. Pese a las críticas, una lección tenemos la posibilidad de estudiar de los enormes encuentros juveniles… Las celebraciones, si bien no se distancian bastante del ritual tradicional, se amoldan a los diferentes géneros de lenguaje de la civilización moderna. Estas celebraciones preservan el sentido del secreto, la apertura hacia la trascendencia, sin dejar de suscitar el entusiasmo y la participación activa en muchos jóvenes. 3.5. Sitios Lo que se dijo previamente piensa que se creen ciertos sitios donde se logren comunicar vivencias genuinas de fe, comunidades con una misión identificable, espacios donde no domine una actividad furiosa ni un anonimato atroz, sino más bien donde se logre “sentir” el secreto sagrado que se oculta tras la verdad, y que los cristianos llamamos a Dios. Solo aquella red social fiel donde logre percibirse el núcleo de la fe y la seguridad de su contenido, donde permanezca una relación alegre y franca entre sus integrantes, va a ser interesante para los jóvenes. El análisis de la religiosidad juvenil declara que los jóvenes precisan espacios vitales donde se garantice la experiencia libre en un marco bien definido. La espiritualidad del peregrino piensa el reconocimiento de múltiples caminos de fe. Los mayores deberán hacerse a la iniciativa del carácter provisional de muchas formas recientes de vida eclesial. Ahora en los años 60 De roma Guardini escribía que la vida tiene necesidad de tiempo, de perder tiempo y de prolongar el tiempo. Caminos indirectos, paradas y retrasos son ineludibles y tienen su concepto esencial en la vida de los jóvenes. La espiritualidad del peregrino se efectúa el día de hoy por medio de maneras de identificación parcial con el mensaje católico. Esto piensa eludir la creación de “sitios de ansiedad” donde se pide a los jóvenes lo que no desean o no tienen la posibilidad de cumplir. En cambio, a propósito del individualismo y del pluralismo bien entendidos, ha de estar tolerado y garantizado que los jóvenes logren arrancar un sendero de fe con gradualidad. Un sendero personalizado. Si no se consigue hacer etapas y escenarios diferentes de exigencia en la fe de la Iglesia, se bloqueará en varios jóvenes, que precisamente expresan un interés sincero por la fe y por la Iglesia, el sendero hacia una espiritualidad madura. 4. Ciertas mediaciones que benefician la vida espiritual de los jóvenes 4.1. El emprendimiento de vida Resulta bien difícil charlar el día de hoy de emprendimiento de vida a jóvenes indiferentes, supuestamente cansados y desanimados. Jóvenes “sin emprendimiento”, que se cruzan entre ellos, o aun se atropellan, como las partículas coloidales en el movimiento browniano. Jóvenes que admiten de manera fácil cuanto sucede en la vida sin elaborarse solamente alguna pregunta. Es recomendable, ya que, que el educador, antes de enseñar a los jóvenes las razones por las cuales vale la pena llevar a cabo un emprendimiento de vida, conozca los óbices que lo previenen. 4.1.1.Adversidades en la elaboración del emprendimiento personal Cito solo ciertas: La ensaltación del “éxito” y el temor a no ser capaces de contestar a las demandas del “mercado” Por un lado, hablamos de estudiar velozmente técnicas siempre y en todo momento novedosas, poder continuar los ritmos de la vida impuestos por otros, absorber ideas que no son propias, ingresar en armonía con un ámbito nuevo. Por otra, está la necesidad de sobresalir y de tener éxito a toda costa. Cualquier sendero es lícito, si conduce al éxito final. La iniciativa del límite, del fracaso, de la desaparición, de la obra no completa, resulta bien difícil de admitir. Es realmente difícil medrar en la vida espiritual, si no se integra la experiencia del límite en nuestra vida. No todo está bajo el control de la persona. Esta aceptación, vivida espiritualmente, incrementa la independencia, la determinación y el gusto de vivir. La contrariedad de ser uno mismo El temor de no ser con la capacidad de conseguir el éxito en la vida hace la pérdida de autovaloración. Ciertos jóvenes tienen temor al anonimato y, para ser alguien, hacen todo lo que es posible para imponerse a el resto. Otros se ocultan por temor a no ser admitidos. En otras ocasiones, para ser admitidos es requisito llevar a cabo como hacen el resto. Esto incrementa la contrariedad en los jóvenes de ser ellos mismos. En un planeta donde todos juzgan a todos, ¿De qué forma no sentirse infames? El fragmento y el presente Otro freno a la madurez humana es el acento sobre una cultura que privilegia el momento presente. «Según con esta cultura vivida –redacta Martín Velasco–, las realidades transcendentes pierden oportunidad de ser aceptadas como válidas y son declaradas insignificantes y carentes de todo interés y valor. Tal cultura encierra al hombre en el círculo ajustado de lo inmediato y también de lo alcanzable, le hace perder el sentido de los largos plazos. La civilización de la intrascendencia anuda al hombre al aquí y en este momento, le impulsa a aferrarse a lo dado en todos y cada momento –carpe diem–, a instalarse en la finitud y ordenar sus proyectos a medida de sus deseos». La fragilidad de las relaciones sociales y de todo el mundo del trabajo, tal como la inestabilidad de las relaciones cariñosas hacen bien difícil cualquier proyección de futuro. ¿Dónde encontar puntos de referencia sólidos para ofrecer sentido a la vida? Varios jóvenes eligen encerrarse en su fragmento, quedando atrapados por un modo de vida que otorga la última palabra a la coyuntura y a la variación del deseo. En este contexto expresiones como deber, lealtad o emprendimiento definitivo disfrutan de una una frágil subsistencia. 4.1.2. Dinamismos que benefician la elaboración del emprendimiento personal Quedarnos solo en el análisis de los óbices con los que está un joven que desee ordenar su historia cerca de una alternativa primordial, no solo es exagerado sino deforma la verdad. Es requisito llenar la reflexión con otras caracteristicas que manifiesten dinamismos positivos y que tienen la posibilidad de ser encauzados y potenciados por medio de un emprendimiento de vida. La necesidad de ser amados Resulta difícil crear un emprendimiento de vida sin un ámbito en donde la persona se sienta acogida, apreciada y querida. En verdad, todos poseemos necesidad de ser “reconocidos” por el resto. Querer y ser amados forma la esencia del vivir con el resto y la condición para lograr percibir y acoger el cariño de Dios: «Pues eres hermoso a mis ojos, eres estimado, y yo te amo» (Is 43,4). El educador que, entregándose a los jóvenes, no consigue que estos se sientan amados y reconocidos, no conseguirá excelente resultados pedagógicos. Lo primero en el cariño no es la acción, sino más bien la atención a la persona en relación tal. El joven que no ha recibido esta “confirmación” primordial, procurará atribuirse a sí mismo la dignidad que otros no le dieron, rodeándose de riqueza material, de prestigio, de deseo de sobresalir. La hipersexualidad desposeída de amor, la agresividad, etcétera., son otras de entre las varias manifestaciones y también intentos de atribuirse la relevancia personal que de entrada solo se puede recibir de los otros. El deseo de donarse El cariño recibido transporta en sí el deseo de la reciprocidad. Todo emprendimiento de vida se basa en una manera de altruismo. Ciertos jóvenes se orientan en este sentido: procuran una manera de voluntariado, o una profesión en el campo popular en donde la distribución a el resto alcanza a ser un factor esencial de la personalidad. El educador deberá discernir y aclarar las auténticas motivaciones que impulsan al joven hacia la donación. Tras un ejercicio de deber popular, puede ocultarse una fuga de los inconvenientes específicos de la vida o el fácil deseo de agradar a el resto. Como observaremos mucho más adelante comentando del acompañamiento, es requisito apreciar de forma positiva este deseo de darse a el resto. Hablamos de un método eficiente para romper con el planeta de la “satisfacción” y poder ingresar en el “dinamismo del deseo”. 4.2. El conjunto y los enormes encuentros La experiencia espiritual es personal pero se enriquece con la vida social. Los jóvenes procuran, en ocasiones, el calor del pequeño conjunto y, en otras ocasiones, la energía de los enormes encuentros. En los dos casos la experienca de los jóvenes precisa ser acompañada. 4.2.1. Los enormes encuentros Desde los años ’70 los cristianos de europa son claramente una minoría. En este contexto los enormes encuentros argumentan a la necesidad de realizar aparente la fe cristiana. Varios jóvenes, de hecho, padecen aislamiento, incomprensión y, en ocasiones, hasta broma. Procuran seguridad en el acercamiento masivo, allí donde tienen la posibilidad de expresar, sin miedo a ser juzgados, la alegría de opinar. Los enormes encuentros con el Papa tienen, frente todo, esta finalidad. Encuentros que se marchan multiplicando en muchas diócesis de europa. Los obispos procuran reunir jóvenes, por sí apartados y de conjuntos muy heterogéneos, para crear la comunión eclesial. La pastoral juvenil se vive el día de hoy con la modalidad de los tiempos fuertes. Los encuentros son vividos con enorme intensidad. Por ciertas horas cada uno de ellos deja su monotonía para vivir instantes expepcionales. Mientras que en la vida diaria la fe semeja enclenque, en semejantes oportunidades parace consolidarse. Son tiempos de recarga espiritual. El inconveniente está en ofrecer una continuación a estas vivencias fuertes. En ocasiones estos enormes encuentros acarrean una suerte de falsa ilusión. Dejan opinar que todo va a ser simple por el hecho de que se han encontrado muchos jóvenes y han vivido la fe, ciertas horas, con tanto entusiasmo y en un ámbito de celebración. Para no caer en la demagogia, los organizadores deben integrar en la pedagogía de estos encuentros un tiempo conveniente de preparación. El acercamiento va a ser entonces un espacio favorecido para poner en común aquello que se ha vivido antes. Para eludir que todo se quede en el encontronazo sensible actualmente, es conveniente desarrollar un retorno a la vida diaria. Los jóvenes deben ser acompañados en el empeño de poner en práctica lo que se ha festejado en el conjunto grande. 4.2.2. El pequeño conjunto Las considerables asambleas proponen a los jóvenes apertura, estímulos, identidad cristiana, gozo, celebración, etcétera.; en todo caso, deben alternarse con los pequeños conjuntos. En los pequeños conjuntos el jóven busca el calor de los amigos. Allí halla la ocasión favorece para crear su personalidad confrontándose con sus contemporáneos. Los caminos reales de trasformación se efectúan en pequeños conjuntos. Partir de pequeños conjuntos significa recobrar el realismo de las relaciones. Ciertamente, en el conjunto se puede desenmascarar mucho más de forma fácil todo cuanto transporta a la inercia y al temor. La pertenencia a un pequeño conjunto invita a asumir un estilo de presencia y de accionar mucho más atento a las demandas de los otros; demanda regularmente recíprocas responsabilidades, estimula los instantes de oración común y de estudio. Al contacto con los propios compañeros, el joven halla criterios de vida y orientaciones prácticas, lee los hechos de la experiencia y los equipara con el pasado, se expresa con un importancia gratificante. El conjunto representa para bastantes jóvenes el único sendero para recomponer la fragmentación que amenaza de forma continua su historia. Así, la soledad, que es parte miembro del desarrollo de avance personal, se puede sobrepasar mucho más de manera fácil. 4.3. El acompañamiento personal A fin de que los modelos y las vivencias contadas sean útiles y logren enriquecer la vida espiritual de los jóvenes es esencial la existencia de una guía, capaz y experimentada, que asista a desarrollar todo cuanto el joven es ya y que, por las causas presentados previamente, difícilmente consigue desarrollar. Bastante se escribió últimamente sobre el acompañamiento de los jóvenes. Me limito, con estas expresiones, a enseñar ciertas atenciones que, según mi parecer, no tienen la posibilidad de ser descuidadas por el educador en la fe de los jóvenes. En cuanto al resto, comprendo estas líneas de actuación ubicadas en un desarrollo gradual y progresivo. 4.3.1. Conocer la clave interpretativa de nuestra experiencia Es simple que el joven pretenda crear su personalidad dejándose asesorar por el espectro de lo irreal, de lo imaginario o de lo virtual. De a poco, y en ocasiones sin percatarse, medrará la distancia entre la verdad y el planeta de la imaginación. El joven, en un caso así, habrá de ser ayudado por los docentes para lograr oír su voz interior y ser guiado en la lectura realísta de la vida, reordenando los puntos y instantes fundamentales de nuestra vida. Se intentará hacer espacios en los que los jóvenes logren pensar sobre su vida. Vivencias como las del trabajo diario, la distribución, la renuncia a nuestra tranquilidad abren al secreto de Dios y hacen madurar internamente. Los obispos italianos, en la presentación del programa pastoral para este decenio, insisten en la relevancia de educar a los jóvenes a asumir sus proprias responsabilidades: «En el decenio pasado nos habíamos detenido de forma voluntaria en la relevancia de ofrecer seguridad a los jóvenes, de beneficiar su inserción en el voluntariado, en todo lo que los asiste para vivir el objetivo único de la vida humana, que es la caridad. Se sabe, en cuanto al resto, que para querer como personas adultas, maduras y causantes, es requisito asumir todas y cada una de las responsabilidades de la vida humana: estudio, adquisición de una profesión, deber con la red social civil. Las vivencias fuertes tienen la posibilidad de asistir aproximadamente en la medida en que se conjuguen con los caminos ordinarios de la vida, que consisten en efectuar resoluciones de las que después se es responsable». El acercamiento con la realidad de la vida y con la realidad del hombre es asimismo un acercamiento con la realidad de uno mismo. La lectura crítica de la verdad debe llevar al joven a la trasformación personal y al deseo de darse a el resto. 4.3.2. Admitir la vida como don, llamada y emprendimiento El joven está llamado a costruir nuestra personalidad a través de un desarrollo histórico que piensa, frente todo, la aceptación de todo cuanto ha recibido originariamente. Esto pasa con ciertos jóvenes de forma espontánea. Para otros, por contra, es esta la primera y grande apuesta. Opínan, y padecen desde adentro, que su historia no vale la pena de ser vivida. Y bastante menos el ser entregada a el resto. Vivencias negativas o faltas escenciales los llevan a dejarla correr o a cederla a bajo precio. En estas situaciones se necesita la presencia del educador que acompañe a estos niños, con sabiduría y con amor educativo, a fin de que logren admitir el valor inestimable de la vida y logren la autoaceptación. Es el paso importante a fin de que el joven llegue a ser personaje principal de su historia y responsable de sus resoluciones. 4.3.3. Beneficiar la relación para salir de sí hacia el planeta, hacia el otro y hacia Dios Los “especialistas” en temas de espiritualidad, comentan que el admitir que se está de en frente de una generación juvenil satisfecha es un apunte que mantiene su ambigüedad, pues si la satisfacción es un estado de momentáneo confort, con el tiempo, transcurrido el tiempo, genera un movimiento de soledad, de angustia y de muerte. Quizás es por ello con lo que la generación juvenil continúa tan pobre de enormes deseos. La necesidad que es satisfecha en el instante conduce de manera fácil al propio egoísmo y narcisismo. El deseo, por contra, lanza claramente alén de uno mismo y está en nivel de agarrar los mensajes del infinito. El acompañamiento en la fe debe ponerse seguro de una concepción subjetivista que hace del sujeto centro y medida de sí, que interpreta la realización personal como defensa y promoción de sí, mucho más que como apertura y donación. Y lo mismo se puede decir de aquellas concepciones que, en la relación intersubjetiva, continúan presas de la sola complacencia, sin estimar la dimensión ética de la relación. Contribuir a los jóvenes a abrirse al dinamismo del deseo es predisponerlos a admitir el principio de separación de sí mismos, de las cosas y de los otros para hacer más simple el acercamiento con algo o con Alguien mucho más grande que ellos mismos, en el que tienen la posibilidad de poner nuestro presente y futuro. El deseo es alimentado y vivido por todo cuanto es esperado, no tanto por aquel que quiere. El deseo continúa vivo únicamente si entre quien quiere y aquello que es esperado se establece una distancia en persistente acortamiento, pero jamás suprimida o satisfecha. Exactamente esta distancia deja que nazca lo que podríamos llamar una relación de acompañamiento. Con lo que tiene relación a las cosas, al propio cuerpo y a Dios, hay una distancia que sigue: es la distancia donde se edifica el deseo, el que en las vivencias históricas específicas continúa siempre y en todo momento insatisfecho, pero exactamente por este motivo crea el espacio conveniente para la las relaciones humanas y para la transcendencia, nutriendo siempre y en todo momento la respiración de la vida. El reclamo de la trascendencia alcanza a ser mucho más visible en el momento en que la persona es entendida de los problemas escenciales de la presencia y acoge su consistencia real. Hace aparición entonces la apertura hacia enfrente y hacia dentro. Entiende que no puede pararse en aquello que es instantaneamente observable, ni circunscribirse al el día de hoy. Debe abrirse hacia el mucho más allí. 4.3.4. Llevar a los jóvenes hacia una plenitud real de la vida El punto de llegada de un emprendimiento de vida reside en esto: ¿de qué manera contribuir a los jóvenes a ofrecer el salto del acercamiento con los otros, al acercamiento con Dios? En el diálogo entre fe y cultura, Dios hace aparición como Aquel que responde a las pretensiones del hombre. Él se muestra como la realidad del hombre, de todo el hombre, y por tanto asimismo como la realidad mucho más verídica de uno mismo. Se tratará de realizar entender a los jóvenes que no existe únicamente la lógica de la necesidad, del vacío que hay que ocupar, sino más bien que hay en el hombre una aspiración considerablemente más fuerte que le empuja a caminar mucho más allí, a sobrepasar la pequeñez del yo. Lograr este deseo de Dios no es precisamente simple. Solo en el joven que renuncia a la dispersión de los propios deseos sobrevive y alcanza a ser identificable la intención de Dios, o sea, el designio de Dios sobre él. Por tal razón, el educador no puede quedarse en los escenarios del desarrollo humano, si bien sea inspirado en el cristianismo, sino debe llegar al hallazgo del sentido global y último de la presencia que solo la fe sabe y puede sugerir. La fe deja ofrecer un sentido extenso a nuestra vida, asimismo a aquel ámbito que semeja no poseerlo. En el campo de la fe, toda la vida, con su bagaje de contradicciones y de asimetrías, se cumple y se entiende en la integridad del Amor: “el todo está en el fragmento y el fragmento está en el todo”. La educación en la fe solicita seguir en el acercamiento no con un Dios genérico, sino más bien con un individuo, Jesucristo, la cara de Dios Padre. 4.3.5. Poner de relieve la dimensión ética y popular de la vida La fe en Jesucristo se debe traducir en accionar. Un aspecto esencial en el presente contexto cultural concierne la capacitación popular. No se tienen la posibilidad de desatender las reacciones primordiales para garantizar la supervivencia del mundo. Conforme el planeta alcanza a ser, poco a poco más, un grupo global, en una red de comunicación, de trueque y de intereses, tanto mucho más bien difícil resulta el estar juntos en el mundo. El auténtico inconveniente puede quedar sintetizado en la próxima pregunta: ¿De qué forma crear una cultura que deje vivir sobre la tierra, con relaciones de verídica solidaridad, acatando al tiempo la promoción de la variedad de las etnias? La espiritualidad juvenil va a deber rememorar al joven su condición original: fué desarrollado a imagen y semejanza de Dios, huésped en la tierra, que es la vivienda de Dios. El acercamiento gratis con Él abre al joven a la dimensión universal de su Amor. 5. Conclusión Empezábamos estas páginas con una radiografía que presentaba a los jóvenes con fuertes contrastes internos, con visibles contradicciones entre los idóneas y la verdad pragmática que les toca vivir, moviéndose en un modelo popular donde se destaca la efectividad. Jóvenes sin puntos de referencia sólidos y con visibles adversidades en la comunicación generacional y en la transmisión de valores. Es exactamente en este contexto donde me semeja urgente que los jóvenes hallen durante su sendero, testimonios de vida, capaces de trasmitir la memoria y el sentido del pasado y, con sabiduría y experiencia, consigan señalar las líneas maestras que dejen a los jóvenes ser los personajes principales de sus vidas. Entre las mediaciones que tienen la posibilidad de beneficiar la vida espiritual he subrayado la proximidad a los jóvenes y una escucha atenta a través del acompañamiento. Invertir en la juventud significa invertir en la riqueza de la sociedad de la cual formamos parte de el día de hoy y de mañana. Los jóvenes no son un inconveniente, son un recurso, una capacidad. En el fondo, asimismo los jóvenes de la sociedad digital se hacen exactamente las mismas cuestiones de siempre y en todo momento. Se intentar ocasionar o explicitar las considerables cuestiones que procuran ser tapadas por la civilización del tiempo. Quizá este tiempo de banalización de la fe puede ser propicio para una purificación de exactamente la misma, para asentarla con responsabilidad en la vida. La fe como terapia para una sociedad adormecida por el consumismo simple y la gratificación instantánea. Aceptemos la llamada del Espíritu para dejar la fe sociológica y ponernos al descubierto, expuestos al frío de la sociedad de las experiencias y el mercado de las experiencias. En los años ’90 escribía Iris Murdoch: «Habitamos un estrado de crisis. Si uno piensa en el próximo siglo podría haber un colapso del poder de la racionalidad y del Bien para dirigirnos. Muchas personas, probablemente, no desea que la religión subsista. Pero yo sí. Sería horrible si en Europa nos convirtiéramos en la una parte del mundo mucho más mecanicista, sin inocencia o amor». En frente de una espiritualidad “laica” que no desea ir alén del sujeto debemos enseñar de qué manera la interioridad se juega en una relación de alteridad con un Incognoscible transcendente. En frente de la pura espiritualidad de la inmanencia debemos enseñar el sendero hacia una transcendencia que no es solo exterioridad. De cara a la autonomía de nuestro planeta moderno debemos señalar, con la vida y con nuestros conceptos, las secuelas de una Transcendencia que ha asumido rostro humano. Es cierto que no entendemos de qué manera es la cara del Secreto. Entendemos solo veladamente que alguien nos pregunta por nuestro nombre y nos saca del encierro de nosotros. La fe se transforma de este modo en distribución confiada, mucho más que un saber doctrinal sobre Aquel cuyo nombre no entendemos. Van a aprender de este modo los jóvenes que la fe se quiere, mucho más que se conoce. Véase, como un ejemplo: COMMISSIONE DELLE COMUNITÀ EUROPEE, Libro Bianco de ella Commissione Europea. Un nuovo impulso per la gioventù europea, novembre 2001, en: http://europa.eu.int/eur-lex/it/com/wpr/200 l/com2001_068lit01.pdf; CENSIS, I giovani y también la civilización nell’era de ella comunicazione, 8 novembre 2002, en: http://www.censis.it/censis/ricerche/2002/cei/; CIS, Religión (International Popular Survey Programme), Estudio 2301 (septiembre 1998), La capital española, 1999. Sobre la relación de los adulos con los jóvenes se puede observar: P. DONATI, Quale ricambio generazionale?, en: http ://www.augustea.it/dgabriele/italiano/home_donati2.htm,07.03.2001. Cf. A. CAVALLI – O. GALLAND (Edd.), Senza fretta di crescere. L’ingresso difficile nella vita adulta, Napoli, Liguori, 1996, 7. Múltiples nuevos análisis tienden a estimar “joven” un sujeto cuya edad empieza entre los años 15-17 y acaba entre los 30-35. Cf. F. GARELLI, I giovani di oggi y también le loro attese, en «Note di Pastorale Giovanile» 36 (2002) 2, 6-11; G. MILAN, Disagio giovanile y también strategie educative, Roma, Città Nuova, 2001, 8; C. BUZZI – A. CAVALLI – A. DE LILLO (Edd.), Giovani del nuovo secolo. Quinto rapporto IARD sulla condizione giovanile in Italia, Bologna, Il Mulino, 2002, 525-527. La expresión «dificultad» es usada comunmente para señalar una cultura característica de las sociedades desarrolladas a nivel económico, que han vivido desde adentro procesos de secularización y de modernización. Cf. M. POLLO, Le sfide educative dei giovani d’oggi, Leumann, Elle Di Ci, 2002, 7-8. Cf. R. ZAPPALÁ, La civilización dell’unità. Orizzonti per una nuova formazione umana, en «Unità y también Carismi» 9 (1999) 3/4, 13. Mi iniciativa prosigue la línea marcada por el prof. J. SCHEPENS, en su curso de Espiritualidad Juvenil, en la Facultad Pontificia Salesiana de Roma. Cf. H. HERBRETEAU, Come accompagnare i giovani verso l’esperienza spirituale, Leumann, Elle Di Ci, 2001. Una reflexión orgánica y de hoy sobre la espiritualidad juvenil la da asimismo el prof. R. Tonelli en sus tutoriales y publicaciones. Se vea, por poner un ejemplo, R. TONELLI, Una spiritualità per la vita quotidiana, Leumann, Elle Di Ci, 1991; ID., Per la vita y también la speranza. Un progetto di pastorale giovanile, Roma, LAS, 1996. Por poner un ejemplo, la creencia religiosa en la España de hoy hay que imaginársela de manera tripartita: una tercer parte de fieles muy o parcialmente practicantes; 36 % otro tercio largo de no practicantes –no practicantes duros 20 %, los que no practican anualmente 12 %, y los que lo hacen en algún momento por año 24,8 %– y al final una tercer parte 25 % de no fieles, indiferentes o ateos. Cf. CIS, Religión (International Popular Survey Programme). Se puede observar asimismo Y también. BUENO DE LA FUENTE, España entre cristianismo y paganismo, La capital de españa, San Pablo, 2002, 51-55; P. GONZÁLEZ BLASCO – J. GONZÁLEZ-ANLEO, Religión y sociedad en la España de los 90, Fundación Santa Maria, La capital de españa, 1992; J. ELZO – P. GONZÁLEZ-ANLEO, Jóvenes espanoles ’99, Fundación Santa Maria, La capital de españa, 1999. A juicio de prácticamente media parta de los españoles, el 47,6 % asegura: «observando lo que ocurre en el planeta, las religiones son mucho más una fuente de enfrentamiento que de paz». Además de esto se tiene la iniciativa, un 56,9% en frente de un 20 % que están en conflicto, que «los fieles son de forma frecuente bastante intolerantes con el resto». Cf. Cf. CIS, Religión (International Popular Survey Programme), pregunta 19. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Plan pastoral de la Charla Episcopal De españa 2002-2005, La capital española, Edice, 2002, 8. Cf. LL. OVIEDO TORRÓ, Ciertos aspectos acerca la religión en España, en «Razón y fe» (2002) 1250, 296-297. Cf. G. LYPOVESTSKY, El imperio de lo efímero, Barcelona, Anagrama, 1986, 256-257. Cf. J. MARTÍN VELASCO, Ser católico en una cultura posmoderna, La capital española, PPC, 1997, 18. CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Plan pastoral de la Charla Episcopal De españa 2002-2005, La capital de españa, Edice, 2002, 28. C. VALDIVIA, La familia, en F.A. ORIZO – J. ELZO (Eds.), Espana 2000, entre el localismo y la globalidad, Fundación Santa Maria, La capital de españa, 2000, 111-123. J.M. MARDONES, En el umbral del mañana. El cristianismo del futuro, La capital española, PPC, 2000, 33. Cf. J.M. ROVIRA I BELLOSO, Fe y cultura en nuestro tiempo, Santander, Sal Terrae, 43-48; MARTÍN VELASCO, Ser católico, 56-57. Cf. P. BERGER, Una Gloria lejana. La búsqueda de la fe en temporada de credulidad, Barcelona, Herder, 1994, 3; L. GONZÁLEZ-CARVAJAL, Ideas y opiniones del hombre de hoy, Santander, Sal Terrae, 41996, 176-178. Dicen los obispos españoles : «La civilización pública occidental actualizada se distancia responsablemente y claramente de la fe cristiana y anda hacia un humanismo inmanentista. Insertos como nos encontramos en Europa, tras la caída del muro de Berlín se ha manifestado con mucho más claridad que el complejo cultural que tenemos la posibilidad de llamar «cultura actualizada», muestra frente odo un rostro completamente arreligioso, a veces anticristiano y con manifestaciones públicas contra la Iglesia» (CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA, Plan pastoral de la Charla Episcopal De españa 2002-2005, La capital de españa, Edice, 2002, 7). Cf. J. MARTÍN VELASCO, La transmisiòn de la fe en la sociedad moderna, Santander, Sal Terrae, 2002, 140-142. Otro modelo es, por poner un ejemplo, el “fundamentalista”. Hablamos de una minoría de jóvenes que adoptan un estilo de fe “integrista”. En frente de las tensiones diarias de esta sociedad, el fiel fundamentalista busca seguridad aferrándose a eso que dio resultado en generaciones precedentes. Es una fe que, frente todo, busca seguridad al precio que sea. Esta viene dada en los movimientos integristas por una afirmación combativa de la doctrina oficial de la Iglesia. Quienes forman parte a este conjunto acostumbran a presentarse con el radicalismo y celo de quienes tienen la realidad. La fe fundamentalista es una fe miedosa. Tras su búsqueda de seguridad y de su solidez en proteger lo que afirma el Magisterio, está un espíritu inseguro frente la verdad que le toca vivir; frente a la indecisión que le genera el planeta, rompor con él y elige crearse un planeta paralelo amurallado contra la polución. Cf. J. GONZÁLEZ-ANLEO, Los católicos españoles en el umbral del siglo XXI, en «Sociedad y Utopia» (1998) 11, 280-283. Cf. D. HERIEU-LEGER, Le pèlerin et le converti, Paris, Flammarion, 1999. P. GONZÁLEZ BLASCO – J. GONZÁLEZ-ANLEO, Religión y sociedad en la España de los 90, Fundación Santa Maria, La capital de españa, 1992, 186-193; asimismo J. GONZÁLEZ-ANLEO, Los católicos españoles en el umbral del siglo XXI, en «Sociedad y Utopia» (1998) 11, 265-283. J. GONZÁLEZ-ANLEO, Los católicos españoles, 265-283. Cf. GIOVANNI PAOLO II, Esortazione apostolica articulo-sinodale «Ecclesia in Europa» del Beato Padre Giovanni Paolo II, ai vescovi, ai presbiteri y también ai diaconi, ai consacrati y también alle consacrate ed a tutti i fedeli laici su Gesù Cristo, vivente nella sua Chiesa, sorgente di speranza per l’Europa, Città del Vaticano, Libreria Editrice Vaticana, 2003, nn. 44-65. Cf. P. BABIN, El lenguaje de la novedosa cultura, La capital española, Paulinas, 1993. Cf. R. BERZOSA, Evangelizar en una nuova cultura, La capital de españa, San Pablo, 1998; L. GONZÁLEZ-CARVAJAL, Los cristianos del siglo XXI. Problemas y desafíos pastorales frente al tercer milenio, Santander, Sal Terrae, 2000. Entre la numerosísima bibliografia sobre el tema de la oración, me limito a refererir la publicación de J.A. GARCÍA-MONGE, Unificación personal y experienca cristiana. Vivir y rezar con la sabiduría del corazón, Santander, Sal Terrae, 2001. En las páginas 42-424 está una bibliografía fundamental sobre la oracíon. D. BONHOEFFER, La Vita Comune, Queriniana, Brescia, 31971, 148-149. Cf. HERBRETEAU, Come accompagnare, 37-47. Para una visión sistemática sobre el tema del “emprendimiento personal” se puede observar la última publicación: J.M. GARCÍA, El emprendimiento personal, en «Cuadernos de capacitación persistente, 9», La capital de españa, CCS, 2003, 13-38. Cf. J.F. LYOTARD, La condición posmoderna, La capital española, Cátedra, 21986, 36. MARTÍN VELASCO, Ser católico, 42. Cf. S. PAGANI, L’accompagnamento spirituale dei giovani. Verso una regola di vita, Milano, San Paolo, 1997. Cf. S. DE PIERI, Orientamento educativo y también accompagnamento vocazionale, Leumann, Elle Di Ci, 2000, 26. Una síntesis, con bibliografía general sobre el tema, se puede conseguir en J.M. GARCÍA (ed.), Accompagnare i giovani nello Spirito, Roma, LAS, 1998, 99-125. Cito además de esto ciertas monografías que tratan el razonamiento del acompañamiento espiritual, si bien no en todos los casos hagan referencia explícita a los jóvenes: A. LOUF, Sotto la guida de ello Spirito, Magnano, Qiqajon/Comunità di Bose, 1990; J. SASTRE GARCIA, El acompañamiento espiritual, La capital de españa, San Pablo, 21993; A. LOUF, Generati dallo Spirito, Magnano (VC), Qiqaion/Comunità di Bose, 1994; S. PAGANI, L’accompagnamento spirituale dei giovani. Verso una regola di vita, Cinisello Balsamo, San Paolo, 1997; P. DEL CORE – A.M. PORTA (edd.), Identità, cultura y también vocazione. Quale futuro per la formazione in Europa?, Roma, LAS, 2002; J. SASTRE, Acompañar por los caminos del Espíritu, Burgos, Monte Carmelo, 2002, 72-74; M. P. GASPERINI, L’accompagnamento personale sulla base interdisciplinare, en B. SECONDIN et al., Come lievito nella pasta. La formazione in un mondo che cambia, Milano, San Paolo, 2003, 119-135; Acompañamiento: verdad o patraña, en «Misión joven» 43 (2003) 320, número monográfico. Cf. J. SASTRE GARCIA, El acompañamiento espiritual, 84. «Per questo un’autentica pastorale vocazionale non si stancherà mai di educare i ragazzi, gli adolescenti y también i giovani al gusto dell’impegno, al senso del servizio gratis, al valore del sacrificio, alla donazione incondizionata di sé. Si fa allora particolarmente utile l’esperienza del volontariato, verso cui sta crescendo la sensibilità di tanti giovani»: GIOVANNI PAOLO II, Pastores dabo vobis. Esortazione di Giovanni Paolo II sulla formazione dei sacerdoti, 25 marzo 1992, 40. Cf. CONFERENZA EPISCOPALE ITALIANA, Comunicare il Vangelo in un mondo che cambia. Orientamenti pastorali dell’episcopato italiano per il primo decennio del 2000, Bologna, Dehoniane, 2001, 51. Cf. M. BUBER, Il cammino dell’uomo secondo l’insegnamento chassidico, Magnano, Qiqajon/Comunità di Bose, 1990. G. PIANA, Uomo, en Dizionario di Pastorale Giovanile, Roma, LAS, 1992, 1278. Cf. M. QUOIST, Costruire l’uomo. Il testamento spirituale di Michel Quoist, Torino, SEI, 1998; J. Powell, Perché ho paura di essere pienamente me stesso. Alla scoperta de ella propria autoaffermazione, Città di Castello, Gribaudi, 2002. Cf. PAGANI, L’accompagnamento spirituale, 36-47. Sobre este argomento se puede observar asimismo: D. BOTTINO, La guida y también l’itinerario spirituale: come far crescere nel chiamato il desiderio di Dio, en D. BOTTINO et al., Direzione spirituale y también accompagnamento vocazionale. Teologia y también scienze umane a servizio de ella vocazione, a cura del Centro Nazionale Vocazioni, Milano, Ancora, 1996,102-151. Cf. A. MANENTI, Affettività y también vocazione, en «Vocazioni» 2 (1992) 14-18. Cf. LOUF, Generati dallo Spirito, 167-186. Cf. SASTRE GARCÍA, El acompañamiento espiritual, 57-64. Se vea asimismo GARCÍA-MONGE, Unificación personal y experienca cristiana. COMMISSIONE DELLE COMUNITÀ EUROPEE, Libro Bianco de ella Commissione Europea. Un nuovo impulso per la gioventù europea, novembre 2001, en: http://europa.eu.int/eur-lex/it/com/wpr/200 l/com2001_068lit01.pdf. I. MURDOCH, en «Períodico 16» (11-XI-1992) 30.

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